Las aventuras de Catwoman continúan con el segundo número de su edición española, que supone el fin de la etapa de Judd Winick y Guillem March al frente de la serie americana. Tras un año y doce números, dejan una Catwoman más joven e inexperta de lo que estaban acostumbrados sus lectores, pero de lo más sensual y sexual que se le ha visto en toda su historia. La serie es un entretenimiento ligero que, en esta segunda entrega, vuelve a contar con la presencia de Batman y con el episodio de Catwoman correspondiente al crossover La noche de los Búhos.

Judd Winick y Guillem March dejan ‘Catwoman’

ECC Ediciones publica el segundo número de Catwoman al precio de 13,95 euros. El volumen comprende los números 7 a 12 de la colección original, editados por DC Comics entre mayo y octubre de 2012. Estos números suponen el fin de la etapa del guionista Judd Winick al frente de la serie, una de las 52 con las que arrancó el nuevo universo DC en el último tercio de 2011. Winick dejará paso a Ann Nocenti. También se acaba el trabajo del dibujante español Guillen March, que ya en este volumen va dejando su sitio a Adriana Melo.

Para poner punto final a su breve estancia en la serie, de tan solo un año, Winick vuelve en cierta medida a las premisas con los que arrancó la serie. La Catwoman que presentó en sus primeros números era una mujer joven, juguetona y atrevida. Pero si la muy explícita violencia (a lo que hubo que añadir polémicas cantidades de sexo), se convirtió en una seña de identidad de aquellos primeros seis números (publicados en el primer libro de la edición española), aquí se abandona en buena medida ese tono para dotar a la serie de una aventura de tono más ligero y mucho más descargado de sangre que en aquellos.

Crossover con ‘La noche de los Búhos’

La portada de este segundo número de ECC destaca el crossover de Catwoman con La noche de los Búhos, la saga que transcurre en los títulos de Batman. Esas 24 páginas no son vitales ni para seguir la historia de las series del Caballero Oscuro, motivo por el que están en esta colección, ni tampoco para el devenir de Catwoman en su propia serie, pero sí es el segmento más espectacular de este segundo volumen por su acción ininterrumpida. Además de suponer el primer encuentro con el Pingüino en esta nueva andadura de DC, este episodio sí recupera la violencia de la fase anterior.

Incluso incluyendo ese número, Winick opta por historias muy ligeras de contenido, aunque en el número 10 deja una pincelada sobre el pasado de Selina Kyle de alto contenido dramático que continúa, de alguna manera, lo propuesto por Frank Miller en la mítica Batman. Año uno. En todo caso, parece bastante evidente que el guionista prescinde de la tragedia que había inundado los primeros números y quiere recuperar a la Catwoman más despreocupada y desenvuelta, la que roba por sentir la adrenalina al hacerlo, la que juguetea con los hombres porque sabe que puede hacerlo y la que busca diversión por encima del riesgo.

El guión de Judd Winick

Winick deja la serie tras ofrecer un año un tanto irregular. Aunque ha dotado a Catwoman de un elenco bastante reconocible de personajes secundarios cuya incorporación más notable en esta segunda entrega es Chispa, lo cierto es que ha dejado pocas conclusiones, apenas esbozos de lo que puede ser el personajes en el futuro. Chispa es el clásico referente sentimental sobre el que recaen sospechas de falta de lealtad profesional. El resto de secundarios, por el momento, no están tan desarrollados como él, aunque el detective Carlos Álvarez promete ser pieza fundamental en los próximos números.

El dibujo de Guillem March y Adriana Melo

Para poner punto final a su trabajo en Catwoman, Guillem March se ocupa de todas las portadas de los números que se incluyen en este tomo y del dibujo completo de los números 9 y 10. Su Catwoman sigue siendo muy sensual y atlética, y los rostros tanto de la protagonista como del resto de los personajes cobran vida con su gestualidad. Adriana Melo, en cambio, busca en el resto de los números del libro una narración centrada en el espectáculo, en lo que rodea a la protagonista y más allá de la omnipresencia de Catwoman, a la que dibuja más exuberante y menos atlética que March.

Por el momento, el personaje parece más propio de March que de Melo, ya que la versión del ilustrador mallorquín se antoja más reconocible que la de la brasileña y, de alguna manera, mejor asociada al tono que le ha querido dar Winick a la serie, aunque esa identificación quizá sea producto de que March llegó primero. Ambos ilustradores, en todo caso, realizan un trabajo solvente, al que dota de continuidad el trabajo de coloreado de Tomeu Morey, que da al relato unas tonalidades poco habituales en las series de superhéroes y, por tanto, un estilo propio.

Catwoman continúa

Winick y March dejan Catwoman con más polémica concreta y espectacularidad frecuente que con una bases sólidas que se asemejen a una biblia del personaje. El camino ha sido entretenido y, sobre todo, visualmente muy atractivo, pero ahora Nocenti y Melo tienen mucho margen para ir construyendo una Catwoman diferente a la que hemos visto. La entrada del Pingüino en la serie promete marcar diferencias con respecto a unos primeros números en los que Catwoman apenas se había acercado a ningún personaje popular de Gotham que no fuera el propio Batman.