Cada vez es mayor el número de mujeres que, en la actualidad, deciden someterse a una cirugía estética vaginal, también denominada labioplastia o vaginoplastia.

La popularidad de la intervención crece en todos los países, mientras que la información al respecto es aún muy escasa. Su popularidad ha aumentado en Inglaterra y Estados Unidos (donde se viene realizando hace años) aunque no ha tardado mucho en llegar a España.

Aun así, la mayoría de las que siguen realizándosela apuestan por mejorar ciertos tipos de complejos o, simplemente, porque pretenden mejorar la estética de sus partes más íntimas.

Por ello, un grupo de investigadores de la Escuela Universitaria de Londres (UCL) ha decidido publicar un informe para alertar de los posibles riesgos de este tipo de operaciones.

En el mismo estudio, además se ha puesto en duda los fundamentos éticos a la hora de someter los genitales a cuestiones estéticas.

Cirugía plástica y reparadora

En nuestro país se realizan estas operaciones, conocidas con el nombre de cirugía íntima, y como reconoce Antonio de la Fuente, cirujano plástico de la Clínica La Fuente, "estos procedimientos son muy antiguos. Yo he practicado en alguna ocasión esta cirugía en mujeres que tenían un excesivo desarrollo de los labios vaginales”.

Asimismo, explica que “el estrechamiento de la vagina no lo he llevado a cabo, aunque parece más propio del campo de la ginecología. Se trata de cirugías poco agresivas que suelen realizarse con anestesia local y a un precio razonable".

Aunque en España no se ha extendido todavía la moda por el rediseño genital, es posible que, como asegura Manuel Sánchez Nebreda, presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica Reparadora y Estética (SECPRE), no tarde en llegar.

Para este especialista, la noticia de la apertura de un centro en Los Ángeles dedicado exclusivamente al rejuvenecimiento vaginal, "es una insensatez porque ese no es nuestro trabajo".

Sánchez Nebreda se muestra muy crítico con esta nueva tendencia estética, y afirma que "en esta profesión no todo vale". En su opinión, estas cuestiones no pertenecen a su especialidad: "un cirujano plástico puede participar pero cuando lo pida un especialista en genitales femeninos".

Toda operación conlleva unos riesgos, y aunque en la cirugía íntima no sean especialmente elevados, siempre existen posibilidades de sufrir una infección, más peligrosa por estar situada en la zona genital.

Por todo ello, en caso de llevarse a cabo la intervención es importante que el médico informe siempre al paciente de las posibles complicaciones que pueden surgir tras la operación.

Por su parte, Liam Donalson, responsable sanitario del Gobierno británico, después de que más de 100 mujeres se hayan sometido ya este tipo de tratamiento en Reino Unido, ha ordenado una inmediata revisión de esta clase de cirugías para ver si ciertas clínicas privadas deberían estar más controladas.

"Los cirujanos plásticos deben seguir un código hipocrático que vele por la salud del paciente porque nosotros no estamos para atender los caprichos de mentes que, a mi entender, están enfermas", añade también Nebreda a raíz de estas informaciones.

Dificultades sexuales y autoestima

Según la BBC Mundo, la cirugía plástica vaginal tiene como objetivo mejorar la apariencia del órgano sexual, y la intervención más demandada es la reducción del tejido de los labios vaginales, que cuesta unos 5.000 dólares (unos 3.000 euros).

Las razones que llevan a someterse a esta operación son, fundamentalmente, de naturaleza física y psicológica, ya sea por insatisfacción por el aspecto de la vagina, baja autoestima o dificultades sexuales.

Sin embargo, los investigadores del estudio de la Escuela Universitaria de Londres señalan que es muy probable que la raíz de tales incomodidades sea de tipo psicológico; y, cuestionando su fundamento ético, aseguran que estas inseguridades y ansiedades "son causadas por la presión social y la publicidad".

Pero al contrario de lo que las pacientes piensan, la operación podría aumentar los problemas sexuales, ya que podrían dañarse los nervios de la zona vaginal, afectando así a la sensibilidad y la satisfacción sexual.

También podrían presentarse posteriores complicaciones en el parto, como hemorragias o desgarros.

Diseñadores de vagina

En contra de este estudio, los cirujanos especializados en estas intervenciones no se muestran de acuerdo y creen que "se ha exagerado" porque lo presentan como un procedimiento menor, con pocos riesgos.

Entre estas opiniones está la de la cirujana Angélica Kavouni, para quien “ésta es una operación que realizamos desde los años 70. Cualquier intervención mal efectuada acarrea riesgos, pero si se hace adecuadamente no tiene por qué".

Los diseñadores de vaginas son la última moda de la cirugía estética, que ofrecen muchas clínicas especializadas de EE. UU., y que incluso se han convertido en regalos especiales para cualquier acontecimiento.

Las mujeres que se dejan estrechar la vagina (por 7.000 dólares) normalmente han tenido varios hijos y se quejan de sentir poco o nada durante la relación sexual.

Reconstruir el himen

Otro caso también en aumento es el de mujeres que desean un segundo himen. En su mayoría provienen de América Latina o Cercano Oriente, y no quieren avergonzar a sus familias en su noche de bodas, contó recientemente el doctor Marco Pelosi, que pertenece a un equipo médico en una clínica de Nueva York, al periódico Wall Street Journal.

A estas pacientes las dejamos como si nunca antes hubiera pasado nada”, asegura Pelosi, quien sólo este año operó a unas 120 mujeres, en comparación con las dos que intervenía por año en la década de los noventa.

En cualquier caso, lo fundamental es tener muy en cuenta que las cuestiones psicológicas, inseguridades o complejos no se arreglan pasando por el quirófano.