En el s. XVI se produjo desde Europa la mayor expansión territorial jamás habida. Son varias las razones que permitieron esta expansión, entre ellas destacan:

  • La difusión del Humanismo que impulsó una percepción del mundo diferente a la que se tenía en la Edad Media. Se extendió el gusto por el conocimiento científico y el desarrollo de la técnica necesaria para realizar aquellos viajes: la técnica náutica, la geografía o la astronomía.
  • Después de la conquista de Constantinopla por el Imperio Otomano surgió la necesidad de encontrar una ruta alternativa para el comercio de la especias.
Los portugueses se esforzaron por llegar a Asia rodeando el continente africano, mientras que los castellanos buscaron una ruta hacia el oeste que les llevó a América de forma accidental. Castilla y Portugal se repartieron el Mundo Incógnito por el Tratado de Tordesillas (1494) que entregaba a España las tierras localizadas a partir de una línea imaginaria situada a 170 millas al oeste de las Azores, dejando a Portugal las tierras situadas al este de esa línea.

Etapas del proceso. Bases de la exploración y de la conquista

Descubrimiento, exploración, conquista y colonización son las fases en que se divide el proceso poblador de Castilla en América. En la obra Sevilla y América s. XVI y XVII, Pierre Chaunu diferencia 2 etapas en el proceso:

  1. Hasta 1540 la conquista fue la actividad principal.
  2. A partir de 1540 se consolidaron los vínculos comerciales y la españolización del territorio.
Así, los numerosos viajes y exploraciones que se realizaron desde 1492 descendieron de forma gradual a partir del viaje alrededor del mundo de Magallanes y Elcano (1522). En consecuencia, al descubrimiento y la exploración se añadió la conquista y la colonización.

Las bases de la exploración fueron Cuba y Santo Domingo para América del Norte y Panamá para América del Sur. Tras la conquista y consolidación del poder hispánico en México y Perú éstas fueron las nuevas bases desde las que se continuó la expansión.

La españolización de los territorios americanos

A partir de la segunda mitad del siglo XVI disminuyó la actividad descubridora y conquistadora. Una vez se consiguió la pacificación se consolidó la ocupación y se impuso la aculturación según el modelo castellano mediante:

Justificación ideológica de la conquista y colonización

Este proceso fue justificado con 2 perspectivas ideológicas diferentes y contradictorias: 

  • Por un lado, una corriente influida por Erasmo de Rotterdam que apelaba a la ética y a la moral para articular un proceso autocrítico con respecto a la misión evangelizadora en el Nuevo Mundo.
  • Por otro lado, una corriente materialista exenta de autocrítica, que observaba el proceso colonizador como una oportunidad en la que satisfacer los deseos de promoción social y económica.

El modelo castellano de repoblación

Junto al proceso descubridor se produjo otro basado en la tradición castellana de la conquista y repoblación peninsular, aunque matizado por sus circunstancias: escasez de mano de obra y adaptación a entornos diversos. Por tanto, la gran diferencia con respecto a la conquista y colonización de Al·Ándalus era que los grupos de colonos eran pequeños, con un escaso número de mujeres y que se tuvieron que adaptar a entornos desconocidos hasta el momento.

A partir del 1502 se inició el sistema por el cual se nombraba un gobernador investido de autoridad absoluta por el rey.

El impacto de la presencia castellana en la población autóctona

La presencia castellana produjo un impacto catastrófico en la población autóctona causado por la difusión de enfermedades de origen europeo, la aculturación o el asesinato indiscriminado. Las culturas menos desarrolladas se extinguieron con rapidez, fueron absorbidas o se aislaron lejos de los conquistadores. En estos casos la extinción o el sometimiento entran dentro de la lógica de un proceso violento, la conquista.

En cambio la destrucción de imperios poderosos por parte de pequeños grupos de conquistadores es sorprendente. Es cierto que la tecnología del invasor era superior o que (en el caso azteca sobre todo) leyendas y mitos parecían predisponer al sometimiento. Sin embargo, para muchos autores el factor definitivo fue la estructura política de aquellos imperios, muy jerarquizada y absolutista. Eran estructuras mantenidas con una férrea disciplina por el poder monárquico y sacerdotal. Por ello, cuando la cabeza del imperio era neutralizada, la desintegración del imperio resultaba más fácil ante el vacío de poder.

El encuentro entre culturas normalmente fue fatídico para los pueblos americanos, sin embargo, la mezcla biológica y cultural creció más que en cualquier proceso colonizador conocido dando lugar a nuevos modelos culturales y sociales. Lo cierto es que Nuevo Mundo se convirtió en un icono de la cultura española, lugar de promesas y esperanzas casi nunca reales.

Referencias bibliográficas

Elliot, J. El Viejo Mundo y el Nuevo (1492-1650). Alianza Editorial. Madrid, 2000.

Chaunu, P. Sevilla y América s. XV y XVI. Universidad de Sevilla.

Lucena. Historia de Iberoamérica. Editorial Cátedra. Madrid, 2008.