La música popular pegajosa y sus ritmos contagiosos, que pocas veces nos detenemos a pensar en sus letras y en el mensaje que transmiten.

La mayoría de los cantos hablan del amor y relaciones de pareja. Sin embargo, de vez en cuando artistas que expresan otras ideas que son denigrantes, en especial para la mujer que es mayoritariamente la víctima de la violencia de parejas en todo el mundo.

Pencas de nopal

El nopal es uno de los arbustos más conocidos de México, es el equivalente a las tunas en algunos países o las cactus en otros. Una penca de nopal está llena de espinas.

Alejandro Fernández, conocido artista mexicano ha lanzado una canción que dice:

"Unas nalgadas con pencas de nopal

es lo que ocupas por falsa y traicionera".

Unas nalgadas con pencas de nopal,

una lección es la que te mereces.

Unos rasguños con espina de maguey,

hoy se me antoja jugar gato en tus cachetes".

Ante la reacción de muchas personas, especialmente mujeres, él sólo ha bromeado diciendo que sería con pencas sin espinas, incluso se ha sacado una foto posando con las famosas hojas de nopal, sonriente de saber que su canción polémica no será censurada y sólo aumentará su fama.

La canción es una invitación explícita a la violencia, en este caso por venganza.

Nada novedoso con el machismo latino

Las canciones machistas y cargadas de expresiones soeces hacia las mujeres no son nuevas. Es un asunto con historia.

Carlos Gardel cantaba "Tomo y obligo", un tango del año 1931, que en uno de sus pasajes decía "de celos me cegué y le juro, todavía no consigo convencerme cómo pude contenerme y ahí no más no la maté".

Más explícito y violento, la banda de rock de Barcelona "Loquillo y los trogloditas" en su canción "La mataré" dice: "Quiero verla bailar entre los muertos [...] Que no la encuentre jamás / o sé que la mataré" y termina la canción diciendo "por favor sólo quiero matarla / A punta de navaja".

Del tango al reggaeton

El tango promovía la discriminación de género, aunque no con la violencia propia del Reggaeton, el fenómeno musical que nació entre latinos de Los Ángeles, Miami y New York.

El tango era más sutil, con letras de marcada referencia a la superioridad masculina, pero siempre tratando a la mujer de manera paternalista y protectora, salvo excepciones.

En el rock latino y en el reggaeton, el asunto toma otro cariz, donde la violencia no sólo es explícita sino es señalada como una parte importante de la canción.

Por qué afecta

Se puede pecar de ingenuo sosteniendo que las letras no afectan y que la música, al fin y al cabo es de consumo popular, sin embargo, tal como señala Gabriela Warkentin, del diario El País, de España, en el contexto de combatir la violencia de género es preciso "prevenir conductas de riesgo y fomentar una cultura de respeto a las diferencias". Evidentemente, estas canciones no ayudan a este propósito.

Más aún, considerando que la mayoría de los consumidores de Reggaeton son jóvenes, se los estaría educando en una cosmovisión donde el sexismo, la violencia de género y el machismo, debería ser aceptado como normal y hasta deseable.

Como señala Warkentin "los contenidos que consumimos no son inocentes y en muchas ocasiones tienden a reforzar estereotipos y actitudes". En muchos sentidos, su consumo avala conductas de hecho de individuos que asumen como normal actitudes sexistas o de índole similar.

Educación en valores

La connotada periodista y escritora mexicana Lydia Cacho, defensora de los derechos humanos, especialmente de niños y mujeres, a propósito de la canción vuelve al tema de fondo, la necesidad de educar a las generaciones nuevas en valores distintos que promuevan la no discriminación y el trato digno a todos por igual, y la equidad, independientemente de raza, sexo o credo.

Ella cita al médico forense Miguel Lorente, autor del libro El rompecabezas: anatomía del maltratador, donde señala que: "La educación y el aprendizaje aparecen, a través de la socialización, como elementos clave en el mantenimiento de la desigualdad y la violencia, tanto por el efecto que tienen sobre la cultura, que, de alguna manera se anestesia ante su manifestación, para que su integración no sea dolorosa ni traumática, como por la influencia en cada uno de los hombres que deciden recurrir al instrumento de la violencia para imponer su orden y conseguir el control y el dominio de la mujer (a través del discurso romántico o de las venganzas en las relaciones de pareja)".

Eso implica, como señala Lydia Cacho que decir que "una canción es una canción" es olvidar que "es un mensaje, una postura, en este caso una reivindicación de la violencia".

El mismo Lorente escribe que “el cambio de mentalidad debe estar protagonizado por una transformación de valores, porque la cultura al fin y al cabo ha ido cambiando y la masculinidad ha respondido a un proceso de adaptación de las exigencias del momento histórico”.

Conclusión

Es verdad que existe la libertad de expresión y que debe respetarse, no obstante, es preciso formar a las generaciones actuales para que sepan discriminar entre ideas impropias y conceptos sanos. No es poca cosa cuando se piensa que son las parejas que formarán a su vez a las generaciones que vienen.

No es fácil encontrar el justo equilibrio entre la libertad para expresarse y la incitación explícita a la violencia de género. La solución no es la prohibición, como señala Warkentin, porque eso generaría otro tipo de situaciones también insanas.

Es preciso educar, y también alzar la voz con el fin de no parecer otorgando por el silencio, lugar a la discriminación y a la violencia, que en nada ayudan a la convivencia de las parejas y a la formación de generaciones social y psicológicamente sanas.