La civilización griega tiene sus raíces en las culturas minoica y micénica. Su ámbito de influencia llegó a abarcar desde el Mediterráneo occidental, la península balcánica, las islas del mar Egeo y las costas de Anatolia, conformando un vasto territorio denominado Hélade. Este territorio, no obstante, no debe contemplarse como un estado centralizado, ya que el poder político se hallaba fragmentado en múltiples ciudades estado o “polis” que, según soplaban los vientos, se aliaban, mientras que en otras ocasiones se enfrentaban en cruentas guerras.

Periodos históricos de la antigua Grecia: cronología

La cronología histórica de Grecia arranca a partir de las civilizaciones pre-helénicas, un amplio periodo que incluye la aparición, auge y caída de las culturas minoica y, posteriormente, micénica.

Hacia el año 1.200 a.C. el poder micénico empieza a resquebrajarse, probablemente, debido a una invasión de los dorios, aunque no todos los historiadores contemplan esta posibilidad, cuestionando si tal invasión en realidad tuvo lugar. En cualquier caso, es en estas fechas cuando da inicio la denominada edad oscura. Sobre este periodo se posee escasa información aunque, tal como se infiere por su nombre, la edad oscura se caracterizó por un claro retroceso de la cultura griega a todos los niveles.

En el año 750 a.C. se inicia época arcaica, con el resurgir de la nueva civilización griega y la aparición de las ciudades estado. Hacia el 500 a.C. entramos en el periodo clásico, donde la cultura griega nos ofrece sus máximas expresiones artísticas; un periodo que concluye en el año 323 a.C. con la muerte del legendario Alejandro Magno. A partir de ahí entramos en el periodo helenístico, donde se da continuidad a la Grecia Clásica gracias a tres grandes dinastías; la ptolemaica, la seléucida y la antigónida. La finalización de este periodo presenta alguna discrepancia o diferente interpretación, pues si bien algunos historiadores lo sitúan en el año 146 a.C. con la conquista de Grecia por parte de los romanos tras la batalla de Corinto, otros lo sitúan hasta el año 30 a.C. con el trasfondo de la batalla de Accio y la caída de la última soberana griega: Cleopatra.

La entrada en escena de Roma da lugar al último periodo histórico; la Grecia romana, una época que finalizaría en el año 330 d.C. coincidiendo con el restablecimiento de Constantinopla, anteriormente Bizancio, como capital del imperio romano en Oriente.

La arquitectura griega

El conocimiento que tenemos sobre la arquitectura griega proviene, fundamentalmente, del periodo arcaico tardío y del periodo clásico. Sus construcciones, básicamente templos y teatros, aún pueden admirarse, en muchos casos, en un estado de conservación envidiable. La división del estilo arquitectónico contempla tres órdenes: el dórico, el jónico y el corintio. Los materiales empleados incluían la madera para soportes y techos, ladrillos sin cocer para las paredes, sobre todo utilizados en la construcción de las casas, piedra caliza y mármol para las columnas, muros y las paredes de templos y edificios públicos, terracota para los ornamentos, y metales como el bronce para los detalles decorativos.

En general, la arquitectura de la antigua Grecia se caracteriza por su formalismo estructural y decorativo. Esta circunstancia se aprecia claramente en los templos, donde cada edificación se concibe como un elemento con identidad propia, pero al mismo tiempo integrado en el paisaje escultórico general. Los templos se construían en terrenos elevados que realzaban sus proporciones, al tiempo que aprovechaban los efectos de la luz para ser observados desde todos los ángulos.

Los templos constituían el monumento por excelencia de la cultura griega, aunque no debe asimilarse su función al de las iglesias modernas. Su función tenía más que ver con el lugar donde se depositaban ofrendas votivas o como depósitos asociados al culto de un dios en particular al que estaba dedicado el templo.

Otras edificaciones de gran importancia eran los teatros, que deben considerarse como los primeros edificios occidentales destinados a los espectáculos. Cada ciudad griega contaba con su propio teatro. Servían tanto para las reuniones públicas como para las interpretaciones dramáticas. Se erigían al aire libre, sobre una colina y en las afueras de la ciudad. Las gradas eran semicirculares y se asentaban en la ladera de un cerro, lo que permitía que los espectadores pudieran ver el escenario sin obstáculos gracias al aprovechamiento de la inclinación natural del terreno.

La vestimenta griega

En la vestimenta griega predominaba la sencillez, al principio con evidentes influencias de oriente. Uno de los más característicos era una túnica larga, llamada chitón, sujeta por un cinturón y en los hombros por una fíbula (similar a un broche), así como una capa conocida como himatión, hecha de una sola pieza, generalmente de lana y que se envolvía al cuerpo. Servía tanto para hombres como para mujeres, aunque en el caso de los hombres la túnica solía ser más corta y se completaba el atuendo con un manto corto llamado palio.

Los campesinos vestían ropajes de lana, cuero o pieles de animales, completando el atuendo con un gorro del mismo material llamado kyné. El vestuario, sin duda, dejaba clara la diferencia de clases. Las damas griegas, por ejemplo, utilizaban chitones que se ajustaban al talle, ganando amplitud en la falda mediante pliegues y remarcando el busto con una especie de banda, llamada strophion, que se ponían en el pecho a modo de sujetador.

En cuanto a tejidos, la lana era el más habitual, aunque el lino poco a poco fue introduciéndose, siendo más característico en la jonia. La seda también era utilizada, pero debido a su elevado precio, solo estaba al alcance de los más pudientes. Las sandalias eran el calzado más común entre los griegos.

Otros tipos de vestimenta fueron los peplos; una prenda rectangular de lana sostenida por los hombros y abierto en los costados; una vestimenta muy habitual entre las espartanas. Otro de los vestidos griegos era la clámide, parecido a una capa, aunque más ligero y muy adecuado, por ejemplo, para montar a caballo.

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