El cuerpo femenino tiene sensibilidad erógena en cada centímetro de su superficie. Cuando una mujer es besada, abrazada o acariciada eleva la producción de hormonas sexuales, responsables de producir la excitación que la prepara para la relación íntima. El juego erótico anterior a la penetración favorece que llegue al orgasmo más rápidamente y que éste sea más intenso.

Las caricias pausadas y rítmicas y el contacto erógeno en todo el cuerpo calman la ansiedad y distraen de las exigencias que impone la cabeza: tener un buen desempeño, lucirse, ser el macho alfa. Por este motivo, el juego erótico es una buena ayuda para los problemas de erección y eyaculación precoz en los hombres.

Estas son buenas razones para incorporar a la vida de la pareja la práctica del masaje sensual.

Un ambiente íntimo y estimulante

El masaje relaja física y emocionalmente. La calma que provoca es terreno fértil para la excitación sexual. Todos los sentidos participan del juego, sólo hay que convocarlos con los estímulos adecuados.

  • Tacto. El masaje, precisamente, es estimulación por el tacto. El uso de aceites genera calor corporal y ayuda a que las manos se deslicen con más suavidad por el cuerpo del compañero. La textura del aceite en sí despierta la excitación del masajista y libera su imaginación. A ella queda librado el uso de otras texturas: plumas, telas, cuentas, collares.
  • Vista. La mirada puede ayudar mucho en la estimulación, pero también ser un factor de distracción. Al menos durante los primeros intentos es conveniente apagar las luces y/o cerrar las persianas en caso de que sea de día. Un ambiente muy iluminado puede dificultar la necesaria toma de distancia de la realidad para concentrarse en el juego. La luz de las velas siempre es atractiva para estimular la magia del encuentro erótico.
  • Olfato. Por medio del olfato, el ser humano es transportado en forma inmediata a su pasado más instintivo. En el aceite para masajes o como aromatizador del ambiente, puede aprovecharse el efecto afrodisíaco de algunos aromas, como el jazmín, la pimienta, negra, el azahar, la rosa o el sándalo.
  • Oído. La decisión de utilizar música o no va a elección del masajista. Una melodía suave contribuye a la relajación y la concentración, pero el silencio le otorga un protagonismo al sonido de las respiraciones que puede ser muy excitante.
La temperatura ambiente merece especial atención. Un ambiente frío impide la relajación, y uno muy caluroso restará poder al masaje, dado que la transpiración es resbaladiza, hace que la mano se deslice más rápidamente e impide ejercer presión sobre el cuerpo del otro.

Las técnicas del masaje erótico

Lo que es necesario saber es muy sencillo: hacer presión con dedos y manos, con continuidad y un ritmo firme y lento. Las manos se deslizan con suavidad, se dejan llevar, y la atención se enfoca en la respuesta del compañero o compañera. Una vez que ambos estén conectados, en clima, pueden probarse técnicas más avanzadas:

  • Amasado. Se utiliza en las zonas más musculosas, como muslos, brazos y pantorrillas. Se toma la parte del cuerpo con toda la mano, igual que se amasa un bollo de pizza. Cambiando la velocidad y la profundidad del amaso varía el efecto.
  • Ondulatorio. Se utiliza en las zonas más duras, donde la presencia de los huesos es protagónica, como las palmas de las manos, los pies, el pecho y los hombros. Con la mano ahuecada y el puño semicerrado, se apoyan las puntas de los dedos, como imitando el movimiento de los cascos de un caballo o el andar de una araña.
  • Ventosa. Con la palma abierta, recorrer la espalda de la pareja, haciendo presión. Los movimientos pueden ser rápidos o lentos, profundos o superficiales. La variación en el ritmo produce distintos estímulos.
  • Golpecitos. Son muy excitantes para terminar el masaje. El puño cerrado rebota con energía pero suavemente sobre diferentes partes del cuerpo de la pareja.

Las zonas erógenas

Cuanto mayor sea la superficie del cuerpo transitada y recorrida durante el masaje, mayor relajación, bienestar y compenetración se habrá logrado. Sin embargo, hay zonas más sensibles y estimulantes que otras. La cabeza, el cuello y la nuca son lugares donde suele acumularse mucha tensión, y entonces la dedicación especial a ellos durante unos instantes ayuda mucho a agilizar la relajación y la liberación de fantasías. La espalda es la parte del cuerpo reina del masaje. ¿Quién no se rinde ante las caricias en la espalda?

El masaje en la parte externa de los muslos relaja mucho, y en el interior es muy excitante por su sensibilidad y proximidad con los genitales. Los pies, el abdomen, las axilas y todos aquellos lugares donde la piel es muy suave son especiales para masajearlos muy suavemente y establecer una conexión profunda.

El contacto corporal es milagroso para producir encuentros o arreglar desacuerdos. Sólo es necesario distanciarse del diario trajinar, parar y tomarse el tiempo para reencontrarse con el deseo.