Si se nos pidiera definir “humor”, tendríamos la idea clarísima, pero las palabras atoradas “en la punta de la lengua”. Y es que queda claro que las cosas que hacen reír son las que entran en esa categoría del humor, pero también sabemos que hay muchas cosas, muy distintas entre ellas, que producen la risa.

He ahí el dilema: ¿cómo dos cosas tan aparentemente distintas como una película de Chaplin y el que una persona tropiece en la calle pueden entrar bajo el nombre de “humor”?

El humor, entendido como todo aquello que nos hace reír, es extenso y requiere, para su clasificación y entendimiento, cortes y deslindes, sin mencionar que no sólo las cosas que dan risa son extensas y variadas, sino también la risa misma, pues a veces se ríe a carcajadas, se ríe tantito, se sonríe, etc.

Freud: punto de partida

Se puede empezar diciendo que gran cantidad de estudios sobre este fenómeno tomado como punto de partida la obra El chiste y su relación con el inconsciente, de Sigmund Freud. En términos del famoso padre del psicoanálisis, aquello que produce la risa es algo basado en un ahorro de gasto psíquico que se da cuando se vence una coerción que cotidianamente cuesta mucho trabajo vencer.

Dicho en otras palabras, para Freud la risa es una expresión de superioridad ante algo que vemos; algo infantil, ingenuo, equivocado, etc., dentro de un contexto lúdico, juguetón. Pero para que este hecho erróneo pueda generar la risa es necesaria la ausencia de sentimiento o empatía: un tropiezo en la calle sólo puede ser gracioso si su resultado no deviene en tragedia.

Lo cómico y lo humorístico

En el enorme espectro conocido como humor, se encuentran dos extremos perfectamente definidos por antagónicos, que toman como referencia esta ausencia completa o parcial de patetismo o sentimentalismo: en un extremo está lo cómico y en el otro lo humorístico.

Lo cómico es precisamente ese espectáculo del error en el que el sentimiento no interviene para nada o debe permanecer apagado: las caídas y tropezones, los pastelazos y los accidentes son claros ejemplos de algo cómico.

Las bromas, entendidas como este engaño en el que cae una víctima para disfrute de un individuo o de un grupo, es otro ejemplo de algo cómico, pues la desagradable sorpresa que se lleva la víctima no produce (o no tiene la finalidad de producir) compasión alguna.

La diferencia entre humorismo y lo cómico

Por otro lado, el humorismo, a diferencia de lo cómico, permite la presencia de comunicación sentimental. Consiste en darle un aspecto gracioso a un hecho de enorme seriedad que permanece oculta por la forma de broma.

A menudo presente en las obras literarias, el humorismo se usa como una crítica velada, indirecta; el humorista presenta una visión amable de las debilidades humanas y sólo un público sensible con respecto al punto de vista del humorista puede descifrar esta síntesis entre lo cómico y lo trágico.

Hablando de Chaplin, la famosa y excelente escena en The Gold Rush, en la que Charlotte cocina y come con muy buenos modales un zapato, es un buen ejemplo de humorismo, pues la seria crítica que encierra el personaje del vagabundo siempre está revestida de su habilidad para vencer coerciones que, en un contexto serio, sería imposible soslayarlas; en este caso en particular, el hambre y la miseria, que sabemos son cosas serias, se vuelven temas ligeros y divertidos.

Otras especies de humor

En medio de esos dos grandes extremos aparecen otras especies del humor, algunas inclinadas más a un lado que al otro y otras incluso se nutren de elementos externos. En el humor negro, por ejemplo, existe seriedad en los temas al igual que en el humorismo, pero se eliminan los sentimientos y se genera la risa de lugares que normalmente inspiran tragedia, de forma similar a la comicidad.

Otro caso es el chiste, construcción verbal que rompe expectativas comunicativas cuando se superan coerciones sin dolor alguno, como en lo cómico, aunque la popularidad del género ha generado chistes humorísticos, negros, absurdos, etc.

Características comunes

La autora Rosa María Martín Casamitjana resume que todas las formas del humor tienen en común su aparición en contextos lúdicos (contrarios al concepto del trabajo productivo y serio) y, sobre todo, la presencia de una contradicción entre sus componentes básicos.

La comicidad presenta situaciones serias del “adulto”; momentos solemnes o discursos grandilocuentes en el que las expectativas comunicativas se rompen con la aparición del error o de la actitud infantil. En esos casos, la contradicción radica en la seriedad inicial y la torpeza final. En el caso del humorismo, la contradicción aparece entre la seriedad del tema y la forma graciosa de presentarlo.

El humor tiene varios nombres según las intenciones del emisor, así que se sugiere revisar dichas intenciones en cualquier discurso de humor antes de ponerle algún adjetivo al azar.