Los informativos ofrecen noticias apocalípticas sobre situaciones climáticas habituales en las respectivas estaciones del año en las que suceden: temperaturas bajo cero y grandes nevadas en invierno, olas de calor en verano, sequías, huracanes etc. Todas esas situaciones son aderezadas con comentarios directa o indirectamente relacionados con el calentamiento global del planeta y la relación determinante del Ser humano en estos presuntos cambios.

Causas del cambio climático: un dogma de fe

A menudo se oye decir que en la comunidad científica existe unanimidad en las tesis que relacionan el aumento del CO2 con el calentamiento global y la responsabilidad del ser humano en este hecho; pero, en realidad, más de un 75% de los científicos especializados en climatología niegan esta teoría y, aún así, en los medios de comunicación se continúa presentando como una verdad absoluta con el refrendo de un ente intergubernamental formado por los mejores científicos del mundo: el denominado grupo de expertos sobre cambio climático de la ONU o IPPC.

El Profesor Philip Stott del departamento de Geografía Física de la Universidad de Londres define este organismo como "un ente político con unas conclusiones finales dirigidas políticamente".

La ONU y el IPPC: una verdad incómoda

La afirmación de que en el IPPC están los mejores 1.500 o 2.500 científicos – afirma el Profesor Paul Reiter, miembro del IPCC y del Instituto Pasteur de París – no es cierta, ya que si se examina la bibliografía de sus integrantes se comprueba que hay un número importante de no científicos que promulgan unas resoluciones más bien políticas que no son debatidas por los especialistas de verdad, a los cuales no les gusta entrar en polémica o simplemente no desean perder su prestigio ante una verdad incómoda y políticamente poco correcta.

Por ello, muchos de ellos aún siguen formando parte de esos 2.500 mejores científicos del mundo sin estar de acuerdo con las conclusiones a las que allí se llegan.

Los continuos cambios climáticos: la pequeña Edad de Hielo

Ante cualquier suceso catastrófico relacionado con el clima se nos recuerda que este está cambiando, pero lo que se oculta es que la situación meteorológica de la Tierra, en realidad, está en constante cambio.

Numerosos científicos, políticos e intelectuales no se atreven a plantear ninguna duda sobre el cambio climático; pero es una evidencia que, en la larga historia del hombre sobre la tierra han existido épocas en las que hacía mucho más calor o mucho más frío que hoy en día.

Se puede determinar el origen de la presente tendencia al calentamiento desde hace al menos 200 años, al final de la denominada entre los climatólogos como ‘La pequeña edad del hielo’ que se inició en el siglo XIV. Existen muchas evidencias de ello, como antiguas ilustraciones del río Támesis de Londres completamente helado, donde se celebraban mercados y la gente acudía a patinar sobre el hielo.

Climatología: ‘Óptimo climático medieval’ y el ‘Máximo del Holoceno’

Si se retrocede aún más en el tiempo nos encontramos con un periodo mucho más cálido que el actual que se denomina como ‘Óptimo climático medieval’ que abarcaría aproximadamente desde el siglo X hasta el siglo XIV. En este templado periodo alto medieval, por ejemplo, los viñedos eran comunes en toda Inglaterra.

Más lejanos en el tiempo se pueden observar periodos cálidos más prolongados como en la Edad del Bronce, el denominado como ‘Máximo del Holoceno’ donde las temperaturas fueron significativamente más altas que hoy en día durante un periodo de más de 3.000 años. Como se puede comprobar, las variaciones de temperatura en el pasado eran claramente de origen natural, pero entonces ¿por qué se piensa que es el CO2 quien lo provoca hoy en día?

Efectos del cambio climático y el aumento del CO2

El profesor de la Universidad de Jerusalén, Nir Shaviv afirma que hubo en la historia periodos con una concentración de CO2 en la atmósfera cinco veces mayor que en la actualidad y si el CO2 tuviera un gran efecto sobre el clima debería quedar reflejado en la reconstrucción de la temperatura. No hay evidencia directa alguna que relacione el calentamiento global de los dos últimos siglos con la emisión de gases de efecto invernadero de origen antrópico.

Sin embargo los defensores de la relación del CO2 con el aumento de temperatura afirman que el tiempo para el debate ha finalizado sin comenzar. Cualquier crítica, por muy científica y rigurosa que sea, es ilegítima y peligrosa. Pero, en realidad, el clima a lo largo de la historia siempre está cambiando y que no hay nada anormal en la temperatura actual ya que la evidencia científica no apoya que el clima esté dirigido por el CO2 emitido a la atmósfera.

Los gases de efecto invernadero: El CO2 y el vapor de agua

El CO2 constituye una parte muy pequeña de la atmósfera de la Tierra, solo un 0,54%. Este gas dentro de los gases de efecto invernadero es secundario, siendo el más abundante y determinante, el vapor de agua.

Ese estereotipo de llamar al CO2 un gas contaminante es falso ya que, en realidad los seres humanos estamos hechos de CO2, y solo produce un 1% de este que se emite a la atmósfera sin olvidar el resto de los seres vivos cuya cantidad tampoco es significativa.

De hecho, los volcanes producen más CO2 que todas las industrias y coches fabricados por el hombre; así como los océanos que son los que más CO2 generan y retienen ya que cuanto más caliente esté el agua, más CO2 producirá, y cuanto más fría esté mayor absorción del gas.

El aumento de temperatura en la atmósfera

En la mitad de la Troposfera es donde se produce el efecto invernadero, cuyos gases, en especial el vapor de agua, son los responsables de la absorción del calor de la radiación solar evitando que estos reboten de vuelta al espacio dejando el planeta frío e inhabitable. Es en la Troposfera, de acuerdo con los modelos climáticos, donde la tasa de calentamiento debería ser mayor si quien lo causa es el efecto invernadero.

El científico responsable durante mucho tiempo de medir la temperatura en la atmósfera de la Tierra es el profesor John Christie, el cual recibió la medalla de la NASA por su excepcional labor para aumentar nuestra capacidad para observar y medir el clima.

Este ex-miembro del IPCC de la ONU ha llegado a la conclusión que la mayor parte de la atmósfera no se está calentando tanto, como se observa en una determinada región de la superficie; lo que es un verdadero rompecabezas puesto que la teoría es bastante clara al respecto: si la superficie se calienta, la alta atmósfera debería calentarse rápidamente también.

El aumento de temperatura en esta zona de la atmósfera no es, en absoluto, dramático y realmente no se ajusta a la teoría vigente sobre el cambio climático.