A la sombra del cerro Bayo el pueblo espera la temporada turística. Días antes de la primera nevada, si es que esta sucede, una anciana intenta suicidarse. Tapa todas las hendijas con cinta, abre las llaves de gas, espera. Su hija llega minutos antes de que la muerte haga lo suyo. Pero el daño ya está hecho. La anciana queda en un constante y caprichoso coma.

Cerro Bayo, un pueblo turístico fuera de temporada

Cerro Bayo, la película de la directora Victoria Galardi cuenta las historias de los familiares, quienes, a la sombra de la fallida suicida, continúan sus vidas, del mismo modo que el poblado continúa la suya a la sombra del cerro. Cada uno afectado a su manera: Marta (Adriana Barraza), la hija adulta que sufre y no comprende qué la ha llevado a su madre a intentar lo peor, pero igual espera su recuperación; Lucas (Nahuel Perez Biscayart), el nieto, quien desea marcharse a Europa a probar suerte con el esquí pero no se anima a pedirle dinero a su padre; e Inés (Inés Efrón), la joven que quiere ganar el concurso de belleza, pero nunca ha tenido un orgasmo y en el pueblo dicen que estos mejoran la apariencia de la piel.

Cada uno a lo suyo. Tan cerca y tan distanciados. Tras lo hecho por la anciana regresará al pueblo de su infancia Mercedes (Verónica Llinás), la otra hija. Mujer radicada en Buenos Aires, pronto descubrirá que su madre había ganado una pequeña fortuna en el casino antes de morir (para Mercedes la vieja ya está muerta, no le den más vueltas al asunto), un dinero que podría aliviar sus cuentas. Pero ¿existe realmente ese dinero? ¿O son tan sólo habladurías de los pobladores?

Cerro Bayo, crítica

Con un ritmo medido, sin música (salvo en dos o tres momentos que la directora opta para resaltar), una tranquila fotografía (que no busca las tomas bellísimas que el sur argentino podría entregar) Galardi consigue una buena pintura del día a día en un pequeño pueblo del interior. Aquello de “pinta tu aldea” parece haber guiado los pasos de la directora. Cerro Bayo se anota en la interminable lista de los films de pueblos chicos, infiernos grandes. Sin descollar, con un ritmo que remite a aquel cine que se inició en la Argentina en los 90s y fue catalogado como “nuevo cine argentino” (que llevaría ahora quince años de existencia), Cerro Bayo configura una correcta película, de buenas actuaciones, que sabrán apreciar más aquellos que gustan de las pequeñas historias llevadas al cine.