Es muy frecuente que las parejas experimenten un descenso notable de la frecuencia de relaciones sexuales desde la llegada de los hijos. En algunas ocasiones van acompañados de falta de deseo y en otras, simplemente es la falta de ocasión.

Ya no tenemos tiempo para hacer el amor

Con la llegada de los hijos se produce una disminución notable de la frecuencia de relaciones sexuales en la pareja.

El trabajo, las tareas del hogar, el mantenimiento de las finanzas y el cuidado de los hijos, hacen que no se disponga de tiempo suficiente para tener relaciones sexuales.

Con todas estas tareas puede parecer que el mejor momento para tener relaciones sexuales sea la noche. Pero si alguien se percata de todo lo sucedido durante el día y lo que sucederá al día siguiente, no es de extrañar que por la noche alguno de los miembros o ambos puedan estar demasiado cansados.

En estos casos, la excusa “estoy cansado/a” puede que sea completamente lógica. Para mantener relaciones sexuales, el cuerpo y la mente deben estar libres de cansancio y preocupaciones.

En muchas ocasiones alguno de los miembros, generalmente la mujer, acaba cediendo a las demandas del otro “por compromiso”, lo cual puede producir una falta de deseo real, ya que al no disfrutar de las relaciones sexuales como antes, puede perderse la motivación por tenerlas.

Planificar las relaciones sexuales

Con la llegada de los hijos las relaciones en cualquier parte de la casa suelen desaparecer. En general, se pierde lo natural o espontáneo de las relaciones sexuales.

Existen muchos menos momentos que hacen que el sexo “surja” en la pareja como antes de tener hijos. Muchas parejas viven esto de forma frustrante, achancando nuevamente una falta de deseo.

Simplemente hay que tratar de realizar un cambio de actitud y concebir el sexo como algo menos espontáneo, pero no por ello dejará de ser natural.

En ocasiones será necesario planificar las relaciones sexuales y dedicarse un tiempo a “hacer el amor” con la pareja. No tiene nada de malo planificar la sexualidad dentro de unos límites razonables.

Poder establecer un horario de preferencias en el que ambos puedan estar tranquilos y poco cansados, ya sea entre semana o los fines de semana, puede convertirse en una buena opción para saber cuando el otro estará más predispuesto a las relaciones.

Lugares diferentes para hacer el amor

Al igual que el horario, el escenario de los encuentros sexuales es importante. Las relaciones sexuales cuando hay niños en casa, suelen producirse en la habitación y en la cama conyugal. En muchas parejas esto se convierte en un ritual inquebrantable.

Cualquier pequeño cambio que pueda introducirse en la sexualidad de pareja resultará altamente motivador para ambos. Los rituales “obligados” pueden desembocar en una falta de deseo, por el hecho de perder la parte novedosa y excitante de los nuevos estímulos.

Sería conveniente poder variar las partes de la casa en las que se hace el amor, o simplemente modificar las características del lugar habitual para hacer el amor, con el fin de mejorar la variabilidad ambiental (usar ambientadores olfativos, música, decoración distinta…).

Tratar de modificar las posiciones al hacer el amor o el tipo de prácticas también puede resultar estimulante.

Ayuda familiar: los abuelos

Siempre y cuando la pareja disponga de ayuda familiar, todas estas cuestiones podrán realizarse de forma más satisfactoria. Aprovechar la ayuda de los abuelos maternos y paternos es un magnífico recurso para que la pareja pueda volver a tener “momentos de pareja”.

Existen muchas personas que consideran que no deben dejar a sus hijos con familiares o cuidadores para realizar actividades consideradas “poco importantes”. Esta concepción es absolutamente lógica y correcta, puesto que no se debe abusar de la ayuda de los otros para eludir responsabilidades propias.

El error está en pensar que dedicar un tiempo al “cultivo” de la pareja es una actividad poco importante y sobre todo si se trata de hacer el amor.

Cuando el sexo funciona correctamente, la pareja suele funcionar mejor en otros aspectos no sexuales, influyendo así en la vida familiar y con los hijos. Además, la sexualidad activa fomenta el buen humor y sube la autoestima, entre otros muchos beneficios.

En la mentalidad de cada uno estará la importancia que otorga a cuidar del sexo y la intimidad para mejorar la vida de pareja.