Es bien sabido que los niños pequeños conocen el mundo a través del juego y la experimentación creativa. Situaciones que los adultos promueven durante los primeros 5 o 7 años, etapa de mayor desarrollo del cerebro. Pero al verlos crecer y en el querer prepararlos para el futuro, se les enclaustra en el aula de clases para llenarlos de información y se les aleja del juego innato, distanciándolos también de sus instintos naturales.

La educación formal no es suficiente

Con la intención de formar a los hijos como personas productivas, algunos padres los inscriben en colegios de renombre, les compran la mejor ropa, los mejores libros, todo lo necesario y hasta lo innecesario; pero encasillan sus actividades en horarios estrictos, los presionan a aprender un segundo idioma o una disciplina.

Eso es útil, pero sus rutinas son un guión rígido que no da espacio a la improvisación y les niega la oportunidad de resolver problemas. Inclusive en los deportes se les entrena para “ganar” y no para jugar, se desconoce que negarles la diversión es desestimularles la creatividad, la capacidad de innovar.

Es común que los padres limiten el tiempo de juego de los niños, sólo como tiempo de “sobra”, una vez que hayan cumplido con sus deberes. No se tiene en cuenta que a través del juego y el contacto directo con el medio, ellos manejan el estrés y además pueden complementar el aprendizaje de las temáticas tratadas en el aula de clases. Al tener contacto con la realidad, la naturaleza, los animales, los niños interiorizan los conceptos y lo más importante, es en el juego donde ellos logran la integración social y se preparan para la vida en sociedad.

Los niños que juegan aprender más

Un niño que después del colegio llega a casa a jugar y distraerse un rato antes de dedicarse a hacer las tareas, las hará con más disposición y su mente estará más despejada para aprender, que aquel que llegando del colegio se dedica de inmediato a cumplir con sus tareas.

Generalmente, la escuela no da al juego la importancia que realmente tiene, nada o poco lo utiliza como forma de enseñanza-aprendizaje. En cuanto al arte, se dicta como una asignatura aislada y no como parte integral de la vida, no como una manera de leer y crear la realidad.

Es en casa donde se pueden abrir espacios para la recreación. El juego facilita también la comunicación entre padres e hijos. Ya sea en los deportes o en sencillos juegos que incluyen desde juegos de mesa hasta guerra de almohadas, los padres pueden encontrar valiosos momentos para compartir con los chicos.

El arte facilita el desarrollo del cerebro

Otro espacio clave para el desarrollo integral de los hijos es el arte. El desarrollo de las habilidades artísticas, despiertan en los niños y jóvenes, el sentido de la intuición y la imaginación, a la vez que estimula el desarrollo de varias áreas del cerebro, además el arte los lleva a ser reflexivos y críticos sobre la educación formal que están recibiendo; asimilan mejor los conocimientos y a exigir temas que les sean de utilidad práctica para sus vidas. Flexibilizan su mente y empiezan a ver el mundo de diferentes maneras al tiempo que desarrollan otras partes del cerebro.

Estas actividades artísticas se pueden realizar en casa apoyados en libros, revistas, o en el Internet en el caso de las artes manuales como el dibujo y la pintura, o llevándolos a una academia a que aprendan de la mano de un maestro. Se la disciplina que escogen es el teatro o la danza, además de la creatividad, estarán desarrollando seguridad en sí mismos al enfrentarse a un público. En todo caso, lo importante es que sean actividades que a ellos les gusten y no una tarea más.