Miedo, tristeza, ira, alegría, felicidad, estrés, calma, curiosidad...a diario sentimos distintas emociones, nos paseamos por distintos estados de ánimo, depende de nuestro día, nuestro humor, con qué pie nos levantamos de la cama, que obstáculos nos presenta la vida. Sentir es algo propio humano. De hecho, es algo positivo experimentar ciertos sentimientos y dejarlos fluir, ya que significa que estamos viviendo la vida a pleno, sin privarnos de nada. Hay que dejar fluir todo lo que tenemos adentro nuestro.

El problema es cuando se vive de manera excesiva y desbordante y las emociones suprasan todo límite. Si bien está bien dejarnos llevar, también debemos saber regular nuestros estados de ánimo para mantener un equilibrio y no perder nuestra cordura. Hay que vivir a pleno pero salirse de todo parámetro.

Hay un conjunto básico de emociones como el miedo, la tristeza, el disgusto, la alegría y el interés que pueden llegar a necesitar de cierta regulación.Y es fundamental el contexto en el que se genera la emoción, además de las metas personales, ya que permitirá reconocer si estos estados son apropiados o no y, por lo tanto, si requieran ser controlados.

¿Qué implica cada emoción?

Todas estas emociones sirven a un propósito, son funcionales: El miedo alerta sobre una amenaza inmediata y la ansiedad, sobre un peligro lejano. En tanto, la tristeza informa sobre una pérdida completa o potencial de algo o alguien importante; y el disgusto nos dice que algo es perjudicial para nuestro cuerpo o creencias. De la otra vereda, la alegría es indicativa de que algo que está ocurriendo es agradable y el interés son señales de que hay algo potencialmente constructivo a lo que la persona quiere acercarse.

¿Cómo las sentimos en nuestro cuerpo?

Existen algunos síntomas que son identificables y pueden ser relacionados. A pesar de que las sensaciones suelen generar un malestar, nos ayudan a sobrevivir y son, por naturaleza, útiles. Pero en un nivel demasiado alto o experimentadas en el momento equivocado, pueden traer desventajas para nuestros objetivos. Rara vez son perjudiciales en sí mismas pero en niveles intensos se pueden vivir como desagradables o estresantes.

Los esfuerzos para controlar las emociones suelen causar más problemas que las emociones mismas, por lo que solo son útiles si se trata de esfuerzos breves, ya sea en el pensamiento o en la conducta.

Tenemos la libertad de sopesar las diferentes posibilidades de actuación y de decidir. Controlar nuestras emociones no significa reprimir sino a regular ciertos estados cuando éstos son inconvenientes para una cierta situación. Ya que los componentes centrales de las emociones son las reacciones fisiológicas y los pensamientos, es necesario adquirir ciertas habilidades para manejar las emociones, dada una intensidad excesiva de estos puede hacer que las personas las vivan como estados desagradables o les lleven a realizar conductas indeseables.

Para controlar emociones negativas lo mejor es modificar la respiración y la respuesta muscular. En el caso del asco o disgusto, se recomienda evitar los objetos o situaciones nocivas; mientras que ante la tristeza, conviene meditar, reflexionar y tratar de entender por qué nos sentimos de esa manera.No sólo las emociones negativas precisan ser reguladas. Las positivas, también.

Tips para regular las emociones

* Aprender a registrar los antecedentes de la respuesta emocional. Tomarse un tiempo para analizar el porqué se generó la respuesta. El registro escrito favorece los procesos de autoconciencia. Por ejemplo, si sentimos tristeza luego de una determinada situación, podríamos tomar nota del efecto producido en nosotros, para tenerlo en mente y que así no nos vuelva a suceder.

* Ejercitar técnicas de relajación y respiración. Son prácticas que apuntan a suprimir la emoción y a conservar el eje personal en la situación.

* Determinar cuál es el objetivo personal en cada una de las situaciones a las que me enfrento. Es un elección estar en esa situación y por ende hay que ser responsable de lo que ahí suceda.

Claro que la clave está en concerce a uno mismo para que sea más fácil poder controlar nuestras emociones acorde a la situación. Porque sólo en nosotros encontraremos el poder del equilibrio.