La cefalea tensional se describe como una especie de dolor sordo y constante que afecta a ambos lados de la cabeza. La cefalea aparece cuando los músculos del cuello y del cuero cabelludo se contraen o entran en tensión. A veces también se produce el mismo efecto en la quijada y los músculos del cuello. Este tipo de cefalea se inicia gradualmente, por lo general a la mitad del día. Las cefaleas tensionales pueden ser leves o graves. Si su incidencia gira en torno a las dos o tres veces semanales y se mantiene durante algunos meses, entonces ya estamos hablando de una afección crónica.

Etiología de la cefalea tensional

Las causas de la cefalea tensional son diversas. Pueden estar ocasionadas por el estrés, la depresión o la ansiedad. También las actividades que obliguen a mantener mucho tiempo la cabeza en una misma posición, pueden desencadenar una cefalea.

Se distinguen dos tipos de cefalea tensional:

La del Tipo I se caracteriza por su larga evolución, que va desde algunos meses hasta varios años. Suele presentarse por la mañana, aunque también puede ser vespertina. Al principio intermitente y más adelante continua. Se presenta a ambos lados de la cabeza o en la región occipital.

La del Tipo II se caracteriza por un dolor difuso y una sensación de presión, con síntomas intermitentes que suelen aparecer por la mañana y duran todo el día. La descripción del dolor es vaga y los medicamentos no solucionan el problema.

Igualmente hay factores que tienen una clara incidencia en la aparición de cefaleas. Entre los más destacados:

  • El consumo excesivo de alcohol.
  • El consumo excesivo de café.
  • El consumo excesivo de tabaco.
  • Gripe y resfriados.
  • Bruxismo.
  • Un excesivo esfuerzo.
  • Tensión ocular.
  • Fatiga.

Sintomatología de la cefalea tensional

Los síntomas más comunes de la cefalea tensional están asociados a un dolor sordo, a modo de presión, generalizado, aunque más acentuado en el cuero cabelludo, las sienes y la parte posterior del cuello. Su duración puede variar entre pocas horas –incluso menos– o prolongarse hasta tres días, aunque lo más común es que dure un día. A diferencia de la migraña, que es un dolor muy localizado, la cefalea se presenta como un dolor más difuso. No suelen haber náuseas, vómitos u otras secuelas parecidas, aunque sí es bastante común que se presenten dificultades para dormir. Una forma habitual de aliviar el dolor consiste en masajear el cuero cabelludo, las sienes o la parte posterior del cuello.

Tratamiento y prevención de la cefalea tensional

El tratamiento tendrá muchas más posibilidades de éxito si se reconocen las causas que han provocado el dolor de cabeza. La idea es implementar una conducta preventiva. En este sentido ayuda hacer anotaciones diarias –siempre que se produzca el dolor de cabeza– que permitan identificar los desencadenantes de la cefalea. Las notas incluirán lo que se ha comido, bebido, las horas de sueño, el momento en que aparece el dolor de cabeza y que se estaba haciendo en dicho momento.

En general es recomendable modificar los hábitos o estilos de vida, empezando por el sueño (dormir más), mantener una vida más sana y practicar regularmente ejercicio o hacer estiramientos de los músculos del cuello y de la espalda. Evitar el frío, sobre todo cuando se identifica como una de las causas, cambiar de almohada o de posición al dormir, adoptar posturas correctas en actividades como la lectura o similares y ejercitar las zonas como el cuello o los hombros. Todos ellos son factores de prevención que ayudarán a evitar o minimizar los dolores de cabeza.

Los analgésicos también pueden ser de ayuda, como la popular aspirina, el ibuprofeno o el paracetamol. La combinación del tratamiento farmacológico con técnicas de relajación, e incluso la terapia cognitiva conductual o el uso de la acupuntura, pueden aliviar considerablemente la cefalea.

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