Hay un vicio entre la especie humana, extendido como virus, que es la envidia. Esta se manifiesta en los diferentes ámbitos en los que se mueve la sociedad. El de la relación entre sexos es uno de ellos.

Es habitual que, ante la admiración del género femenino ante un actor o famoso, el varón responda atacando su virilidad o su capacidad para realizar su profesión. En el caso opuesto, se suele aludir que si a las piernas torcidas, lunar mal puesto o una excesiva promiscuidad.

Hay excepciones. No es fácil encontrar crítica femenina a Catherine Zeta Jones, por ejemplo, ni masculina al actor George Clooney, que es quien nos ocupa. Es más, se entiende la admiración.

El arte desde la cuna

De familia de artistas, se dio a conocer en la serie Urgencias. No tardó en llamar la atención de la industria y, midiendo los pasos, no dio el salto al cine hasta que llegó Tarantino a proponerle el papel protagonista de Abierto al amanecer, que el director producía. Obra menor, que acabó teniendo tirón comercial.

Posteriormente, tuvo la paciencia de irse labrando una posición con títulos comerciales, como el de Batman en una de las películas de la saga de las que se encargara Joel Shumacher y otras con directores tan solventes como Soderbergh o Terence Malick. Iba midiendo la carrera como un artesano que cuida su obra. De vez en cuando volvía a una producción comercial, que hiciera al publico no olvidarse de él, tomando prestigio y experiencia para aquellos proyectos más personales.

Comparaciones odiosas, odiosas comparaciones

Definido como el nuevo Cary Grant, Clooney demuestra que para la comedia no está tan dotado como aquel, sí en cambio para el resto de terrenos por los que se pueda mover. Comedia tipo hermanos Coen, de la que se ha hecho asiduo, donde acaba pareciendo un aspirante a payaso. Sí se mueve más cómodo en aquellas de picaresca donde dar rienda suelta a su otro yo "malvado". Dentro de este grupo está la saga de Oceans, por ejemplo, y donde lo único destacable es la detectable complicidad entre los protagonistas, íntimos amigos por otro lado.

Proyectos más personales donde se ha implicado han sido varios, bien en tareas de producción, bien de dirección. Obras como La tormenta perfecta, de aparente perspectiva comercial, se convertían en dramas humanos muy estimables gracias a su labor. También Solaris, que produjo, pero que terminó siendo una obra aburrida.

Y, comienzo de su etapa como director

Tras Confesiones de una mente peligrosa, obra menor pero estimable con la que debutó como director, emprendió un proyecto muy acorde a su postura política: Buenas Noches Buena suerte. En ella, trataba de plasmar la censura en época del senador McCarthy desde la redacción de una emisora local. Reservándose un papel menor, Clooney manejaba con maestría el pulso narrativo de un guión comprometido a la vez que solvente. Del mismo año es Syriana, por la que ganó el Oscar -que recibió con un comentario tan atinado como "Entonces no cuento con el premio de mejor director". Obra injustamente valorada que, junto con la anterior, da idea del compromiso político del actor.

Sin dejarse llevar por la industria, ha dado buenas muestras de una personalidad acusada implicándose en proyectos no muy políticamente correctos. Es consciente de su calado entre la gente, de ahí que lo aproveche. Activista pro Obama, ha intervenido en películas tan críticas como 3 reyes o la comentada Syriana, por la que ganó el Oscar.

Volvió a ser nominado por Michael Clayton o la reciente Up in the air, obras muy estimables igualmente, y en las que su papel le permitía lucir en mayor medida sus dotes interpretativas sobre su físico. También ha tenido algún que otro fracaso comercial, como El buen alemán, de su amigo Soderbergh y que da idea de su interés por las historias por encima de las taquillas.

"El americano": su penúltima película

La que nos ocupa es El americano. Producción europea que trata de emular obras europeas de los años 60. Matón a sueldo que, tras un golpe supuestamente fallido -no se llega a saber por qué-, opta por el retiro tras quedar afectado psicológicamente por las consecuencias del encargo comentado.

Con mejores intenciones que realidades, se vislumbra lo que quiere contar la película: se deja demasiado a criterio del espectador determinadas partes de la trama. Desarrollada en escenarios muy bonitos del norte de Italia, propone un interesante contraste entre el criminal, encargado por Clooney, el supuesto personaje -el cura- que ha de significar bondad y que también tiene su pasado y el correspondiente de la prostituta que, si bien por su profesión podía significar la parte oscura, su actitud demuestra lo contrario.

Como si de un malhechor se tratara, el director trata de no dejar evidencias, que sea la imagen la que hable. Esto lleva a un ritmo pausado, quizá lento pero acorde con la historia. Un personaje esperando su final, sin saber cuál va a ser, no pisa el acelerador precisamente.

No hay pistas. Tan solo alguna conversación y la impaciencia del protagonista van dando idea de cómo va la trama. Desarrollo que se hace esclavo del buen hacer de Clooney y que echa en falta alguna historia paralela o algún personaje adicional para separar el interés del espectador en la trama. Es ahí donde se nota la experiencia en fotografía y vídeos musicales; imagen sobre diálogos, psicología sobre acción.