En los años sesenta podemos identificar tres fuentes generadoras de cine sobre drogas: películas sexploitation, con porno «blando» y drogas —que utilizan la pérdida de las inhibiciones producida por la LSD como excusa para mostrar el sexo—, los esfuerzos de los grandes estudios y, muy significativamente, el auge de los filmes independientes.

Las primeras son producciones de presupuestos exiguos que se aprovechan de la relativa permisividad de la época a cambio de buenas dosis de propaganda moral, mostrando tantas mujeres desnudas como abarcaran sus precarios argumentos. Es el caso de producciones como Psychedelic Sex Kicks (1967) y la mayor parte de los títulos que nombraremos a continuación.

En cuanto a los grandes estudios, reclamaban también su parte del pastel de la contracultura, enfocando su estrategia en la creación de productos para ese público adolescente que de repente no acataba las normas. Un código de censura moribundo, combinado con la libertad sexual y el incremento del consumo de drogas entre la juventud, posibilitó el despegue.

Películas

Siete años después de The Tingler, llegaría a las pantallas Hallucination Generation (Edward A. Mann, 1966), rodada en Ibiza en blanco y negro, excepto las coloridas imágenes subjetivas que pretenden transmitir el efecto de la LSD, la cual se ve involucrada al final en un asesinato. Mother Goose a Go Go, de Jack H. Harris, en 1966, mezcla LSD y cuentos de hadas.

Al año siguiente se estrenaba The Acid Eaters (1967), película para adultos, de bajo presupuesto, dirigida por Byron Mabe tras el pseudónimo de B. Ron Elliot, donde, entre otras escenas, aparecen una colosal pirámide de LSD, un baile en top-less al estilo de The Orgy of the Dead (A.C. Stephen, 1965), retazos de Alicia en el país de las maravillas o dantescas bacanales de sexo psicodélico.

The Weird World of LSD (Robert Ground, 1967) también ahondaba en los peligros de la sustancia, pero adolecía en exceso la falta de fondos para otorgar credibilidad a los efectos especiales. Por su parte, LSD-25 (David Parker, 1967) constituye una especie de documental anti-LSD para alertar a los jóvenes sobre los peligros de la sustancia. Otro documental, Something's Happenning (Edgar Beatty, 1967), reflejaba el movimiento juvenil de finales de los sesenta en Los Ángeles y en San Francisco: curioso retrato de una época y un lugar extraños.

Movie Star American Style o LSD, I Hate You (Albert Zugsmith, 1967), en la que un desquiciado doctor administra LSD a sus pacientes, incluye una secuencia coloreada que pretende evocar un viaje de ácido. En el cortometraje LSD: Insight or Insanity (1967), Sal Mineo (uno de los actores de Rebelde sin causa) presta su voz en off para reprender el uso de la sustancia. Por su parte, en Italia se estrenaría LSD: La droga del secolo (Massimo Mida, 1967), producción antidroga de espías que utiliza trucos menores para reflejar el efecto del ácido.

El viaje de Corman

Ese mismo año se pergeñó la película más importante y controvertida sobre LSD por su fiel recreación de los efectos y la ausencia de juicios de valor o condena. Nos referimos a The Trip (El viaje, Roger Corman, 1967), protagonizada por Peter Fonda, Bruce Dern y Dennis Hopper, con guión de Jack Nicholson y banda sonora de Electric Flag. Corman, que probó el ácido poco antes de filmar la cinta, adoptó la postura de simple espectador, sin mostrarse a favor o en contra de la utilización de la droga, lo cual resultaba inédito hasta la fecha. Asimismo, el ácido lisérgico constituye el protagonista absoluto del argumento.

Aunque la American International Pictures (AIP) añadió, a espaldas del director, un prólogo advirtiendo sobre los peligros de la LSD y un final con el rostro de Fonda desfigurado, la película fue prohibida en algunos países, como Gran Bretaña, donde no se ha permitido su exhibición hasta 2002, y las críticas fueron encarnizadas, llegando a acusarla de hacer apología del consumo. Neutralidad y final abierto en un viaje en el que el objetivo es el aprendizaje.

Otra de las grandes producciones de ese año es The President's Analyst (Demasiados secretos para un hombre solo, Theodore J. Flicker, 1967), de la Paramount, con James Coburn en el papel de psicoanalista del presidente. El protagonista conoce a un grupo de hippies, hace el amor y prueba la LSD en un cóctel de humor negro, paranoia y afilada sátira política.

A ese mismo año pertenecen Riot on Sunset Strip (Infierno en Sunset Strip), con banda sonora de The Standells y The Chocolate Watch Band, y The Love-Ins, ambas dirigidas por Arthur Dreifuss. En esta última se contrapone la LSD con algunos significativos símbolos de la clase media norteamericana, mientras que Mondo Hollywood (Robert Carl Cohen, 1967) refleja en clave documental los excesos de las estrellas cinematográficas del momento. También se ha distribuido con títulos como Image, Hippie Hollywood y The Acid-Blasting Freaks. En la misma línea se sitúan Mondo Mod (Peter Perry, 1967), rodada en la calle Sunset Strip con los más estrafalarios personajes, y The Hippie Revolt (Edgar Beatty, 1967).

LSD: Lettvin vs. Leary (1967) es una película en blanco y negro de treinta minutos en la que el doctor Timothy Leary (Harvard) habla sobre la potencial utilidad de la LSD, en respuesta a las críticas y acusaciones del doctor Jerome Lettvin, que consideraba a Leary un agente del diablo. La película documenta un debate público que tuvo lugar en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) en 1967. Durante la intervención de Leary, se proyecta a sus espaldas el film de Jonas Mekas Report from Millbrook (1966). Con música de Ravi Shankar y Jefferson Airplane, la conferencia tiene lugar con el gurú de la LSD sentado sobre una sábana y a la luz de una vela. Cuatro años después, Lettvin trataría de competir con la popularidad de Leary con Sensory World (Jerome Lettvin, 1971), de imágenes y sonidos psicodélicos pero sin alucinógenos.