La depresión, la diferencia, las pasiones sexuales, homo y heterosexuales, la avidez de vivir intensamente y el dolor de existencias pendientes de abismos insondables. Un hombre de teatro que no ve diferencia entre dirigir ópera, teatro o cine: "Siempre hacemos lo mismo: trabajar para contar una historia a través de los actores o de los actores-cantantes".

Patrice Chéreau, una de las figuras imprescindibles de la creación contemporánea europea, el incansable director galo de cine, teatro y ópera aborda certeramente la época en la que vive con la lectura de Coma, del escritor Pierre Guyotat, adentrándose en temáticas como la soledad, el desamor, la angustia, el dolor y la liberación de ciertas tradiciones.

El hombre que ha dirigido excelsas óperas de Mozart o del bell canto italiano, películas muy sexuales en las que pasiones desaforadas no son más que expresiones de soledades que se buscan entre sí para hallar alguna manera de amarse, trae a Madrid el texto de un desesperado esperanzado: de un depresivo al borde del suicidio que, sin embargo, resiste las tentaciones del abismo y renace de su propia avidez de agotamiento imposible, de autodestrucción infinita.

Sobre el relato de Pierre Guyotat (inédito en castellano), Coma, Patrice Chéreau hace una lectura dramatizada. Es una creación singular con los nervios y los músculos en tensión, un desafío, psicofísico que rescata la vitalidad de una experiencia al borde de la autodestrucción. Reconstrucción de la vida después de conocer el amargo sabor del deseo de morir.

Una y otra vez a Chéreau le atrae ese tormento, aunque él es un vitalista, un hiperactivo: "Hay una poesía edificante en ese deseo catastrofista del suicida en potencia pero que nunca llega a autoinmolarse porque prefiere continuar peleando por la vida. Esa poesía es única y siempre revitalizante, aunque en algunos poetas se haya cumplido su autodestrucción. No es el caso de este autor que ha pasado por muchas etapas muy dramáticas desde la guerra de Argelia, pero siempre ha encontrado un vehículo para continuar andando".

La voz de Chéreau es penetrante, seductora, tremenda y muy dulce. Recorre con gran dominio todos los estados por los que pasa el autor del texto original con gran dominio de actor avezado.

Este director de películas tan importantes como La carne de la orquídea, sobre la obra de James Hadley Chase; La reina Margot, sobre la novela de Alejandro Dumas, e Intimidad, versión de la novela de Hanif Kureishi, visitó Madrid hace siete años para leernos otro drama de intramuros: El gran inquisidor, capítulo importante de Los hermanos Karamazov de Fiódor Dostoievski.

Literatura, cine y teatro, un hombre del espectáculo lo más intimista posible. "En este caso no hago un trabajo de actor propiamente dicho, en realidad sólo salgo al escenario y leo, pero es la única posibilidad de comunicar un texto que considero valioso. Es un ejercicio en torno a la posibilidad de comunicar ideas al margen de una obra de teatro. El gran inquisidor tiene buenas versiones teatrales, pero a mí me interesaba leer en voz alta, no dramatizar las escenas, y en este caso de Coma, lo mismo: es el triunfo de la palabra por encima de cualquier otra representación".

Sólo hasta el domingo 3 de junio, una experiencia insólita por uno de los hombres de teatro y cine (dualidad extraña, pues a menudo son extremos que se repelen) que se acerca al público español con la voz de un escritor inédito que a punto estuvo de sucumbir al encantamiento siniestro de una depresión.