La citología de cérvix o prueba de Papanicolau es la técnica de elección para realizar el cribaje de cáncer de cérvix en la mujer, aunque también puede darse otro uso a esta prueba como el diagnóstico de infecciones genitales o la valoración del nivel hormonal.

El factor de riesgo de mayor importancia a la hora de ser susceptible de padecer cáncer cervical es la infección por VPH (virus de papiloma humano), más probable de portar si se mantienen relaciones sexuales con múltiples parejas y sin protección.

Con una pareja estable, sana y fiel, el riesgo es mínimo.

La prueba

Esta técnica puede ser llevada a cabo por un profesional de la ginecología (ginecólogo o matrona) o una enfermera formada para su abordaje.

El procedimiento es muy sencillo, pero la mayoría de las mujeres lo califican como poco agradable por la posición que se necesita y por las preguntas personales necesarias para conseguir una correcta y completa historia ginecológica y obstétrica de la paciente.

La mujer se ha de colocar, desnuda de cintura para abajo, tumbada y con las piernas elevadas y separadas por los estribos o perneras de la camilla ginecológica, consiguiendo así una posición óptima para la extracción de células cervicales.

Tras colocar el espéculo adecuado (aparato que sirve para dilatar la cavidad vaginal y observar el cuello uterino, y que puede ser grande, normal o virginal) el profesional toma dos muestras, la primera se toma con una paleta de madera denominada espátula de Ayre, esta espátula de coloca sobre el cuello y se gira suavemente para recoger células exocervicales, es decir del exterior del cuello.

El cepillo endocervical se introduce en el cuello para conseguir muestra del interior, se gira lentamente y se estira, esta acción puede ser algo molesta, y provocar un sangrado mínimo tras la exploración.

Siempre que se realiza esta prueba, además de la recogida de muestra se observa el aspecto general de vagina y cuello de útero, así como genitales exteriores, para una revisión más completa.

Cuando realizar la citología

El comienzo y frecuencia para realizar la citología está guiada por protocolos y recomendaciones que pueden variar ligeramente de un país a otro, y entre comunidades autónomas, al menos en el caso de España.

En general, se recomienda comenzar a controlar este tema una vez iniciada una vida sexual activa, o a partir de 21 años. Las dos primeras citologías suelen realizarse con un intervalo de un año o dos entre ellas y si son negativas, es decir normales, pasan a formar parte de los protocolos de cribaje.

Estos protocolos controlan a las mujeres cada 3-5 años, según localización, siempre que los resultados sean satisfactorios. Siempre se ajustan los controles a las necesidades o situaciones especiales de cada persona.

En la mayoría de los casos, se hará la última citología de cribaje entre los 65-70 años.

Educación sanitaria

Lo más importante para conservar una citología negativa, es decir un cuello uterino sano y libre de anomalías, es la prevención del contagio por VPH. Para evitar esta infección la mejor elección es el uso de preservativo, sobretodo si se tienen múltiples parejas sexuales.

Hoy en día, ya han aparecido vacunas que previenen el contagio de algunos tipos de este virus, y los laboratorios trabajan para mejorarlas y modernizarlas, pero aún así la mejor prevención sigue siendo el sexo seguro.