
- Libros - O.P.
La hoja en blanco es el terror del escritor, más cuando la mente también está en blanco y los ojos no ven más que blanco. En ese polo interminable no hay capacidad de reacción, los músculos se entumecen y al cerebro le falta oxígeno. La silla quema, cualquier ruido se vuelve supremamente interesante, se siente hambre y se ruega porque el teléfono suene y alguien llame.
Una de las primeras reflexiones que debería hacerse un joven novelista es: ¿tengo algo que contar? Porque cómo voy a escribir una historia si no tengo una. Cuando ocurre esto se ve todo del color de un oso polar. Pero, ¿y si tengo una historia? ¿Cómo hago?
Sin lámpara de Aladino
Los escritores expertos dicen que las historias no salen del sombrero de un mago. Saltan a las páginas porque se han padecido en carne propia, se han cargado por años, se han sudado y se han pensado. Ha tocado correr, mentir, esconderse y hasta arriesgar la propia vida por ellas. Muchos han sobrevivido solo para contarlas. Primo Levi sobrevivió a un campo de concentración nazi, Dostoyevski casi muere de hambre y enloquece por escribir, García Márquez anduvo veinte años con su historia en la cabeza, Nabokov fue tratado como un inmoral y Flaubert gastó más de cinco años escribiendo su novela.
Cada uno, arreglándoselas como pudo, logró en medio de duros padecimientos sacar la historia para sus lectores. Porque al final lo único que verdaderamente cuenta es la historia y los lectores. Antes de escribir los relatos que los hicieron reconocidos, ellos eran uno más entre los millones de escritores del mundo. Hacían las mismas cosas que sus compañeros de oficio: leer, buscar en teorías literarias, ensayar, revisar algunos manuales, ir a los clásicos de la literatura, escribir hasta el cansancio y, sobre todo, arriesgarse.
Los malos consejos
Aquellos novelistas que lograron escribir una gran historia, por lo general, siempre han tratado de contar cómo fue que hicieron su trabajo. Hay entrevistas, libros, ensayos, películas sobre la maquinaria y el diseño ocultos que utilizaron en sus novelas. ¿De dónde salió la historia? ¿Cómo se crearon los personajes? ¿Cómo se manejó la trama? ¿Cómo se trabajaron los diálogos? ¿Qué punto de vista fue el más indicado? ¿Por qué sucedió en ese lugar y no en otro? ¿Por qué se utilizó ese tiempo y ese narrador? Y las respuestas son tan sinceras, propias, complejas y útiles que hacen de nuevo girar la máquina de la creación en otro escritor. Son los mejores consejos que se pueden escuchar y probablemente ahí están algunas de las respuestas sobre cómo escribir una novela. Pero, ¿quién da los malos consejos?
¿Cómo no escribir una novela?
En realidad, muy pocos se atreven a decirle a un joven novelista:
—Mira, si lo que en realidad quieres hacer es escribir una muy mala novela, sigue estos pasos: lo principal, no tengas una historia definida. Luego, tienes que poner a un personaje de tal forma que todo el mundo lo odie. Si quieres empeorarla un poco más, utiliza una trama que nadie entienda. Si quieres seguir echándola a perder, maneja unos diálogos que no los crea nadie sobre la tierra. Si quieres seguir llevando a tu novela por el desbarrancadero, usa todos los puntos de vista para confundir más. Y si quieres cerrar con broche de oro, no pongas un escenario específico, cambia de tiempo como en un juego de ping pong y confunde al narrador con el escritor.
Un libro muy singular
Howard Mittelmark y Sandra Newman, con su libro Cómo no escribir una novela, logran algo verdaderamente valioso para un joven novelista, mostrar el otro lado del espejo —el lado roto y que nadie quiere ver— de la creación literaria. Después de leer y estudiar este ameno libro, quedan al descubierto los trapos sucios que siempre quedan colgados en las novelas y que sus novelistas no han sido capaces de quitar. Los autores explican, con un gran sentido del humor, cómo es que todas aquellas costuras de la construcción literaria quedan a la vista cuando un escritor descuidado no es un buen costurero. Este libro le dirá con seguridad al novelista cómo tiene que hacer una muy mala novela a cabalidad. Enumera los errores clásicos, pero también la manera cómo evitarlos, que es lo valioso.
Cómo escribir y no escribir una novela
Los consejos de los grandes clásicos así como de sus autores son la base primordial para un novelista. Con ellos el tiempo cíclico cambia porque no es como la historia que repite sus errores, sino que repite obras valiosas y sin errores para el hombre. Y un joven novelista tiene que echar mano de todo para lograr su historia incluyendo no solo los aciertos, pero también los resbalones.
