La castración química es una modalidad que se emplea hace algunos años en países como Alemania, Polonia y Dinamarca. Este método ha sido implementado por el alto grado de reincidencia que tienen los delincuentes sexuales una vez que consiguen su libertad.

Su puesta en juego implica llevar adelante acciones interdisciplinarias y de capacitación específica a profesionales del área de la salud. Así lo manifestó David Mangiafico, jefe de gabinete de la Subsecretaría de Justicia de Mendoza. Mangiafico indicó en un comunicado para la prensa local que el siguiente paso, tras establecer el decreto será la formación médica que estará a cargo del Ministerio de Salud de la provincia.

En qué consiste la castración química

El término castración resulta familiar para toda la sociedad. Sin embargo, la referimos a su utilización en el ámbito veterinario, como forma de esterilización de nuestras mascotas. Incluso es recomendado aplicar esta cirugía en gatos y perros para controlar su natalidad y reducir su abandono por falta de espacio u amor.

En cambio, la castración química en seres humanos no implica una intervención quirúrgica, sino únicamente la ingesta de ciertos medicamentos prescritos de acuerdo con el paciente. Es decir que la misma no provoca un cambio físico permanente en el cuerpo de la persona.

En este sentido, se puede pensar esta opción como el antónimo del Viagra. Estos medicamentos, por lo tanto actuarían sofocando el instinto sexual de los delincuentes por medio de la reducción de los niveles de testosterona.

Voces polémicas

Según informó el diario argentino Clarín, ya hay once condenados por delitos sexuales que han manifestado su voluntad de someterse al tratamiento con fármacos para disminuir el deseo sexual. El 80% de los voluntarios son reincidentes y tienen penas superiores a diez años.

Si bien optar por la castración química será, como hemos dicho, una medida voluntaria, cabría repensar cuán acertado es este sistema al permitir que delincuentes con condenas altas, mayores a los 10 años puedan salir en libertad, previa castración.

Por otro lado, si el delincuente no es fuertemente monitoreado, en su libertad condicional podría dejar de ingerir los medicamentos y volver a iniciar en sus aberraciones sexuales.

El detalle olvidado del decreto

Cabría preguntarle a las víctimas de violación, pedofilia y abuso qué opinan al respecto, ya que con esta decisión no sólo entraría en juego el perfil psicológico del delincuente, sino también el de aquellas víctimas que aún pasados muchos años de haber sido atropelladas en su integridad no pueden dormir en paz.

La pregunta entonces va mucho más lejos, y abarca una índole ética que merece ser repensada. Los derechos humanos de ambas partes están en pugna y un decreto arbitrario y una voluntad de castración no podrán reconciliarlos.