Cualquier fiesta puede ser un momento difícil de atravesar para un alcohólico que hace poco tiempo que está sobrio: botellas abiertas por todos lados, vasos servidos que circulan y pasan de mano, o son dejados, sin dueño, sobre una mesa.

Con frecuencia pareciera que es el alcohol el elemento principal de la fiesta, y no las personas. Por este motivo se les sugiere a los alcohólicos en recuperación que, al menos al principio, eviten este tipo de situaciones, léase: fiestas con bebedores.

La prueba del brindis

Sin embargo, evitar la cena de Nochebuena y la de víspera de Año Nuevo puede ser más complicado. Quizá no sea suficiente disculparse alegando otro compromiso; algunas personas le dan mucha importancia a estas fechas y se sienten ofendidas y / o rechazadas si alguien se niega a compartir esa ocasión con ellas. En algunas familias puede ser considerado un gesto de alta traición que un miembro decida faltar al encuentro familiar.

Para agregar un poco más de vértigo a la situación, hay que superar la prueba del brindis. ¿Cómo pasar desapercibido al momento de brindar? ¿Qué responder si alguno de los presentes, desubicado o bienintencionado, insiste en que brindar con agua trae mala suerte?

Frases y trucos para ayudarse

He aquí algunos trucos y frases que ayudaron a otros alcohólicos en sus primeros tiempos de recuperación a preservarse de situaciones incómodas y molestas. No siempre es necesario dar explicaciones, sobre todo si no hay un compromiso afectivo o un vínculo íntimo con las personas involucradas en la situación.

  • Mentiras piadosas, frases útiles; “estoy tomando antibióticos”, "no tomo porque estoy medicado”, “me produce acidez”.
  • Tener un vaso o copa preparada con alguna bebida sin alcohol de color similar a lo que se esté tomando.
  • Cuidar el vaso propio. No soltarlo ni perderlo de vista y tenerlo siempre lleno evita riesgos. Antes de tomar, chequear que no huela a alcohol.
  • No justificarse, responder a los ofrecimientos de bebida con un “ya tengo, gracias”, sin dar más explicaciones.
  • Tomar gaseosas. Generan sensación de saciedad, son dulces, mantienen el nivel de glucosa en sangre.
  • Evitar discusiones, situaciones tensas o de conflicto. Ante una incomodidad, cambiar de aire, levantarse de la mesa y dar una vuelta.
  • Tener en cuenta que los demás no están tan pendientes de lo que hacen los otros.
Con los familiares cercanos lo mejor es ponerlos al tanto del cambio, pedirles ayuda y expresar con claridad de qué manera y con qué actitudes se espera ser apoyado y acompañado en esta decisión.

Derecho a elegir dónde y con quién

La clave es elegir con cuidado dónde y con quién pasar la velada, buscando la compañía que haga más fácil la abstinencia en lugar de complicarla. Lo que hay que evitar a toda costa es el riesgo de volver a tomar, y por lo tanto, todas las personas o situaciones que alienten esa posibilidad.

La forma más eficaz de sortear el momento es fortalecerse con la compañía y el apoyo de las personas que acompañan en forma incondicional la abstinencia. Más que en ningún otro momento, en las celebraciones de Navidad y Año Nuevo conviene evitar a los amigos de copas y de andadas y los encuentros con colegas o compañeros de trabajo que encontrarán mil y un motivos para brindar, sobre todo si no están al tanto de la situación del ex bebedor o no comprenden y apoyan el cambio.

Testimonio de suerte

Después de un tiempo de sobriedad probablemente las cosas sean distintas. Todo cambio, aunque sea para mejor, es difícil de transitar y acostumbrarse a la nueva realidad lleva cierto tiempo. Esto corre tanto para el bebedor que intenta recuperarse como para su entorno cercano, que deberá adaptarse a cambios que ni siquiera eligió.

Pero lo que no va a cambiar mientras la sobriedad acompañe al bebedor, es que seguirá pasando fiestas en las que brindará con agua o con gaseosa. Y como muchos otros que cambiaron antes que él o ella, podrá dar testimonio de que no tomar alcohol es una gran suerte.