¿Cómo empieza a gestarse un thriller erótico? ¿En placeres inconfesables, en gustos perversos? ¿En triángulos, cuadrados, pentágonos amorosos girando a toda velocidad? Pero si la respuesta es en la inseguridad propia de una mujer entrada en años, el thriller tomará un andar pausado, de cuestionamiento y dudas. ¿Puede aún así ser la película un thriller sensual? ¿Es Chloe una película brillante que mezcla sexualidad con introspección? Ni tanto ni tan poco. Algo es seguro: es una buena película para ver.

Catherine, la reconocida ginecóloga

El matrimonio es una institución difícil. Si ya cuesta en la juventud, qué queda para la adultez. La experiencia varía según el género: el hombre (dicen) conserva el atractivo según pasan los años y hasta puede ganar en seducción; para la mujer, en cambio, la belleza femenina (dicen) empieza a perder encanto y es cada día más difícil competir con las jovencitas. ¡Pero estos son sólo prejuicios! ¡Ideas que la sociedad impone en sus habitantes! Sí, pero a ver quién se lo explica a Catherine, que anda cercana a los cincuenta y cuyo esposo trabaja junto a estudiantes.

David, el querido profesor

David dedica, casi en exclusividad, su tiempo a sus clases. En estas, los jóvenes lo veneran. Ligado al mundo de los estudiantes los años parecen no pasar para él... aunque pasan. En ocasión de un nuevo cumpleaños, David decide ausentarse de su propia fiesta para quedarse con una de sus alumnas. "Gracias por anoche" lee su esposa en el teléfono móvil ¿La ha engañado su esposo con una de sus atractivas alumnas?

Presa de las dudas, Catherine pasa a la acción. Contrata a Chloe, una joven prostituta, para que seduzca a su esposo.

Chloe...

... la encantadora veinteañera. Comienza a relatarle a Catherine los encuentros con David. Entre la desesperación del engaño y las historias sexuales, ambas mujeres tejerán una perversa relación, sin comprender del todo cuál es su verdadero objeto de deseo.

Pasan los años, nos vamos poniendo viejos

Celos, envidia de la juventud, cansancio por la rutina. Son estas las ideas introspectivas que le dan altura al film y cierto punto de reflexión que nadie puede dejar de considerar. Catherine –magistral actuación de Julianne Moore (Hannibal, Las Horas, Ceguera)– es un personaje delicioso, del que se hace muy difícil no ponerse en sus zapatos.

Un final con suspense, la paleta fría de colores, y hasta una escena sexual de poco vuelo, son las características usuales que acercan a Chloe al thriller hollywoodense. La película avanza y la tensión del comienzo comienza a diluirse. Es probable que las responsabilidades de que esto suceda las cargue el director del film, Atom Egoyan, (El viaje de Felicia, Ararat), quién por momentos parece no sentirse del todo cómodo con el género thriller. A estas alturas, nadie duda que el sistema de etiquetamiento es una de las grandes contras del cine estadounidense (¿Quién dijo aquello de que las etiquetas son para las latas, no para las personas?).

El elenco lo completan Liam Neeson (La Lista de Schindler, Episodio 1, Batman begins), en el papel de David; Max Thieriot (Una niñera a prueba de balas, Jumper), el hijo de la pareja, y Amanda Seyfried (Mama mía!, Querido John, Cartas para Julieta), la irresistible Chloe…