El cliché es un elemento conocido, algo que suena familiar por su reiteración. El cine se vale de muchos lugares comunes para generar una determinada sensación en el espectador. Hasta las mejores películas caen en algún cliché. Aquí veremos algunos de los más frecuentes.

La carrera final, el cliché más común de las películas románticas

De entre todos los recursos a los que recurre el cine, la carrera final es el más habitual y puede encontrarse en gran cantidad de películas. Las comedias románticas tienden a utilizarlo con más frecuencia, pero ningún género está a salvo.

La carrera final consiste en un personaje que en los últimos minutos de la película corre para que su objetivo, habitualmente una persona del sexo opuesto que acaba de darse cuenta que es el amor de su vida, no se le escape.

Algunos de los actores que han protagonizado estas corridas en busca del amor son Billy Cristal en "Cuando Harry conoció a Sally" ("When Harry met Sally"), Cameron Díaz en "El descanso" ("The holiday"), Renée Zellweger en "El diario de Bridget Jones" ("Bridget Jones's diary"), Dustin Hoffman en "El graduado" ("The graduate") y Helen Hunt en "Naufrago" ("Cast away").

Esta situación está comúnmente relacionada con otros dos clichés. En el primero, una persona con prisa se sube a un taxi en pleno Nueva York, pero el tráfico es tan intenso que opta por bajarse y correr. Siempre le da unos dólares al conductor y éste, bajo ninguna circunstancia, controla el dinero o le da vuelto.

El segundo cliché relacionado con la carrera final es el aeropuerto, lugar de pérdida definitiva del amor. Detener el avión y sortear los controles policiales son las dos maniobras a las que recurren los personajes para que el ser amado no se vaya.

Pueden observarse estas situaciones en "Sintonía de amor" ("Sleepless in Seattle"), "Sabrina", "Realmente amor" ("Actually love") y "Mentiroso, mentiroso" ("Liar, liar").

Madres, padres y secuestros: un cliché de los films de acción y suspenso

Cuando una madre denuncia que su hijo desapareció, todos creen que está loca. Ella es la única que lucha por recuperar a su hijo, pese a que toda la gente que la rodea se le opone. Este cliché se da en films como "Plan de vuelo: desaparecida" ("Flightplan"), "Misteriosa obsesión" ("The forgotten") y "El sustituto" ("Changelling").

Cuando un padre descubre que su hija desapareció, se trata de un secuestro. Todos le creen, la policía lo ayuda, pero será él quien la rescate. El rapto de la hija es siempre una venganza contra el héroe, para obtener algo de él. Así sucede en "Ni una palabra" ("Don't say a word"), "A la hora señalada" ("Nick of time"), "Rescate" ("Random") y "Búsqueda implacable" ("Taken").

Si bien esto puede variar, hay una fuerte tendencia a que las madres busquen hijos varones y los padres salven hijas mujeres.

Clichés de películas con aviones

En el cine, los aviones siempre aterrizan de noche. Sin importar de dónde vengan, a dónde van o a qué hora partieron, cuando la película concluye con un aterrizaje, esto siempre sucede a oscuras.

Este cliché supera todo género. Ya sea un film sobre un avión secuestrado, con un desperfecto técnico e incluso si el avión es solo una anécdota con la que termina la historia, indefectiblemente la escena mostrará el avión detenido en la pista, los pasajeros bajando, los bomberos y la policía rodeando la zona y las sirenas sonando.

Algunos ejemplos son "Plan de vuelo: desaparecida" ("Flightplan"), "Con Air (Riesgo en el aire)" y "Turbulencia" ("Turbulence"). Incluso en el final de una comedia como "Mentiroso, mentiroso" ("Liar, liar"), cuando el padre interpretado por Jim Carrey persigue el avión, es de día. Sin embargo, cuando la su familia sale del avión y se reencuentran en la pista, ya está anocheciendo.

La noche funciona entonces como cierre del día de aventuras y peligro: es la paz, el descanso. Y hay que decirlo: los autos de la policía y los camiones de bomberos se lucen más de noche, con su imponente iluminación destacando en el fondo oscuro e indeterminable.

El encierro en el ascensor, un lugar común para generar tensión

Nadie quiere quedarse atrapado en un ascensor y los guionistas lo saben. Según el personaje y la película, la situación se traduce en un momento incómodo, peligroso, gracioso o claustrofóbico.

Los protagonistas atrapados en un espacio reducido son una estrategia que incluso Hitchcock utilizó en numerosas películas. El ascensor se convierte en el ejemplo extremo del encierro físico. Es el caso de "Tienes un e-mail" ("You've got mail") y "La boda de mi mejor amigo" ("My best friend's weddind"). Ni Woody Allen se salva de este cliché en "Misterioso asesinato en Manhattan" ("Manhattan Murder Mystery"), aunque, fiel a su estilo, se burla de la situación.

"La reunión del diablo" ("Devil"), recientemente estrenada, convierte al atasco en ascensor en película, destinando a los protagonistas a permanecer encerrados durante todo el relato.

El análisis de los clichés ayuda a una mejor compresión del cine. Algunos clichés son inevitables: si un personaje va a perder al amor de su vida, sería desesperante que no corra o que se queda esperando a que tráfico avance.

Otros clichés, como las madres que alucinan y los padres salvadores revelan un contenido ideológico más cuestionable, cuya modificación sorprendería al espectador.

Evitar los lugares comunes es renovarse, aunque todo lo nuevo, tarde o temprano se convierta en un cliché.