Cronobiología, una palabra poco usada cuando se habla de dietas para adelgazar, quizás porque más que una dieta se trata de una adaptación de la alimentación, a los ritmos que dirigen la actividad de nuestro cuerpo.

El reloj biológico analizado por la cronobiología

La cronobiología es una disciplina de la fisiología que estudia los ritmos biológicos en los seres vivos, el cual permite conocer las oscilaciones de nuestro reloj biológico.

El reloj biológico de los humanos tiene mucha más importancia que el reloj pulsera en el que mira la hora y quizás se deba cuestionar, porqué es mayor la preocupación de que este último esté funcionando correctamente, que de tratar de identificar las recomendaciones, más que órdenes, que envía el reloj interno.

Éste, el interno, tiene ciclos que rigen los aspectos físicos, emocionales e intelectuales y si bien comprenderlos ayudará a aplicar la teoría del cronobiologismo para perder peso, o mantener la línea evitando ganar esos indeseados kilos, se debe también conocer las reales necesidades que tiene nuestro organismo.

Ciclos regenerativos del cuerpo humano

Según la cronobiología, nuestro organismo sigue determinadas pautas, que se repiten cada 24 horas.

El cerebro está organizado de modo que todos los procesos que mantienen activo el organismo, y los que ayudan a regenerarlo, tengan lugar a lo largo de un día y su correspondiente noche.

Las órdenes dadas por el cerebro de liberar las hormonas necesarias para efectuar las distintas funciones cotidianas tienen su momento preestablecido. De aquí la importancia de adaptar nuestros hábitos a esos momentos para, entre otros beneficios, mantener la línea.

¿Porqué y cómo? Simplemente porque nuestra ingesta debe coincidir con las horas del día en las que más energía consume el organismo, evitando que se acumulen calorías.

Adecuar nuestra dieta a nuestras necesidades orgánicas

Saber qué y cómo tomar los alimentos en cada momento del día resulta ser una enorme ayuda para mantenerse delgado.

Nuestros ciclos, como los de todos los seres vivos, se condicionan a los ciclos de luz y oscuridad.

Independientemente de la hora a que abramos los ojos o sea, nos despertemos, nuestro cuerpo comienza a hacerlo entre las 7 y las 8h, y recién entre las 10 y las 11h estará en pleno estado de vigilancia.

Momentos en el que la necesidad de nuestro organismo es de alimentos que ayuden a estimular la producción de tirosina, que es un aminoácido que resulta fundamental para la activación, tanto física como intelectual.

Funcionamiento del reloj biológico

Después de haber llegado al punto intelectual más alto, hacia el mediodía el organismo comienza a prepararse para realizar la digestión, por lo que la razón nos está indicando que ha llegado la hora de comer; y entonces nuestro cuerpo comienza a dar signos de cansancio.

Es el momento que se achaca a la modorra posterior a la comida y que, con inteligencia debería dedicarse a un pequeño descanso, que lo ayudará a mantenerse en forma el resto del día.

A media tarde nos sentimos en plena forma física y resulta que es un excelente momento para practicar actividades deportivas; después de las 18 y hasta cerca de las 20h se vuelve a entrar en estado de máxima vigilancia: momento ideal para los estudios porque nuestra capacidad de asimilación está muy alta.

Es la hora en que por lógica los estudiantes deberían dedicar a la memorización.

Llegada la noche el estado de alerta se relaja casi totalmente.

La razón, teniendo en cuenta el reloj interno, indica que en el desayuno y el almuerzo se deben consumir pan, mantequilla, quesos, y también frutos secos y cereales.

Se necesita un desayuno adecuado que podría considerarse como una comida. Puede ser una infusión sin azúcar, las proteínas se ingieren a partir de huevos, queso y jamón; los glúcidos de absorción lenta en el pan con levadura y las grasas saturadas con la mantequilla.

A mediodía es cuando el organismo más necesita azúcar porque es el momento en que aparece el bajón de insulina; por eso un almuerzo adecuado debe ser rico en proteínas como las que contienen la carne o el pescado; en verduras crudas y/o cocidas; los cereales se encuentran en el pan y el azúcar en las frutas.

La merienda aportará azúcares y ácidos grasos poliinsaturados, por lo que se recomienda ingerir fruta fresca, nueces, avellanas, almendras, y si apetece, unos gramos de chocolate puro.

Pero al final del día, cuando el cuerpo está más remolón y segrega menos sustancias digestivas, la comida debe ser muy ligera, con proteínas obtenidas del pescado o carne de aves, acompañadas de verduras, crudas o cocidas y, si se prefieren, lácteos desnatados.

Los ritmos diarios son los que indican cuál es la hora de comer. Estar pendientes de ellos y las variaciones que puedan existir dependiendo de la actividad desarrollada, es también parte importante del sistema. .