Es preciso decirlo de manera clara: no se debe cometer la falacia lógica de confundir la parte con el todo. Hay miles de sacerdotes y religiosas en todo el mundo que cumplen su ministerio vocacional con esfuerzo, dedicación y honestidad. Eso no está en duda. Si alguna persona pretende que una institución debe ser destruida por el comportamiento errático de un grupo de sus integrantes, entonces, actúa con falta de probidad y justicia. Sin embargo, ese no es el tema de fondo.

Lo que motiva esta nota es una frase del especialista en temas religiosos de la BBC, Christopher Landau, quien a raíz de las últimas denuncias y escándalos que han asolado a la Iglesia Católica, se hace eco de las palabras de algunas de las víctimas quienes denuncian que la Iglesia Católica "está más preocupada por proteger su reputación que por impartir justicia". Ese es el quid del asunto. Cuando lo institucional importa más que las personas, entonces, se está ante un problema grave de apreciación y credibilidad.

Imagen versus justicia

La reputación importa, especialmente en una institución religiosa, pero cuando es a costa de la justicia y la verdad, entonces, el mensaje que se transmite es confuso y da lugar para dudar de todo el entramado de dicha institución, incluyendo sus propósitos nobles.

Durante años, la Iglesia Católica buscó minimizar los daños producidos por la conducta sexual desviada de algunos de sus clérigos, pero eligió el camino del silencio, del encubrimiento y de los informes confusos.

La intención para esta conducta puede parecer honesta: proteger a la institución de los efectos colaterales de la conducta delictiva de algunos de sus miembros, no obstante, los resultados han sido dejar en peor pie a la Iglesia y su imagen.

Es un error buscar proteger el prestigio a costa de la justicia.

El Papa Benedicto XVI ha recurrido a la cita bíblica: "Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra", para defender el honor de la iglesia, sacando dicha cita de su contexto, y en segundo lugar, usando la estrategia antigua de atacar para defender. Vieja táctica que corre el riesgo de ser explosiva. Como dice el columnista español José Jaume, la utilización de este versículo podría venírsele encima al Pontífice con otro del mismo Jesucristo que dice: "Ay de quien escandalizare a uno de estos pequeñuelos; más le valdría atarse una piedra de molino al cuello y arrojarse al mar".

La verdad, aunque duela

Siembre la verdad es mejor.

  • Cuando se encubre, se miente.
  • Cuando se dice que no se conoce, aún cuando las evidencias dicen otra cosa, se miente.
  • Cuando se culpa a un muerto que no se puede defender, como es Juan Pablo II, entonces, se sospecha de mentira.
  • Cuando se intenta aparecer como víctima, cuando se ha sido cómplice, se miente.
No se puede negar lo que ya es sabido de la larga lista de abusos en EE.UU., Irlanda, Alemania, México, Chile, Holanda, Argentina, Italia, Australia, Austria, Sudáfrica, Brasil y otros países donde las víctimas, tarde o temprano terminan hablando, aún cuando hayan sido conminados a firmar o aceptar pactos de silencio. La cronología de sucesos nefastos es suficientemente grande como para quedar impune.

El silencio otorga

Tarde o temprano el silencio resulta ser señal de complicidad.

  • Lo fue con los religiosos latinoamericanos que callaron ante los abusos de las dictaduras de turno que persiguieron a cristianos y no cristianos, simplemente por oponerse a regímenes de sangre.
  • Lo es con los religiosos que callan los abusos políticos.
  • Resulta lo mismo con los religiosos que callan ante la agresión y la violencia de género.
  • Es complicidad cuando se calla la falta de solidaridad con el pobre.
La larga lista de silencios no hace más que mostrar una mala imagen de quienes pretenden ser adalides de la verdad y la justicia.

Molesta el intento de proteger la imagen, a costa de los inocentes, lo que termina siendo indiferencia ante el dolor, simplemente por pretender "cuidar" a la institución.

Ninguna institución puede estar al margen del derecho

Así como todos somos iguales ante la ley, ninguna institución, por muy religiosa que sea, puede pretender estar al margen del derecho.

Se puede recordar con emoción a religiosos que dieron sus vidas como mártires por defender lo justo:

  • Martin Luther King, Jr. pastor bautista norteamericano.
  • Maximilian Kolbe, sacerdote católico polaco.
  • Miguel Servet, protestante español.
  • Enrique Angelelli, sacerdote católico argentino.
  • Dietrich Bonhoeffer, pastor luterano alemán.
  • Giordano Bruno, sacerdote católico italiano.
Sería impensable que alguno de ellos callara alguna injusticia por ser mejor para la iglesia.

Lo que realmente importa

Lo que arriesga la Iglesia Católica con la seguidilla de escándalos que la atormentan es que cada vez pierda más credibilidad y simplemente sus fieles la abandonen en masa ante la falta de veracidad de sus dirigentes.

La gran lección, válida para la Iglesia Católica y cualquier otra organización religiosa es que resulta necesario señalar el pecado, sin dejar de buscar la redención del pecador. Sin embargo, la redención no exime nunca de responsabilidad ante los actos cometidos, eso no es perdón, sino impunidad.

Encubrir una falta y darle una sanción moral a quien comete un delito, es una burla para las víctimas. Así lo han entendido quienes han padecido los desvíos de sacerdotes pederastas o de otros religiosos que evidentemente han perdido el rumbo de su vocación ministerial.

Como señala Rogelio Alaniz de Argentina: "lo que no se puede desconocer es que, más allá de las buenas o malas intenciones, el escándalo existe, no es un invento de la prensa y que la mejor manera de silenciar las voces críticas -y también las voces nacidas de la mala fe- es con la verdad, el arrepentimiento y las sanciones penales a los responsables".

Conclusión

Callar otorga. Atacar a quienes denuncian señalando conspiraciones, confunde. La respuesta de la jerarquía católica termina siendo humo, como señala el teólogo católico español Juan José Tamayo.

Sólo "la verdad nos hace libres" , según palabras de Jesucristo, y es lo único que ayudará al catolicismo a salir de esta crisis.