Cuando se utilizan sustancias desveladoras de la consciencia, como el éxtasis, los hongos o la LSD, hay casos en los que el volumen de información inconsciente que emerge a la superficie resulta tan descomunal que impide a la mente canalizar la vivencia, dando lugar a las llamadas emergencias espirituales, caracterizadas por episodios transitorios de diversos tipos de alteraciones psíquicas. Bien resueltas, estas experiencias constituyen una inmejorable oportunidad para permitir cambios profundos en los hábitos de vida de una persona.

Reducción de los estímulos sensoriales

Que no cunda el pánico. Lo primero que debe hacerse en caso de presenciar un mal viaje con psicodélicos es mantener la calma y reducir en lo posible el número de estímulos sensoriales que recibe el navegante mental (se pueden utilizar antifaces para dormir o tapones para los oídos), creando un espacio cómodo y seguro donde la persona pueda resolver sus conflictos internos sin perturbaciones del exterior. Recordar que se trata del efecto de una droga y que remitirá en cuestión de horas evitará en muchos casos la visita al hospital, lugar inhóspito donde los haya para quien se halle atravesando alguna crisis psicológica o espiritual.

Facilitar no significa guiar

El mejor chamán, el médico realmente capaz de curar las propias enfermedades, es siempre uno mismo. La serena compañía de una persona de confianza, preferiblemente con amplios conocimientos prácticos en viajes enteógenos, puede servir de inmensa ayuda en los peores momentos, pero en ningún caso debe proyectar su propio material inconsciente sobre el individuo a quien pretende ayudar. Acompañar en el trayecto, dejando espacio a la experiencia, sin guiar, en actitud de servicio y escucha, atento a las necesidades del viajero psicodélico, respirando, respirando, respirando...

Amor, empatía y respeto

Lejos de juzgar al agente de su curación espiritual, la tarea del acompañante o facilitador consiste en dejar fluir el torrente de energía liberada, sin luchar contra ella, permitiendo que ocurra lo que haya de suceder (salvo en casos puntuales, como agresiones sexuales o riesgo evidente de peligro físico), esgrimiendo elevadas dosis de amor, respeto y empatía. No se trata de provocar un aterrizaje forzoso, sino de liberar las emociones reprimidas, que la persona empuñe las riendas de su nave y aprenda a sintonizar los diversos estados de su mente, sin identificarse con ellos. Un buen facilitador también ayudará al viajero en la integración posterior de la vivencia.

Fases del viaje psicodélico

En términos generales, el efecto de cualquier sustancia psicodélica (la mayoría carentes de toxicidad y con escaso potencial adictivo) atraviesa tres etapas claramente diferenciadas: la subida, generalmente gradual; una fase más o menos larga en la que, con posibles oleadas, se estabilizan los efectos (aquí es donde suelen originarse la mayoría de situaciones difíciles); y una última fase de descenso gradual hacia un estado de sobriedad.

Con los pies en la tierra y la cabeza en el cielo

El primer paso para volar es saltar al vacío, aceptar y perdonar aquello que causa dolor. Y soltar lastre, limpiar la programación mental destructiva (en ocasiones acompañada de purga física, con vómitos, expectoraciones o defecación), y fortalecer las raíces para que se eleven las ramas, enraizando más que nunca los pies en la tierra con el fin de que la cabeza mantenga su equilibrio en el cielo. En ocasiones, una música relajante, una sesión de reiki, una suave meditación o un ligero masaje pueden hacer conectar con el cuerpo, suavizando la caída. Sin dejar nunca, por supuesto, de respirar profundamente.

Cada caso es diferente

Cada persona y cada sustancia constituyen en sí un auténtico mundo, por lo que no existen unas reglas fijas a la hora de ayudar en situaciones difíciles con el uso de psicodélicos u otro tipo de sustancias alteradoras de la consciencia. El mejor consejo consiste en practicar la escucha activa, plenamente presentes en el aquí y el ahora, en la más absoluta calma y con paciencia infinita, para amoldarse a las necesidades específicas de cada caso particular y poder aprender de ello.

Kosmicare, pioneros en facilitar viajes difíciles con psicodélicos

Promovido por MAPS (Multidisciplinary Association of Psychedelic Studies), Kosmicare constituye un santuario donde reconducir experiencias psicodélicas complicadas en eventos multitudinarios como el Boom Festival, que se celebra cada dos años en Portugal, o el Burning Man, reunión anual de autoexpresión y autosuficiencia radical en el desierto de Nevada. Un excelente equipo de voluntarios profesionales de diferentes países se encarga de acoger los casos más difíciles con el fin de minimizar los riesgos derivados del uso recreativo de sustancias enteógenas. Otro proyecto en la misma línea es la Psychedelische Ambulanz en Alemania.

En palabras de Rick Doblin, presidente de MAPS, estos servicios constituyen "un modelo a seguir, en términos de emergencias psicodélicas, en el mundo después de la prohibición". No olvidemos que, en la actualidad, los mayores riesgos de las drogas se deben precisamente a su situación legal.