La colitis es un término que engloba una amplia variedad de procesos relacionados con los trastornos gastrointestinales, con inflamación del colon que se hace extensivo al intestino grueso. Puede ser una patología crónica o una afectación aguda y transitoria, con una causa identificable o ser de origen desconocido. La experiencia clínica relaciona la colitis con situaciones de estrés combinadas con el sedentarismo y unos hábitos poco correctos de alimentación. Se distinguen distintas tipos de colitis según sea la causa: como la colitis amebiana, colitis isquémica, colitis ulcerosa, colitis poliposa, de origen vírico, colon irritable o colitis nerviosa o bien deberse a una causa desconocida.

Colitis aguda y crónica

La colitis aguda se debe fundamentalmente a la infección provocada por microorganismos, por lo general una bacteria o un parásito. Con menor frecuencia el agente causal puede ser un virus. En algunas ocasiones puede ser debido al tratamiento con algunos antibióticos.

No se conoce demasiado bien la causa de la colitis crónica. Se sospecha que puede estar implicado un factor autoinmune así como otros factores infecciosos. El factor genético también está en el punto de mira. Entre las formas de colitis crónica destaca la enfermedad de Crohn y la rectocolitis hemorrágica.

Colitis amebiana

La colitis amebiana es un trastorno intestinal provocado por parásitos denominados entamoeba histolytica. Es posible que no lleguen a ocasionar ningún síntoma ni, en general, problemas para la salud, pero en otras ocasiones irritan la pared del colon y se tornan sintomáticas. Es una afección características de aquellas zonas donde no hay buenas medidas sanitarias. Su transmisión más frecuente se debe a las aguas y alimentos contaminados.

Los síntomas más frecuentes incluyen la diarrea, el malestar estomacal, gases, vómitos o fiebre. Este tipo de colitis tiene contraindicado el tratamiento con medicación antidiarreica, ya que podría empeorar el cuadro. En algunos casos puede ser necesario el uso de fármacos antiparasitarios.

Colitis isquémica

La colitis isquémica es la forma más habitual de isquemia intestinal. Aparece cuando el colon se ve privado del flujo vascular de forma transitoria. Esta disminución del flujo sanguíneo puede estar restringida a los vasos del colon o afectar a otras partes del cuerpo. Suele aparecer a una edad avanzada, generalmente en pacientes con más de 60 años y estar asociado a factores de riesgo cardiovascular, como la diabetes, la hipertensión arterial, la obesidad o el consumo de tabaco, entre otros. Cuando se presenta en pacientes jóvenes deben investigarse otros factores como el consumo de cocaína o de fármacos.

Aunque se desconoce la causa específica, se la ha relacionado con ciertos factores predisponentes como la descompensación originada por las enfermedades cardiacas o pulmonares, infecciones, fármacos o bien tras operaciones abdominales.

Los síntomas más frecuentes son el dolor abdominal, sangre en las heces y urgencia en la defecación. El dolor suele aparecer de forma brusca, en forma de cólico, y es el síntoma inicial de este tipo de colitis.

El tratamiento va enfocado a los síntomas subyacentes y, por lo general, el paciente evoluciona favorablemente en unos 2 o 3 días. Hay que llevar una dieta muy controlada, a veces hidratación intravenosa y puede ser necesaria la administración de antibióticos. En algunos casos, cuando hay peritonismo y riesgo de perforación, puede requerirse intervención quirúrgica y resección de las partes intestinales afectadas.

Colitis ulcerosa o ulcerativa

La colitis ulcerosa o ulcerativa es un trastorno intestinal inflamatorio con afectación del intestino grueso y el recto. Aunque puede aparecer en cualquier edad, se observan picos entre los 15 y los 30 años y entre los 50 y los 70 años. En la actualidad se desconoce cuál es la causa de la colitis ulcerosa.

Los síntomas de la colitis ulcerosa incluyen dolor abdominal, diarrea de intensidad variable, cólicos, sangre y pus en las heces, fiebre, dolor rectal y pérdida de peso.

El tratamiento tiene como principales objetivos controlar los ataques agudos y prevenir la aparición de nuevos ataques, así como ayudar a la cicatrización del colon. Para la inflamación puede ser necesaria la administración de corticosteroides. En aquellos episodios que revisten una mayor gravedad es relativamente frecuente que se requiera hospitalización.

Colitis nerviosa o colon irritable

La colitis nerviosa, o en su acepción más correcta, el síndrome del intestino irritable, suele verse exacerbada por las condiciones estresantes unido a una mala alimentación, aunque, dicho sea de paso, no se considera que sea la causa en sí misma, sino que se trata de factores agravantes.

Los síntomas más frecuentes de la colitis nerviosa incluyen trastornos en la evacuación, que puede ser diarrea o estreñimiento, inflamación intestinal, gases y cólicos.

La primera recomendación consiste en ingerir una buena cantidad de líquidos con el objeto de no padecer deshidratación. La dieta deberá ser blanda, con frutas vegetales, jugos o carnes blancas. Deben evitarse los vegetales crudos, las legumbres, las carnes rojas o con exceso de grasa, salsas en general y, sobre todo, picantes, aceite, condimentos, los lácteos, así como el café, el chocolate y las bebidas alcohólicas.

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