De la exhibición por una adolescente de su cuerpo como objeto sexual, a través de un videíto digital, al sencillo registro o circulación de fragmentos de realidad de la vida cotidiana por medio de esa herramienta multimediática que es hoy un celular, está ocurriendo una nueva y generalizada revolución de hábitos y valores culturales. No todas las perspectivas, sin embargo, deben ser negativas.

Una frontera muy porosa

Se han producido nuevas mutaciones de origen tecnológico en las prácticas cotidianas de nuestra llamada Sociedad de la Información. La circulación social de documentos audiovisuales ha creado una enorme porosidad de las barreras entre lo privado y lo público, acarreando una consecuente falta de dimensionamiento y una fragilidad en la exposición (y en la constitución) de la identidad, en el resguardo de la intimidad y de la seguridad en relación con las redes de interconexión social. Esto lleva en ocasiones anexadas consecuencias trágicas o penales, estigmatización social, así como nuevos escenarios de denuncia y escrache.

El circuito se potencia con la publicación online y la toma de ese material por otras redes y por la televisión, que también beben de esas fuentes.

Madre Tele

Uno de los aspectos más vulnerados en la vida de las personas por las tecnologías al alcance de sus manos, es la capacidad de dimensionar el límite entre la intimidad y la exposición pública. Esto es un reflejo previsible, a escala breve, del desdibujamiento de las fronteras entre lo local y lo global.

Hace un buen rato la televisión viene infiltrando la cultura con formas rentables de traspasar la frontera de lo privado y lo público. Por un lado, la repercusión que pueden alcanzar personas comunes que, llevadas a convertirse en figuras mediáticas por cualquiera que sea la causa, se encuentran de un momento a otro servidas en un plato del que todo el mundo quiere probar, hablar, vender, comprar, al menos por algunas horas o días. Por otro lado, esa masa de aspirantes a la farándula dispuestos al exhibicionismo de todo aquel rasgo de intimidad que produzca rating: un desengaño, una perversión, una glándula, una infidencia, una mentira, unos odios familiares o unos minutos de ridículo.

Trágica convergencia digital

Sin embargo, el acceso masivo a tecnologías domésticas y portátiles de grabación digital inauguró unas reglas –o falta de ellas- diferentes en lo que hace al acceso y participación directa. Algunos ejemplos que la televisión se ha encargado de difundir tienen su origen en el uso de celulares y la convergencia digital que los aparatos franquean. Servirán para ilustrar la situación.

El primero trata de una grabación digital telefónica de una pareja teniendo relaciones íntimas y que alguien maliciosamente se encarga de hacer circular por la red de celulares. Esto desencadena una tragedia. Medio pueblo ha visto esa grabación violatoria de la intimidad, al ser esta divulgada por ese medio. La estigmatización social se cierra en torno a la víctima: la mujer que protagoniza la escena privada, en su desesperación, mata a una compañera de trabajo, a quien acusa de haber difundido la grabación.

Diversión y conflictos

El segundo ejemplo es sobre un grupo de siete agentes de la policía caminera, quienes se encuentran de servicio y deciden por diversión realizar una performance artística basada en un musical, en un paraje de la ciudad, con sus uniformes. La ocurrencia es filmada por un compañero con un celular. Más tarde, la grabación circula y al tomar la cuestión estado público, vía la televisión, el asunto se sale de cauce y provoca severas sanciones. El ejemplo es risueño y de poca trascendencia, pero sirve para mostrar de qué pequeñeces se nutren las redes y los medios. Y cómo una simple filmación ocasional puede, en otro contexto, resultar moral o profesionalmente lesiva.

El tercer ejemplo se centra en un enfrentamiento violento entre vecinos: uno de los participantes registra con su celular cómo los habitantes de la casa de al lado, con quienes sostienen un conflicto, inician un ataque a peligrosos pedradas. La grabación constituye un testimonio de valor legal y prueba de primera mano para mediar en el hecho.

Documentos esclarecedores

Los ejemplos muestran el uso generalizado de las aplicaciones y se pueden agregar tantos casos como sea posible imaginar. Se graban digitalmente hechos de todo tipo, registros que incluso pueden luego alcanzar valor testimonial, para condenar a delincuentes, denunciar abusos, salvar vidas.

Un último caso ilustra este aspecto: un entrenador de fútbol pierde su celular y en él están grabados abusos sexuales de que su dueño ha hecho objeto a niños. La policía recibe el celular de manos de una persona que lo encontró en la calle, y da con pruebas fundamentales para condenar un aberrante delito. En este caso, los límites entre intimidad y exposición eran bien claros para el abusador: sólo un error suyo permite poner fin a su práctica degradante.

La acción misma es perversa y el registro constituye un hecho colateral no menos perverso, pero debido a las circunstancias, al constituirse en prueba contundente, permite esclarecer acciones de suma gravedad y condenar al culpable.