Las caricias son vitales para el ser humano. Por ejemplo, la falta de ellas en un recién nacido produce retrasos de crecimiento y trastornos de estructuración que pueden tener efectos negativos, tanto física como mentalmente, en la edad adulta.

Hace tiempo, en uno de sus artículos, el escritor Álex Rovira nos recordaba la afirmación de Claude Steiner de que las caricias son imprescindibles para sobrevivir; si no se reciben, se pone en marcha un mecanismo de supervivencia instintivo que lleva a las personas a demandarlas, a menudo de manera inconsciente, a cualquier precio.

Y, así, el profesor Rodríguez Delgado, neurobiólogo español de la Universidad de Yale, dice: “Los niños criados en orfanatos demuestran que la falta de atención, de cariño y de contacto social produce graves alteraciones que afectan el crecimiento del cerebro, ya que si no hay estímulos sensoriales el crecimiento neuronal se reduce casi a la mitad, y la muerte y desaparición de neuronas que están sin conectar aumenta en gran manera”. Y, según este experto, los efectos de estas alteraciones se manifestarán, después, a lo largo de toda la vida.

La afectividad es tan importante como la alimentación

El ser humano no sólo se alimenta de comida, sino también de afectividad. Cuando una persona no tiene cubiertas las necesidades de ambas, puede llegar a enfermar a cualquier edad. De hecho, la falta de afectividad produce enfermedades como ansiedad, depresión, neurosis o psicosis.

El individuo necesita querer, pero, sobre todo, sentirse querido; esta sensación le hace sentirse bien, con alegría, crecer como persona y tener una autoestima equilibrada. Incluso, en el peor de los casos, prefiere ser tenido en cuenta, aunque sea con desprecio, que ignorado, lo que podría explicar comportamientos humanos como los de los delincuentes rebeldes y reincidentes.

Toda conducta tiene un propósito

Es necesario, muy a menudo, descubrir lo hay detrás de un determinado comportamiento, es decir, su propósito. Cualquier conducta trasmite un mensaje, es comunicación.

Por ejemplo, cuando el niño es agresivo sin motivo aparente, lo que probablemente busca es la atención de sus padres, pues se siente desatendido por ellos. El mensaje que les está trasmitiendo es que necesita que se ocupen de él, que le marquen normas y límites y, en definitiva, que lo quieran.

La falta de caricias bloquea la parte emocional

Existen personas con carencia de caricias que tienen su emocionalidad bloqueada y son incapaces de proporcionar, a su vez, esos estímulos a otros. En este sentido, una investigación de la Universidad de Stanford, dirigida por James Gross, indicó que inhibir la expresión de emociones pasa factura a nivel de salud psicológica, física y social.

Las personas que no manifiestan sus emociones positivas son más infelices, se sienten más aisladas y sufren más emociones negativas de disgusto, ansiedad, o tristeza, reduciéndose, al mismo tiempo, sus experiencias positivas.

Asimismo, la inhibición de la emocionalidad produce más estrés psicológico y un aumento en la presión sanguínea, afectando negativamente al sistema inmunológico.

El ser humano es sociable por naturaleza

Cuanto más se relacionan los seres vivos, más equilibrados estarán emocionalmente, porque necesitan referencias constantes, intercambios de afectividad y caricias.

La oxitocina es la hormona del amor. Se han realizado experimentos con perros de la pradera; estos animales son fieles por naturaleza y permanecen con la misma pareja toda la vida, pero si se les bloquean los receptores de la oxitocina buscan a un ejemplar del otro sexo para el apareamiento y después lo dejan sin más.

La oxitocina se segrega cuando se mantienen relaciones de pareja y también en los contactos afectivos. Se da, sobre todo, entre madres y bebés: en el momento del parto, el contacto piel con piel estimula la producción de oxitocina y el niño aprende ya a querer y a sentirse querido.

En las parejas, el contacto físico en forma de masajes, o haciendo el amor, estimula la secreción de oxitocina.

De los cuatro factores que son auténticos destructores de la relación de pareja, a saber, la crítica, estar a la defensiva, la incomunicación y el desprecio, este último es el más destructivo de todos, porque se ha demostrado que si alguien expresa desprecio por quien le ama, produce un gran impacto sobre el sistema inmune de este último.

Para Gotman la clave del éxito de la pareja es tener un interés profundo y constante por el otro. Y si ese interés se demuestra con cariño, admiración, ternura y caricias, entonces la relación funcionará. No hay que olvidar que hechos son amores y no buenas razones.