Si hablamos de combinación de vino y alimentos, incluso los menos doctos en gastronomía suelen recordar la misma norma: "Pescados se sirven con vino blanco; para las carnes, el tinto". Esta regla es, por lo general, correcta. Pero si fuera tan sencillo, el maridaje no sería todo un arte.

Llamamos maridaje o sinergia a la armonía entre el vino y los alimentos. Una combinación poco armoniosa puede ser muy desagradable. Lo fundamental en el maridaje es, obviamente, el sabor. Pero los colores, aromas y texturas también son importantes. Las sinergias pueden conseguirse por complementación, buscando la similitud de sabores entre el vino y la comida, o por contraste o contrapunto, donde el objetivo es confrontar sabores para ensalzar o suavizar matices.

Como todo arte, el maridaje no aspira a ser una ciencia exacta. El acompañamiento perfecto para cada plato depende de la zona geográfica, sus productos gastronómicos y vinícolas, y de las preferencias subjetivas de cada uno.

Si bien es cierto que existen reglas o recomendaciones, la creatividad requiere, a menudo, romper las normas. Pero si buscar un criterio propio implica quebrantar algunas reglas, ¡es recomendable conocerlas primero!

Vino con carnes

En general, los vinos tintos con crianza son los más adecuados para las carnes fuertes, mientras que las más suaves suele servirse con un vino tinto joven o un rosado. Los asados de carne roja y los platos de caza pueden maridarse con un vino tinto gran reserva. La carne de vacuno queda bien con un Merlot, Syrah o Cabernet Sauvignon. El carménère, Merlot y Pinot Noir reserva son los más indicados para la carne de cerdo. El cordero combina con un Syrah o un Malbec. Por su parte, el pollo suele agradecer un Merlot o un Malbec jóvenes.

Vinos y pescados

El pescado blanco suele congeniar con vinos blancos ligeros o rosados, mientras que el pescado azul y el marisco puede servirse con blancos más corpóreos. Un Chardonnay o un Sauvignon Blanc pueden ser una buena opción para los pescados blancos. Los más grasos como el salmón es aconsejable servirlos con un Pinot Noir joven o un Chardonnay reserva. Pero algunos platos con pescado pueden acompañarse con tinto.

Vino y quesos

Los quesos más suaves suelen maridarse con vinos blancos secos o tintos ligeros, aunque los hay que prefieren los espumosos. Los quesos curados se suelen degustar con vinos tintos con cuerpo, como puede ser un Rioja, un Borgoña o incluso un Burdeos. Sin embargo, con quesos azules amargos como el Roquefort, algunos sugieren, en lugar de vino tinto muy tánico, combinarlo con un vino dulce buscando el contrapunto. Al queso Manchego le conviene un Jerez, un Ribera del Duero o un Chardonnay. Éste último también es recomendable para el queso de cabra. El queso Münster puede acompañarse con un Gewürztramier. El Cava y el Champagne es ideal para un Gruyere o un Brie.

Otros alimentos

  • Los embutidos y la charcutería pueden acompañarse con vinos tintos o rosados afrutados, pero si contienen muchas especias, lo ideal es un buen vino blanco.
  • Los arroces admiten gran variedad de vinos, desde los tintos jóvenes hasta los blancos con crianza, pasando por los vinos rosados.
  • Un amplio abanico de platos como los entremeses o aperitivos, las sopas, la verdura y algunas legumbres, así como las ostras y el marisco pueden disfrutarse con vinos blancos secos.
  • Y por último, para los postres es muy recomendable que el dulzor del vino iguale o supere al del alimento. No obstante, la acidez del vino debe ser suficiente como para no eclipsar el dulzor del postre. Un Moscatel o un Champagne semi-seco suelen ser buenas opciones. El Oporto y los tintos jóvenes consiguen buenas sinergias con el chocolate.

¡Creatividad al poder!

Estos son las reglas o recomendaciones más comunes entre sumilleres, chefs y catadores. Pero, como decíamos antes, es importante experimentar, ser creativos y aprender, a veces incluso por la pura y simple fórmula del ensayo-error. Bon appétit!