El cólera se caracteriza por la brusca irrupción de importantes diarreas acuosas y, ocasionalmente, de vómitos. Estudios experimentales sugieren que la bacteria Vibrio cholerae produce una toxina que estimula la secreción de líquido en el intestino delgado, siendo la causante de la pérdida de líquidos. En un primer momento no es fácil distinguirla de otros motivos que puedan provocar diarreas.

Etiología del cólera

El cólera está causado por la bacteria Vibrio cholerae, descubierta en 1883 por el médico y bacteriólogo alemán Robert Koch. La forma en que se produce el contagio es a través del agua contaminada y con los alimentos contaminados por heces –que es donde se encuentra la bacteria–. Las epidemias, por lo general, aparecen debido a la contaminación del agua. Muy raramente el cólera puede transmitirse por el contacto directo de persona a persona.

El cólera prospera en lugares donde las condiciones sanitarias son deficientes, donde hay hacinamiento, guerra o hambre. Geográficamente el cólera es común en África, Asia, la India y en algunas partes de América Central y del Sur.

Sintomas del cólera

Teniendo en cuenta que los síntomas pueden ser leves o severos, los más comunes son los siguientes:

  • Diarrea acuosa.
  • Cólicos abdominales.
  • Membranas mucosas secas.
  • Vómitos.
  • Náuseas.
  • Calambres musculares.
  • Piel seca.
  • Sed excesiva.
  • Ojos vidriosos y hundidos.
  • Ausencia de lágrimas.
  • Somnolencia o cansancio.
  • Fontanelas.
  • Pulso rápido.
  • Diuresis baja.
  • Deshidratación.

Prevención ante el cólera

Las medidas de prevención básicas ante la posibilidad de contraer el cólera radican en prestar especial atención a la ingesta de alimentos y agua cuando se viaja a lugares donde el cólera representa un riesgo importante. Hay tres aspectos esenciales que conviene tener en cuenta, como el desecho higiénico de las heces humanas, el suministro de agua potable y la higiene de los alimentos. En este último aspecto conviene cocinar bien la comida y evitar en lo posible la ingesta de alimentos crudos, como las frutas y los vegetales. La higiene también contempla un cuidado especial con las superficies susceptibles de estar contaminadas y en las que se manipule los alimentos. Igualmente, la higiene personal –sobre todo el hecho de lavarse las manos– es otro de los aspectos fundamentales.

Aunque existe una vacuna contra el cólera, esta no es demasiado efectiva y no siempre está disponible. En la actualidad se está trabajando en la consecución de una vacuna eficaz. Se siguen dos líneas de investigación; por una parte la línea de utilizar una toxina inactivada, y por otra parte en el uso de una vacuna compuesta por bacterias vivas atenuadas que imposibiliten la producción de la toxina.

Tratamiento del cólera

Los exámenes para determinar la existencia del cólera abarcan hemocultivos y coprocultivos. Una vez diagnosticado el cólera, el tratamiento se centrará en la reposición de los líquidos perdidos a través de la diarrea. Según sea la gravedad de las pérdidas, la administración de líquidos puede hacerse en forma oral o intravenosa. En este sentido, la OMS ha desarrollado una solución rehidratante oral más económica y de uso más sencillo que el líquido intravenoso. Actualmente se utiliza a nivel internacional.

La enfermedad del cólera también puede ser tratada con antibióticos, como las tetraciclinas, la ampicilina o el cloramfenicol. La mayoría de los pacientes tratados se recuperan al cabo de unos tres a seis días. El pronóstico, en consecuencia, es favorable. Sin embargo, en los casos en los que no se reciba el tratamiento adecuado, las complicaciones pueden ser graves. De hecho, sin este tratamiento, el curso natural de la enfermedad puede suponer un 50% en las tasas de mortalidad, mientras que siendo tratada, el porcentaje se mueve alrededor de un 1%.

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