Hay casos en que la influencia de los padres resulta negativa, en particular, cuando están frustrados por no haber llegado a ser lo que querían.

Entonces, tratan de compensar su fracaso haciendo que alguno de sus hijos llegue adonde ellos no pudieron, lo que se convierte en sus vidas en una verdadera obsesión, que, a su vez, transmiten a sus hijos, haciéndoles víctimas de su frustración.

La protagonista es víctima de su propia madre

Nina (interpretada por la actriz Natalie Portman), que es bailarina en una importante compañía de ballet, influida claramente por su madre, hace de su profesión la única razón de vivir, lo que la lleva a tratar de conseguir la perfección, que, a menudo, va unida a la obsesión.

La relación con su madre es tremendamente tensa, porque esta la sigue tratando como a una niña e intenta controlar su vida por completo, ya que, en definitiva, la vive como si fuera la suya propia.

Nina no es feliz porque no está viviendo su vida, sino la que quiere su madre. Hay una lucha latente entre la niña y la mujer que es, la cual, por ejemplo, reprime su impulso sexual, manifestado en ocasiones hacia el director del ballet, liberándolo a través de la masturbación.

La rivalidad agrava el problema

Nina, a pesar de ser una excelente bailarina, tiene dificultades en la interacción con sus compañeras debido a la fuerte competencia por llegar a conseguir el puesto principal en el ballet, y eso le ocasiona un mayor sufrimiento.

En particular, la rivalidad de Nina con su compañera Lily (interpretada por Mila Kunis) cobra una enorme importancia, cuando se trata de conseguir el elusivo premio del estreno de “El lago de los cisnes” y comienza una guerra entre las participantes en la que vale absolutamente todo, para llegar donde se proponen.

Cuando existe rivalidad, todo vale

Los medios que se utilizan en casos de rivalidad profesional, generalmente, no son los más apropiados, pero es una guerra en la que todo sirve y, así, Lily arranca a Nina de los brazos de su absorbente madre, con el disgusto de esta, para llevarla a su terreno, donde tratará de obstaculizar que consiga el puesto de primera bailarina.

Para ello, se sirve del alcohol y de las drogas, dejando, finalmente, a Nina completamente anulada y perjudicándola para conseguir su meta. Así, el sufrimiento de la víctima se potencia y la tensión aumenta.

La tragedia de haber sido y dejar de ser

El guionista de la película, John McLaughlin, también expone la enorme tragedia que supone haber sido y, después, dejar de ser. La anterior primera bailarina del ballet es ya cuarentona y un buen día el director decide prescindir de ella, anunciándolo en público durante una fiesta, mientras comienzan los ensayos para elegir a otra.

En esta situación, que se suele dar con frecuencia en numerosos trabajos, se suma el escarnio público a la dificultad de aceptar el final de la propia carrera y, en este caso, la bailarina jubilada lo vive de forma trágica: sufre un gravísimo accidente y es ingresada en un hospital.

Cuando termina una fase de sus vidas, hay personas que no ven alternativas y no saben adaptarse a las circunstancias.

La obsesión por la perfección puede desequilibrar la mente

Este tema, asimismo, lo toca maravillosamente bien John McLaughlin. Por fin, y a pesar de todos los obstáculos, Nina consigue el puesto de primera bailarina en el futuro estreno del ballet.

Pero esto que, en principio, tendría que hacerla inmensamente feliz, porque ella cree que es lo que más desea en la vida, inducida por su madre, en realidad, le produce un exceso de autoexigencia, de responsabilidad y un enorme miedo a no ser perfecta, lo cual le obliga a ensayar constantemente, sin descanso, produciéndole un agotamiento nervioso y una confusión mental que la incapacita para distinguir entre realidad y ficción.

La incapacidad para distinguir realidad y ficción

Este tipo de incapacidad puede producir un desdoblamiento de personalidad en el que se ven y se hacen cosas totalmente irreales. Y, así, Nina vive un enfrentamiento con su rival, Lily, en el que Nina mata a su compañera, aunque, en realidad, el enfrentamiento es con ella misma que es la que termina de verdad matándose.

Otro desdoblamiento que ocurre durante la representación es que, en su obsesión por la perfección, se ve trasformada en un auténtico cisne negro, viviéndolo como tal.

Conclusiones

Esta genial película nos transmite, pues, varios mensajes, como el de la conveniencia de ser cautos con las frustraciones de cada cual: nadie debe intentar vivir en los hijos la vida que no se pudo dar a sí mismo, porque esto puede llegar a convertirlos en unos desgraciados y los hijos se traen al mundo, principalmente, para que sean felices.

Otro mensaje es el del respeto que debería primar en todas las profesiones, de modo que consiga el mejor puesto el que más vale, no el que llegue allí después de pisar a todos los demás.

En tercer lugar, la importancia de asumir que un día se puede dejar de ser lo que se es ahora, porque la suerte o las circunstancias cambien. Y que esto hay que afrontarlo como algo normal y pensar que hay muchas más alternativas en la vida para seguir siendo feliz.

Y que la búsqueda excesiva de la perfección conlleva muchísimo sufrimiento y, en casos extremos como el de esta película, un desequilibrio mental. La perfección no existe; somos humanos. Aceptémoslo.