Obtener energía directamente del mar, utilizando el calor de las aguas tropicales para activar centrales termoeléctricas en el océano, parecería un proyecto simple, si no fuese que una central submarina requiere la construcción de un inmenso sistema de bombeo de algunos metros de ancho y kilómetros de profundidad. Aún existen algunas limitaciones tecnológicas, pero Estados Unidos y Japón no se dan por vencidos. Un gran desafío tecnológico que, según los ingenieros de la Lockheed Martin, podría hacerse realidad en pocos años.

Existen diversos métodos para producir energía del océano, aprovechando las mareas o el movimiento de las olas para poner en funcionamiento las turbinas y generar electricidad.

Método de la energía talasotérmica

El método estudiado por los técnicos de la Lockheed Martin no utiliza como principio el movimiento de las masas de agua, sino la energía talasotérmica. Este tipo de energía se basa en el aprovechamiento de la diferencia de temperatura entre el agua en superficie y en profundidad para activar los generadores eléctricos. Las centrales de conversión de energía térmica del océano, OTEC (Ocean Thermal Energy Conversion), son sofisticadas máquinas térmicas en las cuales el fluido circula por el circuito e intercambia calor con el agua a diferentes temperaturas.

Centrales de ciclo cerrado

En este tipo de centrales un fluido con un punto de ebullición bajo (por ejemplo, amoníaco) entra en un intercambiador de calor en donde en contacto con el agua caliente, evapora. La presión de vapor hace mover las palas de una turbina conectada a un generador de corriente eléctrica. Sucesivamente el vapor llega de un intercambiador de calor en el cual entra en contacto con el agua fría, el líquido se condensa y comienza nuevamente el ciclo.

Centrales de ciclo abierto

Aquí la misma agua del océano es evaporada en recipientes a baja presión, y sucesivamente se condensa después de que el vapor de agua ha activado las turbinas.

Centrales híbridas

En primer lugar se evapora el agua y el vapor es utilizado para hacer evaporar el fluido. Este tipo de procedimiento puede ser aplicado con éxito en los océanos tropicales, en donde la temperatura superficial puede alcanzar los 30°C, mientras en las zonas más profundas puede llegar a 6°C.

Construcción de una central submarina

Se parte de la idea de llevar a la superficie el agua fría de la profundidad del océano, pero para mover grandes cantidades de agua, las simulaciones han mostrado que serviría un enorme tubo de 10 metros de diámetro y un kilómetro de profundidad. No es posible construir semejante estructura para después transportarla, por lo que los ingenieros han desarrollado una serie de sistemas para construir el tubo “in situ”. Para realizarlo, adoptaron un sistema usado actualmente para construir aviones, basado en una matriz inicial de material fundido que luego se deja enfriar. La velocidad del agua que es bombeada en el tubo se ha limitado para evitar que la planta pueda succionar peces y otras especies marinas que habitan en la profundidad del océano.

La idea de aprovechar el calor del océano para realizar centrales eléctricas no es nueva. En 1881 el físico francés Jacques Arsene d'Arsonval propuso la técnica. Gracias a Georges Claude, alumno de d'Arsonval, en 1930 se construyó la primera central en Cuba. En los años sucesivos creció el interés por este tipo de centrales y en los años 70 Japón y los Estados Unidos desarrollaron programas específicos para el aprovechamiento de este tipo de recurso energético.