La crisis económica se ha convertido en un problema que no afecta solo a la política de los países que la sufren. Es tan extensa que casi no hay sector que no se haya visto influido por la misma. Y por supuesto, son muchos los hogares donde la palabra crisis se ha convertido en la máxima definición de su situación actual.

Son muchas las historias personales que demuestran que la crisis ha entrado con fuerza en los hogares, pero no se queda solo en eso: la crisis entra en la mente de la persona y se ha convertido en uno de los factores que más están afectado actualmente a las personas a las que la crisis les ha tocado más de cerca. Es tan grave la situación que incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta sobre el posible aumento de las enfermedades mentales, desencadenadas por esta situación extrema.

La crisis, económica o de cualquier tipo, es una ruptura, un caos que necesita una toma de decisiones. Etimológicamente el vocablo “crisis” proviene de algunas palabras griegas equivalentes a “juicio”, “separar” o “decidir”. Y es que una crisis es una situación de transformación en la que hay que analizar las causas, y tomar decisiones. Sin embargo, la parte de las decisiones, no siempre está al alcance de todos. En esta crisis financiera, lo que realmente está afectando a la población es no poder tomar decisiones para mejorar su situación, por la falta de oportunidades. Y esto, mezclado con la situación de angustia por no poder hacer frente a determinados gastos o no poder mantener un nivel de vida como el que se tenía anteriormente, está creando verdaderas situaciones de angustia, estrés y problemas emocionales de diversos tipos.

Cómo afecta la crisis física, mental y emocionalmente

Afrontar una crisis con la incertidumbre de no saber hacia dónde nos llevará provoca una serie de trastornos en la salud física y mental:

  • Estrés. El cuerpo afronta la amenaza de una situación desconocida mediante una respuesta fisiológica que afecta de forma diferente a cada individuo.
  • Insomnio y somnolencia. La intranquilidad provoca problemas relacionados con el sueño.
  • Enfermedades gastrointestinales: son consecuencia del estrés. Pueden ir desde trastornos alimentarios transitorios, gastritis nerviosa, flatulencias, etc.
  • Disminución de las defensas. La bajada de inmunidad facilita el desarrollo de enfermedades infecciosas.
  • Baja autoestima y autoimagen. La impotencia causada por no poder solucionar la situación, hace que cambie la imagen que uno tiene sobre sí mismo, siempre de forma negativa.
  • Cambian las relaciones con los demás. La baja autoestima dificulta abrirse a los demás. También el bajo ánimo y los cambios de humor provocados por el estrés dificultan la relación con los que nos rodean.
  • Se pierde la capacidad para tomar decisiones. El miedo y la angustia impiden tomar decisiones con seguridad. Un verdadero problema teniendo en cuenta que para salir de una crisis, la toma de decisiones es uno de los pasos más importantes.
  • La crisis puede ser el detonante de que afloren enfermedades mentales dormidas como la esquizofrenia.
  • Disminución del deseo sexual. El estado emocional afecta a la salud sexual.
Dependiendo de la gravedad de la situación personal de cada uno, los síntomas desencadenados por la crisis pueden ser diferentes según la persona. Y dependiendo del alcance del desequilibrio emocional, habrá que actuar de diferente manera.

Cómo superar los problemas de salud causados por la crisis

Cada individuo se enfrenta a las adversidades de una forma diferente. Pero hay recomendaciones que son útiles y beneficiosas para todos:

  • Lo más importante ante una situación de crisis o dificultad es no perder la calma ni dejar que el pánico se apodere de nosotros. El miedo transforma las emociones y las paraliza, de tal manera que la respuesta emocional puede ser totalmente contraria a la que se tendría en una situación normal. En estado de pánico, es imposible tomar decisiones con la cabeza fría y de forma racional.
  • Es importante separar las diferentes parcelas de la vida. Hay que esforzarse por no dejar que los problemas económicos afecten a la familia, a la pareja, al rendimiento en el trabajo. Hay que saber identificar dónde está el problema y no dejar que este afecte al resto de tu vida.
  • Está comprobado que una tres cuartas partes de las preocupaciones que tenemos son infundadas, generadas por la propia imaginación de cada uno. Solo una cuarta parte de nuestras preocupaciones responden a un problema real, el resto, responden a situaciones imaginadas que nunca llegan a materializarse.
  • Hacer todo lo posible contra la crisis. Hay que encontrar una acción para cada preocupación. Y llevarla a cabo. Aunque no se conozca la solución total a una crisis, las pequeñas acciones empujan a seguir buscándola, y eso hace que haya más probabilidades de encontrar esa solución.
  • Enfrentarse al día a día y a las dificultades tal y como vienen. No hay que adelantarse a posibles acontecimientos a la hora de preocuparse, pero sí a la hora de actuar. Es decir, preocupándonos antes de tiempo solo ganamos angustia y una posible pérdida de capacidad para tomar decisiones con claridad. Sin embargo, hay que adelantarse a los posibles acontecimientos. Por ejemplo, si hay una sospecha sobre la posibilidad de perder un trabajo, comenzar a buscar otro.
  • Evaluar tu forma de vivir. Analizar en qué gastamos el dinero, a qué nivel vivimos, y ajustar el presupuesto a las nuevas posibilidades económicas de cada uno. Aceptar que la situación ha cambiado y adaptarnos a la nueva sin adquirir una actitud victimista o negativa.
  • Mantener la alerta ante posibles cambios y no dar por hecho que lo normal es mantener la mejor situación que se haya vivido. Normalmente las crisis afectan por lo inesperado de la misma.
  • Enfrentarse al cambio con perseverancia. Centrarse en encontrar oportunidades para salir de la situación y esforzarse por aprovecharlas. Aprovechar el tiempo, los contactos. Aumentar los conocimientos, aprender sobre nuevas áreas, abrirse a nuevas personas que puedan aportar cosas positivas a tu vida. Si se adquieren nuevas competencias, aumenta la autoestima y la fuerza para enfrentarse a las adversidades.
Y mucha paciencia. Porque han sido muchas las crisis que han marcado la historia, y todas han pasado. A pesar de la incertidumbre causada por la inseguridad y el miedo, hay que pensar de manera optimista y saber que de todas las crisis superadas, se sale fortalecido y mucho más fuerte.