Hacer el amor no constituye solamente un acto físico separado del entorno. La unión de las almas requiere también cuidar la belleza del decorado para enriquecer la vida sexual de la pareja.

El templo de la sexualidad

El primer habitáculo cuya apariencia debemos mimar es nuestro propio templo: limpiar, cuidar y adornar nuestro cuerpo y el de nuestra pareja mantendrá encendida la llama del deseo. El juego ideal para iniciar los preliminares es compartir un relajante baño de espuma. Se puede aliñar el caldo de feromonas con esencias aromáticas, cremas, ungüentos o aceites, siempre a gusto del consumidor. De igual manera, los sabores exóticos y elixires afrodisíacos multiplicarán el placer, convirtiendo el coito en un estimulante ritual de celebración orgiástica.

Ambientación musical

La alfombra sonora se puede cubrir con un cálido edredón de música relajante entretejida con canciones para elevar el espíritu. Se trata de crear un éxtasis continuo, el orgasmo ondulante, sin prisa, recreando cada gemido en una elástica lluvia de sensaciones.

Calidez, sensualidad y amor

A la hora de diseñar el espacio sagrado para el ritual, conviene abrillantarlo con una capa de calidez en la que previamente habremos disuelto varias dosis de sensualidad. Para los gourmets del sexo, se pueden añadir al menú varios puñados de amor, que lo harán irresistible.

Elementos decorativos

Las velas, las flores, el incienso y la iluminación tenue pueden combinarse con telas sedosas y transparentes, o tejidos aterciopelados. Los espejos también permiten mucho juego en el exquisito arte de la decoración sexual, otorgando amplitud a las superficies y multiplicando escenas y personajes. El límite lo pone la imaginación de los amantes.

Obras de arte y disfraces

Los cuadros o fotografías de formas orgánicas y paisajes curvos elevarán la temperatura de los encuentros, así como las máscaras y antifaces o cualquier otro vestuario que sirva para decorar el amor. Desnudez, visual y táctil, que erizará cada centímetro de la epidermis, propulsando el deleite a las más elevadas cumbres del placer.

Juguetes sexuales

Asimismo, el mercado ofrece una variopinta oferta de juguetes sexuales que harán las delicias de los artistas del erotismo: vibradores, lubricantes, preservativos con formas y sabores variados, ropa interior comestible, lencería sensual, etc. Para explorar los cuerpos también resultan útiles elementos como plumas de ave, hilos de seda, cubitos de hielo y cualquier otro objeto que provoque escalofríos o cosquillas.

El fuego de los sueños

La danza del fuego en la chimenea resulta ideal para aportar una chispa de sensualidad y calor a cualquier velada romántica. Por su parte, una cama amplia y cómoda, con suaves sábanas de colores cálidos, invita a recostarse en la ensoñación para hacer realidad las fantasías sexuales. Conviene a su vez evitar los ruidos e interrupciones y ponerse un buen pijama de besos y caricias estampado con palabras picantes.

Puesta de sol

Uno de los momentos más mágicos y bellos para iniciar este teatro de los sentidos es durante la caída del sol: el crepúsculo constituye uno de los más hermosos espectáculos naturales que se puedan contemplar. Bajo su penumbra se consuma la alquimia de los amantes, cuando el sol y la luna se cruzan en el umbral de la noche, entre las llamas del firmamento, antes de cubrir su pudor con el manto de estrellas donde permanecen guardados todos los secretos del universo.

El factor sorpresa

La investigadora británica Tracey Cox, autora del libro Supersexo, propone diversas técnicas para transformar la vida amorosa, en las que la sorpresa juega un papel fundamental. En su libro "Todo lo que siempre quiso saber sobre sexo", el doctor David Reuben expresa que no se debe olvidar que el sexo es un juego en el que se involucran risas, sorpresas y bromas. “No existe una ley que diga cómo, cuándo y dónde se debe llevar a cabo. Ahí reside la emoción del acto sexual, y el poder para lograr que con el tiempo se consigan orgasmos de igual o mayor intensidad. La clave está en aprender, diversificar y dejarse llevar, sin inhibiciones".

Estimular el cerebro

Si el órgano sexual por excelencia es el cerebro, el placer de los sentidos constituirá el mejor vehículo para estimularlo, recargando frecuentemente el depósito con el combustible de la imaginación. Decorar el sexo es edulcorar la intimidad. Erich Fromm, en su libro "El arte de amar", recalcaba la necesidad de "tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir". En tal caso, que no falten magistrales pinceladas de sexo decorativo en el lienzo del amor.