La central nuclear Bugey se encuentra en la localidad de Saint Vulbas, en la región francesa de Ródano Alpes (sudeste del país), a 36 kilómetros de Lyon y a 300 de Torino, Italia.

Los habitantes de Saint Vulbas creen vivir en un paraíso: actividades deportivas gratuitas, tasas sobre la propiedad casi inexistentes, bonos regalados para usar los transportes públicos, boletas del agua reducidas a la mitad, asistencia a los ancianos casi gratis. En pocos años, la central atómica de Saint Vulbas ha hecho de la pequeña ciudad francesa, una burbuja de riqueza.

La transformación de Saint Vulbas

El cambio del pueblo se produjo gracias a los 60 millones de euros en royalties que la sociedad de energía eléctrica francesa (EDF) ha depositado en las arcas de las comunas limítrofes a la central.

Aunque las cuatro torres de evaporación imponen temor, Celine Poulet, mostrando su restaurante, dice: “Si no hubiera sido por la central, nada de esto hubiera existido”.

“Es el poder del dinero -comenta amargamente el padre Matthieu Gauthier, sacerdote de la iglesia del pueblo-, pero la población debería entender que el dinero no es todo, ni siquiera el progreso”.

Reducción de impuestos en la ciudad francesa de la central nuclear

Desde la construcción de la central, Saint Vulbas vive en creciente desarrollo económico. Aprovechando los beneficios fiscales comunales, han proliferado las industrias, la actividad comercial y la construcción. A pocos pasos del centro de la ciudad se encuentra el gran parque industrial Plaine, polo de atracción financiero con 115 empresas que emplean 4.500 trabajadores. Dado el progreso económico, la población se ha duplicado, pasando de 400 habitantes a finales de los años 60 (cuando iniciaron los trabajos de construcción de los reactores) a los actuales 800. La mitad son trabajadores de la central nuclear y del parque industrial, aunque aprovechando el “paraíso fiscal” hay personas que se establecieron en Saint Vulbas, pero trabajan en algún pueblo vecino.

Los habitantes de Saint Vulbas a favor de la central nuclear Bugey

“Si tiene que suceder algo, será obra del destino, nosotros no tenemos miedo”, expresa Elvira Magurno, quien reside a 200 metros de la central. “Las torres forman parte de nuestro paisaje, y no importa si una hora al día el sol se oscurece por efecto del vapor de agua; es una cuestión de hábito”. A Elvira, le hace eco el encargado del hotel de la Place: “desde que la central está en actividad, no tenemos jamás una habitación libre, por aquí pasan empresarios, operarios y emprendedores”.

Incidentes ocurridos en la central de Saint Vulbas

Desde que entró en funciones, en el año 1972, la central es una de las más discutidas de Francia, en donde hay otras 58 en actividad. En los últimos años se registraron numerosos incidentes: 181 fueron los eventos significativos contados por las autoridades de seguridad nuclear (ASN) en las cuatro centrales de la región Ródano Alpes (Saint Vulbas, Saint Alban, Cruas-Meysse y Tricastin). Un incidente cada dos días, el 3% más respecto al 2008 y el 26,5% más que en el 2007; todos de dimensiones irrelevantes, según funcionarios de la EDF, pero las comisiones antinucleares tienen sus dudas.

Meses atrás, en la central de Saint Vulbas se produjo un escape de agua radioactiva y un operario perdió una falange. Episodios como estos han hecho que la ASN hablase de “deterioro de la seguridad”. Según los ecologistas franceses, habría otros tantos incidentes que la dirección de la central no hace públicos. Como si esto no bastase, el Ferrocarril Federal Suizo anunció la voluntad de alejarse de la participación accionaria en la central nuclear.

Los 58 reactores nucleares franceses representan el 74% del total de la energía producida. Francia, junto con Estados Unidos y Japón, es uno de los países con mayor producción de energía nuclear.