No hay que olvidar que la cándida es un hongo amigo que, entre otras cosas, se encarga de descomponer restos de comida que se encuentran en el intestino. No es ningún organismo monstruoso, como indican muchas webs alarmistas.

En ocasiones, este hongo amigo se desarrolla más de lo debido, dando lugar al proceso denominado candidiasis. No hay que alarmarse en absoluto, ya que la candidiasis es una de las enfermedades más frecuentes que pueden llegar a afectar al ser humano a lo largo de su vida. La cándida es un organismo que provoca infecciones oportunistas, es decir, en casos en los que el cuerpo se encuentra un poco más débil, este hongo puede aprovechar para reproducirse en mayor medida.

Causas de la candidiasis

Y ¿cuáles son estos casos? Un ejemplo claro es un tratamiento prolongado con antibióticos, por ejemplo, el que se sigue tras una operación quirúrgica o para eliminar la Helicobacter pylori (bacteria causante de muchas de las úlceras de estómago). Los antibióticos alteran la flora intestinal, es decir, las bacterias beneficiosas que cumplen muchas funciones: digestivas, de defensa contra agentes patógenos, de síntesis de algunas vitaminas… Estas bacterias amigas también contribuyen a mantener a raya a las cándidas. Los antibióticos no distinguen entre bacterias perjudiciales o beneficiosas, pues atacan a todas ellas; al perjudicar a la flora intestinal, se puede producir un crecimiento anormal de cándidas.

Otras causas habituales del crecimiento desmesurado de cándidas son el estrés muy fuerte o llevar una alimentación excesivamente rica en hidratos de carbono simples. Como ejemplos de hidratos de carbono simples cabe citar el azúcar, la bollería, los alimentos refinados, la confitería, los alimentos endulzados industrialmente…

La candidiasis vulvovaginal puede contraerse por contagio sexual, por lo que en caso de sufrir este problema hay que tomar medidas profilácticas en las relaciones.

El hecho de tener el sistema inmunitario seriamente deprimido, a causa del VIH o de un proceso cancerígeno, también puede llevar a un crecimiento desmedido de las cándidas, que será controlado por los especialistas que estén tratando la enfermedad principal.

Consecuencias de un sobrecrecimiento de las cándidas

Las manifestaciones de la candidiasis varían en función del hecho que la haya causado. Así, pueden encontrarse cándidas en la boca como consecuencia del uso de dentaduras postizas, de una mala higiene bucal o del consumo exagerado de azúcares; en ese caso, los síntomas abarcan desde heridas en las comisuras de la boca hasta manchas blancas que suelen conocerse con el nombre de muguet, o dolor en el esófago al ingerir alimentos.

Las cándidas vaginales pueden contraerse por contagio sexual, como ya se ha dicho. Parece que la comunidad médica ya descarta el hecho de que se produzca el contagio por el uso de toallas, o por bañarse en piscinas públicas.

La candidiasis puede darse en el esófago y en el intestino, pero solo en casos muy concretos, como el uso intensivo de antibióticos tras una operación. La comunidad médica no opina en absoluto que exista una “epidemia” de candidiasis intestinal o candidiasis crónica, como pretenden algunos gurús de la “medicina” alternativa. En caso de candidiasis esofágica o intestinal, un tratamiento con antifúngicos acabará con el problema.

Los peligros del autodiagnóstico

Existen miles de páginas en Internet que tratan sobre la candidiasis, en especial de la que se ha dado en llamar “candidiasis crónica”. Se pretende demostrar desde estas webs que las cándidas son la fuente de un sinfín de enfermedades: fatiga crónica, fibromialgia, alergias, depresión, ansiedad, hipotiroidismo... incluso cáncer .

Están apareciendo nuevos “profesionales” que dicen curar la candidiasis con métodos de lo más diversos. Algunos incluso imponen una dura y larguísima dieta en la que han de eliminarse totalmente alimentos tan importantes como las frutas, los lácteos y los cereales, a la par que prescriben costosísimos suplementos de vitaminas, minerales y antifúngicos “naturales”.

En muchos foros, los supuestos enfermos explican con todo lujo de detalles sus síntomas, los remedios que van encontrando a sus males, cómo se van sintiendo día a día, lo que comen y lo que no comen... incluso se permiten el hecho de informar a los médicos acerca de nuevos tratamientos, dada la supuesta ignorancia de estos. Finalmente, para estas personas la candidiasis se convierte en una obsesión que controla totalmente sus vidas... y su bolsillo.

Esta obsesión por la candidiasis no es más que una de las muchas manifestaciones de la cibercondría, término acuñado para describir la creciente afición por buscar en internet un diagnóstico para los males que se padecen, en lugar de acudir al médico. Ello lleva en algunas ocasiones a que el “paciente” se obsesione de tal forma con sus pretendidas dolencias que, en efecto, se sienta mal. No es de extrañar, dado que en su mente no existe nada más que la candidiasis y sus manifestaciones.

El sentido común es el mejor tratamiento

La mejor medicina para conseguir la no proliferación de cándidas es una dieta sana, basada en fruta fresca, verduras, legumbres, cereales y pan integrales, con un consumo moderado (que no eliminación) de carne, pescado, huevos y lácteos y, lo más importante, con restricción de dulces, alimentos refinados, conservas, alcohol y café. A ser posible, se consumirán alimentos ecológicos. Una dieta, en suma, que es la recomendable para seguir durante toda la vida, y no solo para atajar este problema.

Y lo más importante: ante los primeros síntomas, lo recomendable es acudir al médico y no, por ejemplo, comprar un libro sobre el tema y aplicar sus consejos genéricos a un caso concreto. Con unos simples análisis (de saliva, de flema, un frotis…) cubiertos por la sanidad pública se puede determinar si se padece de candidiasis. No es cierto que la candidiasis no pueda diagnosticarse clínicamente. El médico recetará el medicamento apropiado. También se puede acudir a un médico naturista, quien puede prescribir un tratamiento a base de extractos de plantas, como la equinácea, el orégano o el pau d’arco, y probióticos, de marcas reconocidas como Solaray, Solgar, Sura Vitasan o Health Aid.