El proceso de la vida tiene distintas etapas que marcan a los hombres. Cuando se nace es una instancia de alegría desbordante para quienes esperan con ansia la llegada de un hijo. Cuando se crece la niñez, la juventud, la adultez y la vejez proporcionan experiencias para vivir. La muerte trae dolor, angustia por la persona que nos deja. Sin embargo, ¿Qué es la muerte? ¿Se está preparado para enfrentarla? ¿Por qué es importante morir?. Múltiples interrogantes que serán respondidas por un filósofo y un sociólogo.

El hombre siempre ha aspirado a la inmortalidad y a la eterna juventud; no obstante, la muerte llega sin avisar, de improviso como una brisa que roza tu cara, anunciándote que la existencia es breve. El filósofo de la Universidad Real Pablo Zábala, define la muerte “como el acto final del cuerpo o el último hecho biológico que implica terminación, apaciguamiento, descanso, dormir”.

Agrega que la preponderancia de la muerte se sustenta en que es la culminación de la vida, es decir, la existencia se concretiza, culmina en este trance final. A su vez, la fugacidad de la vida es un hecho democrático: “mueren los gatos, las palomas, las hormigas, los seres humanos, o sea, está al alcance de todos”. Pero, la sociedad en su generalidad la percibe como algo ajeno y no se piensa en el morir propio.

La muerte no es sólo un hecho biológico sino que espiritual, esta idea es compartida por el académico que dice: “un nuevo nacimiento, así como el parto es un nacimiento hacia el tiempo, la muerte es un parto hacia la eternidad”.

Miedo

La sociedad actual le teme a la muerte porque en gran parte de ella abunda la mediocridad, la falta de visión y grandeza. Nos refiere: “los grandes problemas de la vida: el amor, la muerte, el destino, la autorrealización, el lograr un sentido a la existencia no se los plantea la gente sino que simplemente se dejan vivir”.

El temor a morir es latente y ello se origina porque las personas no reflexionan de una forma profunda sobre la vida. Subraya. “la muerte es una solución perfecta de piedad para no sufrir los hechos biológicos del envejecimiento, la demencia, los malestares y otras enfermedades”.

A diferencia de las culturas antiguas que se entendía la vida como una preparación para la muerte, en la sociedad actual el hombre vive despreocupado de ella y cuando llega el momento de morir no está concienciado de lo que significa.

Instinto

En tanto, el sociólogo Fernando Casas sostiene que la muerte es un hecho duro de entender porque impera el instinto de conservación del ser humano. “La muerte es como un garrotazo, es la humillación de nuestra existencia”.

Como se sabe en la muerte fallecen unos, nacen otros una y otra vez. El especialista lo compara con la poda de un árbol “se corta vida para que nazca nueva vida”. Asimismo, refiere que se debe vivir con total desapego de los bienes materiales, porque cuando se desaparece de esta existencia “uno lleva los valores, la fe, el bien que hizo a los demás y eso se recoge cuando uno fenece”.

El sociólogo enfatiza que si este hecho se mira como un horizonte al cual todos vamos a llegar, se asumen ideales y la vida en el momento presente se vivifica a plenitud. Por último, resalta: “nadie ignora que la muerte llega sin avisar, en forma sorpresiva y, por lo tanto, se debe tener una preparación permanente”.

Estamos abocados a la muerte como el día está abocado a la noche y tanto muerte como vida son como dos hermanas inseparables y unidas. Si eliminas a la primera le quitas el cimiento a la vida, la despojas de su sentido, de su necesario final. Como seres humanos debemos aceptar con sencillez que terminaremos mascando el polvo, que nos diluiremos en la matriz viva y que nuestro cuerpo padecerá el escarnio de la descomposición.

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