El coitocentrismo podría definirse como la tendencia a necesitar la práctica del coito durante las relaciones sexuales para que puedan percibirse como relaciones plenas y satisfactorias.

Esta tendencia supone una serie de concepciones sobre la sexualidad no del todo correctas.

  1. Considera el coito (penetración) como lo más importante de las relaciones sexuales.
  2. No se consideran relaciones sexuales, las prácticas donde no se haya producido coito.
  3. Se subestiman el resto de prácticas sexuales, tales como el sexo oral o manual, no considerándose prácticas completas o satisfactorias en sí mismas.
  4. El fin de la sexualidad es conseguir llegar al orgasmo a través del coito.

Genitalidad y sexualidad

Otro concepto muy relacionado con el de coitocentrismo sería el de genitalidad; este hace referencia al uso imprescindible de los genitales en las relaciones sexuales, entendiendo éstas como incompletas si no han intervenido estos órganos.

Para que haya coito, tiene que haber genitales, ya que el coito supone la unión sexual de dos individuos a través de sus órganos genitales.

¿Qué implica el coitocentrismo?

Las personas que tienen muy interiorizada esta forma de entender la sexualidad, puede que lleguen a vivirla con gran ansiedad y angustia. Puesto que la base de las relaciones sexuales es el uso de los genitales, éstos van a tener una importancia exagerada.

En el caso del hombre, el pene se convierte en su órgano más importante. Debe ser de gran tamaño, alcanzar una dureza considerable y aguantar el máximo tiempo posible durante la penetración para que pueda dar placer a su pareja.

En el caso de la mujer, debe tener una vagina perfectamente lubricada y disfrutar enormemente de la penetración de su pareja.

Otra de las implicaciones del coitcentrismo es que cuando el hombre eyacula, termina la relación sexual, puesto que no existen otras prácticas para hacer disfrutar a la pareja.

Aparición de disfunciones sexuales

Es muy probable que las personas que tienen esta concepción de la sexualidad desarrollen disfunciones sexuales.

Primero, porque el placer de la mujer está supeditado al del hombre. Se entiende que ésta solo puede y debe disfrutar con la penetración vaginal. Desde el punto de vista biológico, la mujer disfruta su mayor placer sexual a través de la estimulación del clítoris, necesitando la mayoría de las mujeres una estimulación directa o indirecta de este órgano, y esto no siempre se produce durante la penetración.

Segundo, porque los hombres y las mujeres tienen ritmos distintos de excitación sexual. Las mujeres, generalmente, necesitan más tiempo para alcanzar un grado alto de excitación sexual. Para ello, son muy importantes los “juegos previos”, los besos, las caricias, los abrazos, los achuchones, los lametones… que impliquen o no los órganos genitales.

Tercero, porque el hombre siempre tiene que estar dispuesto para tener relaciones sexuales. No puede permitirse el lujo de tener pocas ganas, ya que su pene tiene que responderle de forma adecuada. Además, suponiendo que no haya problemas de deseo ni en la forma de excitarse, el hombre debe “aguantar” hasta que su pareja esté satisfecha.

Si bien la biología y fisiología sexual dicen que la mujer necesitará una estimulación clitoriana “extra” para alcanzar el orgasmo, la práctica coital no es la más adecuada para ello.

Por lo tanto, las consecuencias de este modelo de sexualidad es que las mujeres no estarán satisfechas sexualmente, y los hombres eyacularán antes de lo deseado.

Cambio de concepción respecto a la sexualidad

La práctica sexual coital está sobrevalorada. Si bien es una práctica satisfactoria, debería entenderse ésta como algo más de las relaciones sexuales. Cada cual debe buscar su placer de la forma que más le guste. El sexo oral o manual son prácticas sexuales que pueden dar lugar a grandiosos orgasmos, y son prácticas sexuales en sí mismas.

Lo mismo ocurre con los besos, las caricias, lo roces, los masajes y todo lo que cada pareja desee usar en sus relaciones sexuales. Disfrutar más de estos momentos sin importar lo que vendrá después favorecerá y fortalecerá la relación de pareja, y a la vez, se enriquecerán de forma extraordinaria las relaciones sexuales.