
- Trapecistas que ríen en el peligro. - Teatro-circo Price
Hay una serie de telones que dividen en dos la pista. Entre la pista y la enorme araña de falsos caireles que cuelga del techo está la banda de música. Los espectadores se van acomodando sonrientes porque no hay nada más agradable que al entrar en un circo se escuche la fanfarria de la orquesta.
Una parodia del circo y circo en estado puro
La mitad de los espectadores asisten al espectáculo propiamente dicho. La otra mitad va a la zona par, la del lugar donde se cocina el show, donde los artistas discuten, se pelean, se ríen entre sí y del público que les sigue fascinado; aquí todo está medio destrozado, se juntan torpezas de todo tipo y dos parejas llaman la atención: la del payaso sin maquillaje pero con modos y maneras de clown tradicional y una preciosa rubita que parece ignorarle, que se maquilla, deambula como una diosa, bajo la mirada bobalicona del feliz enamorado; la otra pareja-despareja es la de una feroz integrante de la orquesta con varios instrumentos y un empleado al que quiere destrozar; exageran como en una película muda; nadie habla en ningún idioma, todos son sonidos, simulacro de algún idioma no inventado todavía.
Enseguida logran que se tenga la sensación de pertenecer a esta familia de 12 miembros, con una comodidad deliciosa. Parece que siempre se ha vivido entre ellos, especialmente porque no paran de parodiarse a sí mismos, mientras esperamos la gran aventura del circo en estado puro, que no faltará a la cita.
Del otro lado del telón rojo se suceden secuencias que son reídas y aplaudidas por un público que no se ve; llegan sonidos, carcajadas, la banda no para nunca de tocar, pero curiosamente los sectores no se molestan; detrás del rojo telón se ve la preparación de muchos números, las más de las veces fatalmente organizados. Y destaca un chaval de unos 10 años que emula al incipiente galán y se burla a su vez de esta arrogancia: malabares, magia, bromas, casi nada le sale bien, pero todo lo hace como si fuera el mejor. También está su hermano, de unos 15, muy profesional, y el payaso que persigue a la bella rubita es el padre real de los dos chicos que se parecen mucho, y la banda no para de brindar formidables melodías para que todo suceda con la auténtica magia del circo que aparece para los dos sectores de público: la jovencita se sube al trapecio fijo que está en la araña de falsos caireles con luces verdes y hace un número de alto riesgo y su enamorado payaso la sigue embelesado y cuando se encuentran arriba de todo, se sientan en una tarima, sacan pan y chorizo y meriendan y muestran un cartel que dice: "pauze".
Explosión de talento, riesgo y más risas
Ya en la segunda parte se intercambian las zonas. Y los artistas repiten la función. Se toman media hora para reordenar los estropicios que hicieron y quienes ahora ven el auténtico show se siguen riendo con personajes que ya conocen y se dejan abandonar al impacto de los números circenses producidos por una troupe acompañados por excelente música zíngara; los mismos artistas tocan los instrumentos de viento; dejan el escenario y suben por una escalera de pintor, bien corriente, y le dan al trombón, el saxo, la batería... mientras el maestro musical permanece con un acordeón a piano de alta calidad.
Corta la respiración la bella trapecista que ahora va por una cuerda tensa, funambulista seguida de cerca por su payaso enamorado, quien también sabrá sorprender sobre la cuerda; y entre unos y otros dejan que la magia se incorpore para siempre y estalle en un espectacular número de lanzamiento de cuchillos y hachas: la feroz peleona de detrás de la pista es la perfecta lanzadora que persigue por la pista al tipo que detesta y por supuesto nunca le da: todo es un festival de destreza extraordinaria que termina en un gran fin de fiesta con las torpezas de todos en estado extremo, las caídas, las roturas, los desplantes y los telones que caen para que tras la destrucción total, reaparezca el jovencito arrogante con un pequeño acordeón y luego se le sume su padre, el payaso enamorado, con otro acordeón, pero de tamaño medio, y entre ambos, frente a frente en los extremos de la pista del circo —ya los dos sectores de público unidos en el asombro y la emoción— tocan una dulce y triste melodía porque se acaba la función.
Circus Ronaldo es uno de los espectáculos del Festival de otoño en primavera en Madrid, y estarán hasta el 15 de mayo en el teatro circo Price.
Circus Ronaldo, una familia sorprendente, un teatro-circo donde el asombro y el talento se unen para rendir tributo a un trabajo sacrificado y humilde, con pocos elementos pero mucha imaginación y capacidad de supervivencia más allá de las modas y la costumbres de cada pueblo: son capaces de reírse de sí mismos en un mar de ingenio, gracia y destreza .
