La novela de García Argüez se divide en cuatro partes: hambre, sueño, frío y miedo. Cuatro sustantivos aplicables biológicamente a las necesidades y sensaciones de cualquier animal. Por ejemplo, a las andanzas, correrías y aventuras de superviviente de los gatos callejeros, tan abundantes en la ciudad de Cádiz. Y paralelamente, ya ven, las cuatro palabras mágicas que acompasan y desajustan a un tiempo la vida de los cuatro personajes principales de la trama, jóvenes veinteañeros ('las chicas y los chicos no temen a la muerte mientras bailan. Ni temen al futuro ni saben del pasado') a quienes siquiera los estudios garantizan nada que suene a futuro, sino, en todo caso, a correrías, andanzas o aventuras con que buscarse algún pedazo de vida.

Radiografía de la generación actual

Podríamos hablar, al describir esta novela, de un daguerrotipo en blanco y negro, con variados matices, de la juventud gaditana: grandes dificultades, mucho paro, poco futuro ('las noches son largas y cortas'), signo y símbolo de los tiempos que corren. Y de su ciudad, Cádiz, reconocible ('esta ciudad pequeña, obscena y solitaria, con olor a puchero y desesperanza'), en su decadencia y circunstancias descorazonadoras y -puede- en alguna cercana esperanza. Podríamos citar también a Juan José Téllez, que en uno de los capítulos de su ensayo Teoría y praxis del gadita (Córdoba. Almuzara, 2008), nos dice: "La señorita del mar -así le llamó José María Pemán a Cádiz- ya es una grave solterona, encerrada en sí misma, como una marquesa venida a menos...". Podríamos incluso comentar las pinceladas costumbristas que nos retratan esta bella urbe al sur del sur (y no olvidemos la paradoja: al norte de todos los sures) a lo largo de la obra. Y haríamos bien.

Aunque, a mi entender, nos quedaríamos cortos.

Carne de gato (Paréntesis Editorial, 2010) es un retrato muy certero de una parte importante de la juventud gaditana, pero lo es de igual forma de la española, y también, sí, de la europea. Y quizás afinaríamos aun más hablando de la juventud del euro. Y esa juventud sobrevive, y es identificable, incluso en lo que las diferencia, en cualquier ciudad andaluza, española, europea, e, inevitablemente, en cualesquiera de las ciudades de la llamada zona euro.

Estructura y personajes de la novela

Cada parte de la novela se inicia con una corta y deliciosa, por su lenguaje y por su autenticidad casi tangible, aventura gatuna y da paso a la peripecia vital de uno de los personajes que, en primera persona, con voz propia y diferenciada -excepto la última, en tercera persona, debido quizá a la misma condición del personaje- nos van narrando sus particulares peleas, correrías, aventuras, andanzas y desesperanzas cotidianas.

El guaqui, enredado en peligrosos trapicheos con la droga. Ana, que intenta huir de su gran pesadilla real mediante cierto sexo virtual muy bien pagado. David, separado de su novia, en paro y agarrado a un vaso largo. Mal asunto. Muy mal asunto. ¿A quién no le suena todo esto? El autor, desde la particular perspectiva de cada personaje, hará confluir a las historias y a sus actores, que acabarán relacionándose, entremezclándose o colisionando entre ellos de forma insalvable. Al igual que todos, personajes e historias, impregnarán al lector de una sensación similar: la asfixia ante lo que les rodea.

¿Y a qué nos lleva todo esto? Primero, a la literatura. El libro te lo zampas, como un animal, acaso como un gato de azotea devorando su particular y suculento manjar. Por ello se hace recomendable una segunda lectura, más pausada, menos animal, para digerir mejor y deleitarnos en aquellos matices de que hablábamos: sabores, olores, situaciones, reflexiones.

Segundo: a la vida. Que es como es. Toda la novela destila un aroma más cercano a lo amargo que a lo dulce. Tira más a lo gris, a lo nublado, aunque el sol reluzca sobre la bahía gaditana. La gente muere, pero la vida sigue. La ciudad, todas las ciudades, siempre amanecen. No les contaré el final, no teman. Solo les pediré un abrazo.

García Argüez, el autor

Miguel Ángel García Argüez (La Línea de la Concepción, Cádiz, 1969) es un autor que trabaja tanto la poesía, la narrativa o la música como la docencia. Para saber de él no necesitan más que rastrear en internet o echar un vistazo a su blog: Cambio de agujas.

Si, por curiosidad o casualidad surrealista y gatuna, prefieren acercarse algo al movimiento 15 M, a los Indignados o a Valcárcel recuperado, no duden en preguntarle a él mismo.