Cuando un autor ha finalizado la producción intelectual y decide publicar su trabajo, la pregunta por cómo financiar la edición aparece de forma inmediata. Por ello es necesario tener en cuenta algunas cuestiones elementales a la hora de encarar esta inversión.

Subsidios gubernamentales

Asiduamente el gobierno nacional, provincial o metropolitano a través de sus ministerios de cultura o de industrias culturales, lanzan distintas convocatorias abiertas a autores e instituciones. Generalmente la literatura es uno de los géneros contemplados e incluye proyectos editoriales de autores o instituciones.

Previamente se topea el máximo de dinero a financiar y en caso que el trabajo del autor sea seleccionado, recibirá el efectivo o cheque cuyo gasto deberá luego justificar presentando factura de servicios de la imprenta o la editorial.

Generalmente son anuales y se difunden a través de notas o avisos en los periódicos masivos o en las respectivas webs gubernamentales. El problema de estas financiaciones es que no suelen tener continuidad pues están sujetas a partidas presupuestarias eventuales, a la gestión de turno o a intereses políticos y partidarios.

Subsidios de instituciones privadas, empresas o fundaciones

Similar a los subsidios gubernamentales, son organizados y entregados por instituciones privadas, empresas de distintos rubros o fundaciones sin fines de lucro. El material debe concursarse de acuerdo a los requerimientos (categoría, género, temática si la hubiera) con una carta de intención o de presentación.

En Argentina están por ejemplo los de Fundación Antorchas, Fundación Lebenhson, Fundación Fortabat, Fondo Nacional de las Artes. Como en el caso anterior, el autor recibe el dinero para que elija el proveedor con el cual realizará la edición y luego debe entregar copia del contrato y factura para rendir el gasto.

Certámenes y concursos

Son organizados periódicamente por empresas privadas o editoriales. Generalmente son anuales, reciben materiales en distintas categorías y en algunos casos se abona la inscripción. El material es evaluado por un jurado a veces conocido y otras veces no, y de resultar elegido, la entidad organizadora financia en forma directa la edición (impresión) aunque cuando ésta no es editorial, generalmente no se hace cargo de distribución ni prensa.

Los hay a nivel mundial y nacional. Si bien siempre existen sospechas sobre la seriedad y transparencia, pueden tomarse algunos recaudos para evitar decepciones como interiorizarse sobre los años de existencia del concurso y su continuidad, la magnitud de la empresa organizadora, la seriedad del jurado.

Conviene siempre comenzar con concursos menos masivos porque además de contar con menos concursantes, evita decepciones mayores. En Argentina los más famosos son los organizados por los diarios “Clarín” y “La Nación” (éste último sobre todo en la categoría de ensayos), los de la empresa de cosméticos “Avon”, los de “Subtes de Buenos Aires”, los de “Coca Cola”, los de editoriales como “Planeta” y “Alfaguara”. Más pequeño por ejemplo está “Junín País” que ya cuenta con una continuidad ininterrumpida desde hace años.

En el caso de editoriales poco serias, el riesgo es que esta modalidad sea una suerte de anzuelo que en realidad sólo busca atraer autores que terminen financiando una antología grupal (llamada “Edición cooperativa”) sin ningún criterio estilístico ni crítico, material que jamás ve la luz de la distribución comercial ni de la prensa.

Hay que observar que no todos los certámenes premian con la edición en libro de papel, algunos solo optan por subir el material a un sitio web, o entregar medallas, copas y diplomas, por ello hay que informarse bien en las bases.

La ventaja de ganar un certamen es que a veces es la única puerta de acceso a la publicación y a la entrada masiva a la industria cultural editorial (aunque no siempre garantiza continuidad en el medio, existen muchos casos de autores noveles que tras haber ganado algún certamen masivo, no retomaron la producción literaria o no fueron convocados por la misma u otras editoriales para continuar escribiendo).

También ser galardonado implica que los costos de la edición los asume la entidad organizadora pero a cambio el autor cede los derechos de la obra por una cantidad variable de años, según el contrato.

Edición personal o autoedición

Cuando el autor desea o precisa publicar por algún motivo particular necesario, puede recurrir a ser el propio inversor de su proyecto para lo cual debe buscar editorial. Las ventajas de esta decisión es que no pierde los derechos sobre su obra y obtiene un retorno de un 40% del valor del libro en el mercado (PVP: precio de venta al público). En el ambiente literario suele existir cierto prejuicio con respecto a esta modalidad pues se la asocia con materiales mediocres o autores sin talento, pero lo cierto es que no siempre así.

Es preciso reconocer que todos mecanismos de edición que mencionamos anteriormente tienen sus limitaciones, sobre miles de originales presentados solo pueden seleccionarse uno al año con lo cual es evidente que existen más obras que certámenes y subsidios por lo cual es un mecanismo válido que permite democratizar la edición, que de otros modos se encuentra restringida como se describió anteriormente.

Es importante saber que a veces la inversión a realizar es elevada por lo cual el autor debe tener una base o plataforma financiera desde donde arrancar, aunque algunas editoriales ofrecen financiación con cheques o tarjetas de crédito.

Considere el género al cual pertenece la obra

Una obra de narrativa o poesía de un autor novel, más si es la primera que escribe y desea dar a conocer seguramente tendrá un universo de posibles lectores menor que un ensayo político, económico o científico. Esto responde a que más allá de su calidad, es un material más difícil de prensar o que los medios tengan en cuenta a la hora de difundir, por ello en el caso de la autoedición el autor debe ser realista y saber que las tiradas altas (de 500 ejemplares para arriba) son excesivas para la demanda del mercado local, al menos en Argentina. Es preferible pensar en una tirada menor y realizar eventuales reimpresiones antes que almacenar ejemplares no vendidos.