Es el tema más complejo de todos los tiempos y a la vez, el más simple. Es difícil entender al sexo opuesto por una gran razón: estamos pendientes de lo que nosotros queremos, no de lo que quiere nuestra pareja; es así, aunque no lo aceptemos.

El ego y el egoísmo son una trampa en la unión de dos corazones, ya que podemos intentar agradar al otro dándole lo que nos pida, pero lo que en realidad quiere el que da es sentirse apreciado por el agradecimiento del que pide; y el que pide, generalmente no quiere su petición literal, quiere algo más profundo.

Pero ¿cómo podemos entender lo que desea el otro si no sabemos realmente lo que pide?

La mente y la pareja

Hoy en día vemos demasiados noviazgos romperse, un montón de matrimonios desbaratarse y una gran cantidad de conquistas frustradas. Todo esto genera una batalla de sexos constante e interminable que no nos deja otra salida que ir al centro del problema: la mente humana.

Para comenzar a observar este problema, debemos entender que la mente humana, por obligación, se divide en dos: la mente femenina y la mente masculina; suena lógico, pero la verdad es que todos nos olvidamos de esta obvia división al momento que se producen los conflictos entre sexos. Lo primero es comenzar a entender que son dos mentes que quieren lo mismo pero expresan sus exigencias de formas distintas.

Lo que ellas quieren

Steve Harvey, humorista y presentador estadounidense, habla de la mujer en su libro Código Sexcreto y nos dice que ellas quieren un racimo de cosas, pero que estas pretensiones cambian a cada momento, por lo que jamás el hombre sabrá el sinnúmero de deseos que habitan a cada instante en la mente femenina. Harvey también nos dice que para satisfacer a la mujer, son necesarios cuatro hombres en uno:

  • El viejito abrazador, consolador e impotente, que será el paño de lágrimas perfecto.
  • El feo, que hará todo por ella y más, casi como un esclavo.
  • El gay, que charlará con ella como su mejor amiga y le dará consejillos varios.
  • Y por último, el semental, que ya saben lo que hará.
Todo esto es cierto, pero aquí faltan por lo menos siete hombres más para casi completar todas las pretensiones clásicas de la mujer. A estos machos los podemos dividir en dos clases: los manipulables y los fuertes.

Los hombres manipulables

Adicionalmente a los cuatro anteriores, tenemos:

  • El amigo de los niños, que jugará con los hijos, hermanos pequeños o hasta con el perro de ella si es necesario, como un buen niñero experto.
  • El maestro arregla todo, que reparará todo lo que se rompa o descomponga en casa, ya sea por su mano, por la contratación de un experto o comprando un elemento nuevo para reemplazar al viejo, a ella le da lo mismo, lo que importa es que las cosas funcionen.
  • El celoso, donde encontramos varias intensidades admitidas, desde el celoso desmedido hasta el que se hace el que no siente celos, que es el ideal para las mujeres que dicen no gustarles los hombres celosos, aunque eso sea siempre la más grande de las mentiras; sólo una mirada con el ceño fruncido basta cuando la hembra habla con un ex, para que ellas se sientan importantes.

Los hombres fuertes

En esta clase de hombres encontramos:

  • El guardián, que la protegerá física, psicológica o económicamente de cualquier ataque por parte de terceros.
  • El jefe mafioso, que pondrá todo en su lugar, dictará reglas y pondrá condiciones a todos en casa con tal de mantener el orden.
  • El padre sabio, que puede discutir, enseñar y doblegar, con sus argumentos incuestionables, a cualquier novio de mejor amiga sin provocar una pelea y dejando en claro que ella posee al hombre más inteligente del mundo a su lado.
  • Y por último, el seductor, que renueva la relación reconquistando a su hembra, con sensualidad y originalidad, al menos una vez a la semana.
Seguro se pueden encontrar más hombres para confeccionar al macho perfecto para cada una de ellas, aunque de una cosa podemos estar seguros, cada mujer en la tierra puede agregar, al menos, un hombre distinto a la lista.

Lo que ellos quieren

Por otro lado, Harvey, en su libro, también nos habla de los machos, asegurando que el hombre sólo quiere tres cosas de una mujer: apoyo, lealtad y sexo. Esto también es cierto, pero falta algo demasiado importante y que lamentablemente el hombre jamás podrá olvidar cuando se fija en una mujer: belleza, que no debe ser reducida solamente a la belleza física, sino que además considerar la belleza psicológica, la química y la artística. La razón es muy simple, un hombre quiere a una mujer que se valora a sí misma, y una mujer bella es una mujer que se mantiene bella, por lo tanto, se valora. Es verdad que algunas nacen bellas, pero hasta la Venus más despampanante puede convertirse en un adefesio si no se cuida, o perder su hermosura de un momento a otro, si ella no está pendiente de expresar y exponer sus cualidades a cada instante.

En definitiva

El truco para el hombre es convertirse en cualquiera de estos hombres ideales en el momento y contexto exactos, sólo para agradarle a ella. Y el truco para la mujer es estar pendiente de ella misma y de su hombre a cada momento, para así siempre satisfacer las necesidades de él.

Todo lo podemos reducir a un solo axioma: el estar atento, el observar, el escuchar y el comprender al otro, hacen de la relación el paraíso del amor, ya que ser sensible con tus semejantes es amar.