Catwoman está de vuelta… como un personaje completamente nuevo. Llega a España la nueva colección de la ladrona más conocida del Universo DC y la mujer más importante de la mitología de Batman, escrita por Judd Winick y dibujada por Guillem March. Lo hace con historias cargadas de sexualidad y violencia, que recuperan cualidades de sobra conocidas del alter ego felino de Selina Kyle, como su carácter de ladrona por diversión, y le dan de una nueva dimensión sexual explicitando lo que durante tantos años ha quedado entre líneas y mostrando a una protagonista quizá más joven de lo acostumbrado.

Una nueva Catwoman

ECC Ediciones publica el primer número de su nueva colección de Catwoman al precio de 13,95 euros. El volumen incluye los seis primeros números de la serie de DC Comics, editados entre septiembre de 2011 y febrero de 2012. Es decir, que son las primeras aventuras de Selina Kyle desde el relanzamiento del Universo DC, lo que permite a sus creadores, Judd Winick y Guillem March presentar a una nueva Catwoman. Casi todos los personajes de DC sufrieron cambios en esa transición y la popular ladrona no es una excepción.

La primera imagen de Catwoman, ya en la viñeta inicial de la página con la que se abre el cómic, deja bien claras las intenciones de Winick y March. Es un primer plano del voluptuoso pecho de la protagonista, vistiendo un sugerente y llamativo sujetador de color rojo. Esta Catwoman va a ser, por tanto, mucho más sexual que la que quedó atrás en el viejo universo DC. Si quedan dudas sobre ese aspecto, quedan despejadas de golpe con el final del primero de los seis números que engloba este primer tomo en español.

Sexo, Batman y Catwoman

Batman y Catwoman protagonizan ahí un encuentro sexual, que, se explica, no es precisamente el primero. Cuando el nuevo Universo DC vio la luz este fue uno de los asuntos más comentados. No tanto la calidad de la historia, sino el hecho en sí mismo de que se explicitara una relación sexual que durante muchos años ha vivido implícita. Como explica Sergio Robla en el artículo que se incluye en esta edición en español, a Winick “le gusta señalar hacia donde nadie está mirando”. Y sin duda choca ver a Batman y a Catwoman gozando semidesnudos pero con sus máscaras puestas.

La faceta más sexual de Catwoman encuentra un aliado perfecto en Guillem March. Su maestría a la hora de dibujar mujeres sensuales y físicamente deseables ha quedado ya fuera de toda duda a lo largo de su carrera, y Catwoman es el merecido premio a su trabajo, un auténtico bombón. En sus lápices, es una mujer de extraordinaria belleza, con un cuerpo exuberante, atlético y de sinuosas curvas. Pocas veces, por no decir ninguna, se había visto al personaje de esta manera tan explícita y cabe preguntarse si sus autores han sobrepasado los límites. Lo que está claro es que ese debate ya anima a su lectura.

La Catwoman de Guillem March

March, además, es un dibujante extraordinario. No sólo ya por su dominio de la anatomía femenina, sino por otros muchos detalles. Sus escenas de pelea son brillantes y dinámicas, captando a la perfección la violencia, no es descabellando decir que bordeando en algún momento el sadismo, que sufre y protagoniza Catwoman. Su Batman es corpulento y poderoso, aunque es difícil asimilar el rol sexual que le adjudica Winick, no por el sexo, un aspecto normal en la vida de cualquier persona, sino por el hecho de que sigue siendo un icono del mundo del cómic al que pocas veces se ha visto así.

La parte gráfica es, de hecho, el mayor aliciente para deleitarse con esta nueva Catwoman. March hace de ella todo un disfrute como ladrona enmascarada y también como mujer en apuros, como antiheroína segura de sí misma y como una joven que se siente presa de sus emociones. Y Gotham City se convierte en un mundo diferente de lo que es para Batman, a pesar de la notable presencia tanto del Caballero Oscuro como de su alter ego, Bruce Wayne, en el arranque de esta serie.

El guión de Judd Winick

Winick quiere retomar algunas de las características que Catwoman había perdido en los últimos años. Quiere que sea una ladrona por placer, y lo consigue. Quiere que tenga un reparto de secundarios propio, y lo consigue además con algún giro argumental sorprendente. Un mafioso con la cara deformada llamado Hueso y una mujer con el poder metahumano de lanzar rayos antigravedad con las manos denominada Distancia son sus primeras incorporaciones a la nueva galería de villanos. Ambos con potencial, ambos escasamente abocetados en estas historias iniciales.

Catwoman es aquí una mujer algo más joven de lo que venía siendo retratada antes del borrón y cuenta nueva del Universo DC. Quizá mintiendo como Selina Kyle, afirma tener 23 años. El tipo de contactos que tiene parecen avalar esa tesis de que se trata de una Catwoman que no lleva demasiado tiempo delinquiendo, el suficiente como para llamar la atención de Batman y de uno de los pocos policías limpios de Gotham. En esos pequeños detalles, y dentro del maremágnum de polémica que quiere introducir Winick, sí triunfa el guionista.

Catwoman polémica

Ríos de tinta corrieron al conocer algunos detalles de estas nuevas aventuras de Catwoman. Lo cierto es que el punto de entretenimiento salvaje que cabe esperar está logrado. Pero está por ver si se consolidan algunos de los planteamientos de Winick, como la vida sexual de la protagonista, su colección de personajes secundarios o ese toque en parte explícitamente sádico y en parte sensual y sexual que hay en la violencia de la historia. Porque lo que está de fuera duda es el inmenso atractivo del personaje en manos de Guillem March, con polémica y o sin ella.