Cuando se rompen las relaciones amorosas, las personas se encuentran ante una situación muy difícil de llevar. Poder afrontarlo mejor o peor va a depender de las circunstancias que hayan llevado a la ruptura y de la vida que lleven los miembros que se separan.

Muchas veces los miembros no saben encontrar el motivo, y tratan de encontrar culpables a dicha situación. La mayoría de las veces es algo que se produce ante una responsabilidad compartida.

La idea extendida de que el amor lo puede todo”, y “si nos queremos no nos dejaremos nunca” es rotundamente falsa.

Causas de ruptura amorosa

Dos personas pueden decidir poner fin a su relación de pareja por dos causas principales. De forma general podrían resumirse en:

  1. Alguno de los miembros ha alcanzado una etapa de su vida en la que decide progresar, tiene proyectos en mente que no incluyen a su pareja, o su pareja no desea seguirle en el camino. Este puede ser el caso de parejas jóvenes que deciden seguir caminos diferentes, personas que priorizan su carrera profesional, personas que deciden irse a vivir a otra parte del mundo o personas cuyos valores o filosofía de vida no encajan con los de la persona amada.
  2. Deterioro de la relación de forma progresiva. La relación amorosa ha estado deteriorándose durante varios años, de forma que lo que un miembro percibe que “invierte” en la relación ya no le compensa con lo que recibe. De esta forma surge el desamor y la consiguiente ruptura. Este puede ser un ejemplo de parejas que llevan mucho tiempo juntas y la rutina y la falta de habilidades para resolver los problemas de pareja, han desembocado en el desamor.
Estas pueden ser las dos causas generales de ruptura de pareja, ya que la mayoría de situaciones están relacionadas con estas.

Te dejo por otra persona

La ruptura debida a terceras personas se englobaría dentro de la segunda causa. Hay que tener en cuenta que las personas que deciden abandonar a su pareja por otra es porque su relación no funcionaba de forma satisfactoria, ya estaba rota o deteriorada antes de la entrada de esta nueva persona.

En parejas felices, enamoradas y bien definidas, no cabe la posibilidad de que otra persona entre o se interponga entre los miembros. En primer lugar, porque la necesidad amorosa y afectiva estará cubierta y posiblemente también la parte sexual.

En segundo lugar, porque las parejas bien definidas tienen muy claro quiénes son ambos miembros por separado y quiénes son como pareja. Saben lo que quieren y cómo conseguirlo.

Ser feliz en una relación implica tener las necesidades cubiertas, y tener habilidades personales para resolver los problemas en el momento.

Cuando estas necesidades no se cubren o no se han tenido las habilidades necesarias para resolver conflictos, se producirán frustraciones constantes que desembocarán en un vacío emocional. Es en esta situación donde las personas son receptivas a dejarse seducir y enamorar fuera de la pareja.

No nos entendemos

Otra causa muy repetida sobre el motivo de ruptura suele aludir a la diferencia de caracteres. Dos personas no se entienden porque no “encajan” en lo que buscan o desean del otro. La idealización de la persona o de lo que debe ser una relación ideal no permite ser flexible en ciertos aspectos de la forma de ser del otro. Pretender que la persona amada cambie su forma de ser es un error, puesto que no va a suceder.

Esta causa estaría muy relacionada con la primera, ya que las diferencias de personalidad, estilos de afrontamiento, valores o actitudes pueden dar lugar a que los miembros deseen seguir caminos diferentes.

Otro caso podría darse cuando uno de los miembros ejerce poder o superioridad sobre el otro, sometiéndolo a una forma determinada de hacer las cosas.

Cuando el poder, la desigualdad, la falta de respeto, la intolerancia y la violencia física o verbal se dan entre dos personas, hay que poner fin de forma inmediata.

Es muy importante que esto se haga desde el principio de la relación, ya que si no, se establecerá una relación de pareja basada en el poder. Este tipo de relación supondrá graves secuelas psicológicas en incluso físicas, muy difíciles de superar.