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A poco de asumir el nuevo gobierno, se habían evidenciado las diferencias entre el presidente, Saavedra, y su secretario. Moreno, preocupado por los sentimientos conservadores que predominaban en el interior. Entendió que la influencia de los diputados que comenzaban a llegar sería negativa para el desarrollo de la Revolución.
Saavedra, moderado y conciliador con las ex autoridades coloniales, había logrado imponerse sobre Mariano Moreno. Para desembarazarse de él lo envió misteriosamente a Europa con una misión relacionada con la compra de armamento. A poco de partir Moreno, que nunca había gozado de buena salud, se sintió enfermo y le comentó a sus acompañantes: "Algo funesto se anuncia en mi viaje (...)". Las presunciones de Moreno no eran infundadas.
Guadalupe Cuenca, la esposa de Mario Moreno
A días de la partida, Guadalupe Cuenca, mujer de Moreno, que había recibido en una encomienda anónima un abanico de luto, un velo y un par de guantes negros, comenzó a escribirle decenas de cartas a su esposo. Fiel al revolucionario y sus ideas, las cartas de Mariquita (como él la llamaba) son a la vez una historia de amor y un testimonio de los tiempos difíciles por los que atravesaría la Revolución.
Se destacan frases en cada escrito con la fuerza y esperanza de Guadalupe Cuenca de Moreno esperando el reencuentro:
- Buenos Aires, 14 de marzo de 1811: “(…) se me aumentan mis males al verme sin vos y de pensar morirme sin verte y sin tu amable compañía; todo me fastidia, todo me entristece, las bromas de Micaela me enternecen porque tengo el corazón más para llorar que para reír (…)”.
- Buenos Aires, 20 de abril de 1811: “(…) vuelvo a escribirte porque no tengo día más bien empleado que el día que paso escribiéndote y quisiera tener talento y expresiones para poderte decir cuánto siente mi corazón, ay, Moreno de mi vida, qué trabajo me cuesta el vivir sin vos, todo lo que hago me parece mal hecho (…)”.
- Buenos Aires, 1 de mayo de 1811: “(…) no te enojes de tanto borrón ni te olvides de tu Mariquita; dedícale siquiera una hora al día para acordarte de ella y para corresponder las lágrimas (…)”
- Buenos Aires, 9 de mayo de 1811: “(…) como yo no aspiro más que a estar a tu lado, servirte, cuidarte, y quererte cada día más de lo mucho que te quiero, toda mi felicidad se funda en que vivas; y yo a tu lado, y así, día y noche, te encomiendo a Dios, para que te dé muchos años de vida, y nos veamos pronto (…)”.
- Buenos Aires, 25 de mayo de 1811: "(…) no he ido a ninguna función desde que saliste… yo no he querido ir porque no tengo el corazón para eso ni puedo sufrir la presencia de los autores de nuestra separación y enemigos mortales nuestros (…)”.
- Buenos Aires, 9 de junio de 1811: “(…) pero ya te puedes hacer cargo como estará mi corazón con tu ausencia y cada día se aumenta más mi pesadumbre al ver que se cumplen cuatro meses, diez y ocho días, de tu salida, y todavía no tengo el consuelo de recibir carta tuya (…) me parece que me has olvidado (…)”.
- Buenos Aires, 21 de junio de 1811: “(…) y que no sólo no te tengo a mi lado sino que no sé si te volveré a ver, y quién sabe si mientras esta ausencia no nos moriremos alguno de los dos, pero en caso de que llegue la hora sea a mí Dios mío, y no a mi Moreno, pero Dios no lo permita que muramos sin volvernos a ver (…)”.
- Buenos Aires, 23 de junio de 1811: “(…) aunque hace ya días que te escribí vuelvo a hacerlo por no dejar de hablarte aunque sea por medio de estos cuatro renglones (…) y adiós mi querido Moreno, no te olvides de mí, recibe memorias de todas, tu mujer que te ama más que a sí misma (…)”.
- Buenos Aires, 1° de julio de 1811: “(…) te he escrito tantas cartas que si las recibes todas quizás te incomoden y te canses de leer tanta majadería, pero si me amas lo mismo que antes las leeréis con gusto y conoceréis que tu mujer es la misma (…)”.
- Buenos Aires 29 de julio de 1811: “Mi amado Moreno, dueño de mi corazón: me alegraré que estés bueno, gordo, buen mozo, y divertido, pero no con ninguna mujer, porque entonces ya no tendré yo el lugar que debo tener en tu corazón por tantos motivos (…) me parece que ya con ésta llevo escritas trece o catorce cartas (…)”.
