Charles Robert Darwin, el naturalista inglés que postuló que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común y mediante un proceso de selección natural, nació en Sherewsbury, Inglaterra, el 12 de febrero de 1809.

A los dieciséis años su progenitor lo envía, junto con su hermano, a la universidad de Edimburgo a estudiar medicina, aunque encuentra fastidiosas las clases y dedica la mayor parte de su tiempo al ocio y a la investigación con pequeños animales y plantas. Al cabo de dos años, su padre viendo que no fructificaba su proyecto de hacer de su hijo un galeno de provecho le propuso abrazar la carrera eclesiástica formándose en el Christ's College de Cambridge. Si bien el jovern Darwin se graduó entre los diez primeros de su promoción, pronto dejó claro que su futuro no era el de un simple pastor anglicano titulado en letras. “Era tal mi simplicidad, que me maravillaba de que todo gentleman no fuera ornitólogo”, llegó a afirmar.

El viaje del Beagle

Con los estudios recién finalizados recibió una invitación de su amigo y mentor John Stevens Henslow que cambiaría su vida y la de las Ciencias Naturales: un puesto como naturalista observador (es decir sin sueldo) en la expedición cartógrafica a América del Sur a bordo del HSM Beagle. Después de una agria discusión con su padre que se oponía a su partida, la intermediación de su cuñado Josiah Wedgwood le otorgó finalmente el placet para embarcarse.

El viaje del Beagle, un bergantín de 238 toneladas bajo el mando del capitán Fitz-Roy, estaba planeado para 2 años. En realidad fueron casi 5 años, de 1831 a 1836, donde Charles Darwin y sus compañeros de expedición visitaron Cabo Verde, Brasil, Argentina, la Tierra de Fuego, Australia y las Islas Galápagos. Todo lo que en este viaje observó y recogió meticulosamente en sus cuadernos sería el germen de su gran obra El origen de las Especies, aunque para ello aún quedaban varios años.

Influencia de Thomas Malthus

A su regreso, Darwin publicó El diario del viaje del Beagle, alcanzando un notable éxito tanto como botánico como literato y se integró en la sociedad científica de Londres como un naturalista y zoólogo de reconocido prestigio.

En 1838 cayó en sus manos la sexta edición de la obra de Thomas Malthus sobre la que más tarde escribiría: "Sucedió que leí por diversión el “Ensayo sobre la población” y comencé a estar bien preparado para apreciar la lucha por la existencia que se da en todas partes y de inmediato me impactó el hecho de que, bajo tales circunstancias, las variaciones favorables tenderían a ser preservadas, mientras que las desfavorables serían destruidas. El resultado de esto sería la formación de nuevas especies. Aquí, por tanto, había una teoría con la que trabajar”. Charles Darwin ya comenzaba a intuir los fundamentos de su revolucionaria teoría de la selección natural.

Durante las dos décadas siguientes investigó el hecho de la transmutación de las especies, dedicándose a realizar pruebas con el cruce de animales, además de experimentar con plantas, hasta que descubrió indicios ciertos de que las especies no eran inmutables.

El asesinato de Dios

En enero de 1844, mientras paseaba discutiendo sus concepciones científicas con el botánico Joseph Dalton Hooker, no pudo evitar comentarle en tono jocoso que sus descubrimientos, plasmados en un entonces inédito Ensayo, le parecían “como confesarse culpable de asesinato”, puesto que, al cuestionar con fundamentos científicos los dogmas de la Creación, sentía que había eliminado a Dios.

Durante este tiempo también compartió sus avances con otros destacados científicos de la época como Thomas Henry Huxley (quien refutaba ardientemente las tesis darwinianas), Alfred Russell Wallace o el botánico estadounidense Asa Gray, éstos con investigaciones y deducciones muy similares a las de Charles Darwin.

Precisamente fue un artículo de Wallace sobre la Introducción de las Especies el que animó a Darwin a dar un empujón final a su propia obra para evitar que nadie le tomara la delantera.

Sin embargo, el trabajo de Wallace estaba tan avanzado que finalmente se realizó una presentación conjunta en la Sociedad Linneana de Londres, el 1 de julio de 1858, bajo el título Sobre la tendencia de las especies a crear variedades, así como sobre la perpetuación de las variedades y de las especies por medio de la selección natural compuesta por dos artículos independientes: el de Wallace y un extracto del mencionado Ensayo de Darwin de 1844.

Este evento no tuvo apenas repercusión y sus tesis fueron desdeñadas por la comunidad científica. Pero ese desprecio fue el que motivaría de una manera especial a Charles Darwin, quien, pese a un delicado estado de salud, conseguiría recopilar todas sus investigaciones en la obra El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida (popularmente conocida como El origen de las Especies) que salió a la venta el 22 de noviembre de 1859.

Evolución y selección natural

Su teoría se argumenta con nitidez en la introducción. “Como de cada especie nacen muchos más individuos de los que pueden sobrevivir, y como, en consecuencia, hay una lucha por la vida, que se repite frecuentemente, se sigue que todo ser, si varía, por débilmente que sea, de algún modo provechoso para él bajo las complejas y, a veces, variables condiciones de la vida, tendrá mayor posibilidad de sobrevivir y, de ser así, será naturalmente seleccionado. Según el poderoso principio de la herencia, toda variedad seleccionada tenderá a propagar nueva y determinada forma”.

Esta vez sí el éxito fue rotundo y, aunque en esta obra se evita conscientemente el término evolución, desde entonces hasta nuestros días la teoría de la selección natural y la evolución de Charles Darwin se ha convertido en la aportación más relevante de la historia de la Ciencia en este ámbito.

Charles Robert Darwin falleció el 19 de abril de 1882. Fue uno de los cinco personajes del siglo XIX, no pertenecientes a la realeza británica, honrado con funerales de Estado y enterrado en la Abadía de Westminster, próximo a John Herschel e Isaac Newton