La rebeldía es una característica, donde se manifiestan diferentes actitudes como insubordinación, desobediencia, irrespeto a la autoridad y violación de las reglas.

La rebeldía en hijos menores de edad normalmente se presenta a partir de la adolescencia y suele durar todo el período de la misma, convirtiéndose en un serio problema para sus padres porque no conocen ninguna forma de controlarlos.

La causa de la rebeldía

Cuando una persona pasa de ser un niño o niña a un adolescente, sufre muchos cambios tanto físicos como hormonales y mentales.

La etapa misma de la adolescencia crea un estado mental de confusión en el adolescente y este empieza a creer que está lo suficientemente grande para llevar las riendas de su vida.

La principal causa de la manifestación de rebeldía en los adolescentes es el deseo de independencia y que sus ideas y criterios sean tomados en cuenta y respetados por sus padres. Sus ansias de libertad son tan grandes que sin importar las consecuencias desafiará la autoridad.

Cuanto más se opongan sus padres a los deseos de su hijo, este más querrá aquello que no le permiten tener o hacer porque esa tendencia es un aspecto propio de la rebeldía.

Debido a la desorientación por la etapa de su vida, el rebelde suele tener repentinos y muy fuertes cambios de humor y por esto pueden haber peleas, ya que el objetivo siempre será llevar la contra a sus padres.

Normalmente el rebelde hace a un lado la opinión de sus padres sobre cualquier cosa alrededor de su vida. Las opiniones válidas serán las de sus amigos y amigas de la misma edad y misma forma de pensar, así que tratar de imponerse con un hijo rebelde resultará inútil.

La actitud que deben tomar los padres

Es un error frecuente desatar la furia sobre el adolescente rebelde, ya que como tal hace que los padres pierdan la paciencia.

Los golpes y los gritos en primer lugar deben ser olvidados y sustituidos por compresión y confianza, ya que si existen golpes o gritos, se crearán fuertes peleas y el nivel de rebeldía se elevará aún más.

Hay que ser críticos, pero solo en cosas que realmente sean relevantes y que afecten directamente a su educación y crianza y no a su vestimenta, aspecto físico o el orden de su habitación.

Es necesario que los padres escuchen los pensamientos de sus hijos y no ir directamente a cuestionar su forma de pensar, para crear un ambiente de confianza. No importa cuan en desacuerdo se esté con esa idea, hay que buscar la forma de convertirla en un debate justo, donde el adolescente pueda mencionar la causa de su idea. Esto creará un ambiente de confianza y se logrará el objetivo deseado.

La sobreprotección es lo peor que pueden hacer los padres. Lo mejor en casos de rebeldía es delegar responsabilidades y roles y luego hacer que el joven rinda cuentas de aquello, para que empiece a conocer lo que es la vida real.

La comunicación es sumamente importante en estos casos. Hay que tratar de convertirse en amigo de los hijos, pero sin presionar; es necesario ser sutil. Se puede empezar por contarle algo personal y pedirle su opinión, para que sienta que sus ideas también valen y luego de eso es probable que el adolescente cuente alguna cosa y solicite una opinión y bajo ningún concepto se debe menospreciar lo que cuenta, así tenga poca relevancia; pues por ahí se empieza para que coja confianza y hable de cosas más importantes.

Si es una rebeldía extrema, que va acompañada con insultos, histerias o insubordinación absoluta, lo más recomendable es un tratamiento con un especialista y cuando las cosas empiecen a mejorar se podrá aplicar lo anteriormente mencionado.

Lidiar con un hijo con problemas de conducta no es tarea de un día, así que la paciencia y la perseverancia juegan un papel fundamental en el proceso de cambio.