Los hermanos, sobre todo los de padre y madre normalmente viven juntos y establecen un vínculo. Sin embargo este vínculo no siempre es positivo, pues hay hermanos que pelean mucho desde que son pequeños y dichas disputas pueden ir empeorando con el paso del tiempo.

Puede resultar desesperante para los padres tener que castigar o intervenir a cada rato en las peleas de sus hijos y ver cómo el uno de le echa la culpa al otro, se golpean, se gritan, se faltan al respeto y no son capaces de mantener unos minutos de juego o de tranquilidad.

Se piensa que los hermanos del mismo sexo se llevan mejor que los que son de sexo opuesto, pero esto no es una regla, ya que todo dependerá de la personalidad y las circunstancias en las que se desenvuelvan.

Causas

Las razones por las cuales los hermanos pelean pueden ser muchas. Grandes diferencias en la personalidad, envidia, rivalidad, competencia por el amor de sus padres, injusticias e idea de que uno es el preferido de los padres, personalidades autoritarias, entre otras.

Lo primero es identificar la causa o las causas internas por las cuales se inician las discusiones. Cabe destacar que la causa verdadera puede estar escondida y cualquier cosa puede ser una excusa para pelear.

Hay también que identificar si los padres tienen responsabilidad sobre estas peleas, pues a veces sin que se den cuenta le dan más atenciones a uno de los hermanos, ya sea porque tenga alguna enfermedad, porque sea el menor o el mayor o el más cariñoso.

¿Qué hacer?

Cuando dos hermanos no paran de pelear, es necesario haber identificado primero la causa de la rivalidad para poder detener el enfrentamiento.

Los niños son imitadores por naturaleza, por eso no hay que recurrir a los gritos o golpes para calmar la pelea, pues esto sería contraproducente y en futuras peleas los niños imitarán el comportamiento de sus padres.

Hay que ser enérgico y separarlos a la hora del conflicto y no darles lugar a que puedan protestar, ya sea con un castigo o con un sermón.

Es un grave error escuchar las razones que culpan al otro hermano y hacer caso a ellas. Hay que evitar en lo posible solo castigar al hermano que comenzó la disputa; los dos estaban peleando, por lo que los dos son igual de culpables y deben ser reprendidos.

Si el padre o la madre se dejan llevar por uno de sus hijos y castigan solo al que empezó, la revalidad se hará más grande, puesto que se sumará el deseo de venganza por el castigado, debido a que pensará que prefieren a su hermano.

La autoridad del hermano mayor es una pésima idea para establecerla como regla. Un hermano menor nunca querrá obedecer al mayor, puesto que no lo verá como una figura de autoridad y no se le hará justo someterse; por lo que los padres deben establecer igualdad de derechos para con los hermanos.

Los roles que se les asigne deben ser de igual magnitud y preferible hacerlos trabajar en conjunto. Si se les delega la tarea de lavar platos, se debe establecer quién enjabona y quien enjuaga y al final los dos secan los platos por partes iguales.

Un día uno de ellos saca la basura y al día siguiente el otro, para que noten que no hay la más mínima preferencia. Si se le compra al uno, también al otro, si se lo manda a limpiar al uno, también al otro y así se delegan las tareas y obligaciones y también se premia de igual forma.

Mostrar preferencia es malo, hacer comparaciones entre ellos de quién es mejor también es pésima idea, por lo que los padres deben aprender a disimular en caso de haber preferencia.

El diálogo en familia es importante, pues se les puede explicar a los hijos cuán desagradable es verlos pelear y si ellos lo llegan a entender de esta forma se evitarán muchos castigos.