Hasta hace muy poco, los pequeños ahorradores tenían una plena confianza en la figura del director de la sucursal de su banco de toda la vida, o confiaban en algún otro empleado del lugar que les ha asesorado desde hace mucho tiempo. Sin embargo, tras el advenimiento de la gran crisis que parece no tener fin no paran de saltar a la palestra en los medios casos abusivos en los que inversionistas se sienten estafados por aquéllos que hasta entonces les habían dado sabios consejos.

Todos los sucesos de este corte que aparecen en prensa tienen en común que la banca no se ha saltado la ley, efectivamente, pero ha presionado o abusado claramente de clientes que desconocen el sistema financiero, jubilados de avanzada edad dispuestos a creerse buenas palabras, etc. Por recomendación de su caja, algunas ancianas han invertido en el índice Nikkei sin que le hayan hablado del riesgo de la operación, existen numerosos afectados por la dudosa deuda subordinada de La Caixa, las abominables cuotas participativas de la CAM, etc.

¿Quién no ha escuchado el testimonio de ancianos de 80 años que no pueden retirar lo suyo hasta 10 años después, en el caso hipotético de que sigan con vida? Y todos tenemos familiares y amigos que han adquirido productos financieros que no necesitaban y que no se habían planteado pedir, que un día nos cuentan que han perdido 1000 o 2000 euros de golpe. ¡Con los tiempos que corren!

Cuidado con los empleados bancarios

Sin ánimo de disculpar a aquellos empleados bancarios que haya empujado a sus clientes a ofertas ruinosas, conviene saber que éstos se encuentran bajo más presión que nunca. Bajan los ingresos de los bancos porque están concediendo pocas hipotecas, tienen graves problemas de morosidad, los tipos de interés son bajos por lo que los márgenes se han estrechado, etc. Y en algunos casos existen agujeros terribles que amenazan la supervivencia del banco.

Así las cosas, los directivos presionan más que nunca a sus trabajadores. Han pasado de fijar objetivos mensuales a semanales, y a veces les empujan a vender auténticos fraudes, como por ejemplo los Fondos de Inversión Garantizados diseñados para cobrar diversas comisiones de todo tipo, pero que apenas dan rentabilidad, etc. Muchos de ellos son conscientes de lo que hacen, pero carecen de ética y escrúpulos, y se escudan en escusas baratas estilo "estoy haciendo mi trabajo", "lo primero es salvarme yo", o la odiosa obediencia debida que se escuchó tanto en Nuremberg.

Consejos y recomendaciones para no ser estafados por los bancos

Existen unas pequeñas pautas que se deben tener siempre en cuenta antes de autorizar ninguna operación:

  1. No se debe invertir sin estar seguro de las posibilidades que existen de perder dinero. Si no se entiende exactamente qué se hace con los ahorros, es mejor estarse quieto.
  2. No dé su consentimiento inmediato para ninguna operación. Por escuchar las ofertas que tenga una entidad bancaria no se pierde nada, pero no se precipite a decir que sí. Si acaso le parece interesante, conteste que lo pensará, y si acaso vuelva otro día.
  3. Cuanto mayores sean las potenciales ganancias, más difícil será recuperar el dinero. Si le dan más de un 4%, por lo general existen muchísimas posibilidades de perder. Si la cifra es desorbitada, lo más seguro es que la ruina sea total. Por citar un ejemplo, Nueva Rumasa, la compañía de José María Ruiz Mateos, ofrecía la friolera de un 8% de rentabilidad anual garantizada en sus bonos (por 50.000 euros se ganaban 3.280 euros), pero claro, los resultados fueron escandalosos.
  4. Conviene pedir siempre una opinión ajena al banco de algún entendido que no vaya a ganar nada con la operación. El que más o el que menos puede consultar a ese sobrino economista, al vecino que trabaja en otra entidad bancaria, etc.