“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en la que su padre lo llevó a conocer el hielo”.

Parece complicado imaginarse un comienzo más lleno de intriga y emoción para una gran producción cinematográfica. Sin embargo, a pesar de los miles de ofertas y propuestas de lo más sugerente, Gabriel García Márquez jamás ha aceptado ceder los derechos de su obra más traducida y vendida.

Gabriel García Márquez, ganador del premio Nóbel en 1.982, como dijo la academia sueca 'por sus novelas y narraciones breves, en las que lo fantástico y lo real componen un riquísimo mundo imaginativo”, ha sido una fuente de inspiración constante para el mundo del cine. En un autor con varias obras adaptadas a la gran pantalla, choca aún más esa inquebrantable negativa.

Una obra tan imaginativa como reconocida

Cien Años de Soledad, con más de 700.000 páginas relacionadas en Internet, es la obra más mítica del autor colombiano. Un libro, tal y como William Kennedy, escritor estadounidense, ganador del Premio Pulitzer en 1.983, lo definió “la primera pieza de literatura desde el libro del Génesis que debe ser de lectura obligada para toda la raza humana”.

Una obra rebostante de sugerencia visual, en un lugar tan mágico como Macondo, con unos personajes tan espectaculares como el Coronel Aureliano Buendía, el cual “promovió treinta y dos guerras y las perdió todas. Tuvo diecisiete hijos varones de diecisiete mujeres distintas, que fueron exterminados en una sola noche. Escapó a catorce atentados, a setenta y tres emboscadas y a un pelotón de fusilamiento.”

No menos impactantes resultan el misterioso y casi inmortal Melquíades, que “sobrevivió a la guerra de Persia, al escorbuto en el archipiélago de Malasia, a la lepra en Alejandría, al beriberi en Japón, a la peste bubónica en Madagascar, al terremoto de Sicilia y a un naufragio en el estrecho de Magallanes”, o Úrsula, entre cuyas piernas pasan buena parte de los Buendía y que “la última vez que le habían ayudado a sacar la cuenta de su edad, por los tiempos de la compañía bananera, la había calculado entre ciento quince y ciento veintidós años.”

Elementos, todos ellos que podrían sentar una bases muy, muy sólidas para un ambicioso proyecto cinematográfico.

García Márquez y el cine

Aspectos como la tremenda extensión de la novela, la dificultad de trasladar las metáforas literarias o la sombra de la derrota en la batalla por recrear esta obra inmortal, no serían capaces de echar por tierra las ansias de directores y productores ambiciosos. Pero, aún así, el escritor siempre ha preferido que cada lector se imagine la historia. Probablemente, algo tenga que ver la propia decepción de Gabo con el lenguaje del cine.

Gabriel García Márquez llegó a México en 1.961 con la intención de dedicarse al cine. Iba con su esposa, Mercedes, de la que el autor dice “he sido capaz de escribir porque ella llevó el mundo sobre su espaldas”, su primer hijo y sólo 20 dólares en el bolsillo. Tras años de trabajo como guionista junto a Carlos Fuentes, Gabo se dio cuenta de que el cine estaba lejos de ser “la válvula de liberación de mis fantasmas”.

De todos modos, quizás la sentencia más clara contra la posibilidad de verla convertida en una película, aparecía ya, como una condena, en los papiros de Melquíades “todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra”.